5G, y anteriormente 2G, 3G y 4G, hace referencia a una nueva generación de redes móviles: la quinta. Y como cada nueva generación, promete velocidades de descarga entre 10 y 100 veces superiores a las que tenemos ahora, pero además permitirá que haya muchos más móviles conectados a la vez evitando los problemas de congestión que ya tienen las redes actuales.
Una de las características del 5G es que tiene muy baja latencia. La latencia es el tiempo de respuesta de la red, es decir, lo que tarda en mostrarse una página web cuando haces clic en un enlace o lo que tarda en reproducirse un video después de hacer clic en “reproducir”. Las redes actuales tienen una latencia de unos 20 milisegundos que se reduce a 1 milisegundo en 5G.
Esta combinación de muchos dispositivos conectados junto con grandes velocidades de descarga y poca latencia posiblitará el desarrollo de muchas aplicaciones de las que llevamos tiempo oyendo hablar, como los vehículos autónomos, la realidad virtual o las cirugías a distancia. Mediante el control remoto de un brazo robótico, el cirujano podrá operar sin tener que estar en el quirófano.
Otra característica de las redes 5G es que se han diseñado para funcionar con dispositivos y aplicaciones que demanden mucho ancho de banda y a la vez con miles de millones de “cosas” que no necesitan de una conexión constante y requieren muy poco ancho de banda, como sensores ambientales, localizadores de mascotas, neveras o farolas (¿os acordáis del artículo sobre Internet de las cosas o IoT?) Las redes 3G/4G actuales no están pensadas para este tipo de objetos conectados por lo que, si tuvieran que usar esa conectividad, necesitarían baterías enormes, y eso es impensable. 5G está diseñada para que “las cosas” usen únicamente una fracción de la energía que se usa con 3G/4G, y con una batería tengan autonomía para años de uso. Como ya comenté en la entrada ¿Cómo han ido las previsiones tecnológicas en 2018?, posiblemente las redes 5G sean el catalizador de despliegues masivos de “cosas” conectadas a Internet (IoT).
¿Riesgo para la salud?
Para lograr mayor capacidad y velocidad, las redes 5G operan a altas frecuencias, por lo que sus longitudes de onda corta hacen que se bloqueen más fácilmente por objetos, como árboles o edificios, y tengan menor alcance. Por tanto, para conseguir una buena cobertura, las operadoras móviles deberán desplegar muchas antenas pequeñas en las zonas donde pretendan ofrecer 5G. Esto puede suscitar cierta preocupación relacionada con riesgos para la salud. De hecho la administración cantonal de Ginebra ha decidido de forma temporal frenar el despliegue de las redes 5G en su territorio, hasta que existan “estudios científicos independientes que demuestren que estas redes de telecomunicaciones no resultarán perjudiciales para la salud de las personas”.
Sin embargo, las pruebas de la infraestructura 5G llevan en marcha varios años en Japón, China, Estados Unidos, la Unión Europea y Corea del Sur, entre otros países.
Según la GSMA (asociación que reúne a las operadoras de telefonía y a las grandes compañías de telecomunicaciones), el primer lanzamiento comercial será en Corea del Sur, ya que la operadora KT Corporation ha anunciado que lanzará su primera tarifa 5G comercial en 2019. NTT Docomo y China Mobile harán lo mismo en Japón y China, pero en 2020. Y en Europa las principales operadoras han publicado un manifiesto en el que anuncian que tienen la intención de comercializar servicios 5G en, al menos una ciudad de cada país, en 2020.
La previsión de algunas de las compañías involucradas en el despliegue de las redes 5G, como Huawei, Intel o Samsung, es que el despegue definitivo del 5G se producirá durante los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, en 2020.
Respecto a los teléfonos inteligentes (smartphones), es probable que la mayor parte de las marcas lancen a lo largo de 2019 uno o dos modelos dotados de conectividad 5G, pero a partir de 2020 la mayor parte de los terminales ya la incorporará.
Está claro que debemos esperar un par de añitos, para disfrutar de las ventajas de esta nueva conectividad.

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