En este tiempo, donde se habla tanto de feminismo, donde hay una pugna sistemática por coronarse como el más feminista de todos (y todas), donde muchos, subiéndose al carro del feminismo o mejor diría a la palabra feminista e instrumentalizándola a su capricho, acaban desvirtuando lo que supone… En una época donde viste mucho poner a una mujer o a muchas en tu trabajo y en tu vida, donde muchos  partidos, instituciones, gobiernos, empresas hacen lo que haga falta por ser el centro de todos los medios y debates y coronarse como los feministas por excelencia, desde aquí reivindicamos que hay tantos tipos de feminismo como mujeres hay en el mundo y que a todas se nos podría calificar como feministas porque cada una de nosotras desde nuestro ámbito y con nuestras ideas sabemos que nuestra presencia y nuestras decisiones  son necesarias y, no solo necesarias, sino imprescindibles. Reconocer de forma clara y expresa la valía de las mujeres y la importancia de su papel, en la vida y en la sociedad, no solo un deber sino una obligación.

Cada una de nosotros tenemos el derecho a reconocernos, de una manera o de otra, como feministas e incluso a no reconocernos ni sentirnos cómodas dentro de ese término. Cada una de nosotras, en nuestro ámbito, en nuestra forma de ejercer y vivir como mujeres, en nuestras circunstancias, en nuestra vida, damos testimonio de nuestra condición de mujer…  Eso ya lleva implícito el sello de una forma de ejercer como feminista y pone de manifiesto y relieve que somos mujeres y que lo importante no es como nos califiquen, sino lo que somos.

Nada ni nadie puede restar, de una u otra manera, un ápice de importancia ni de valor a todo lo que supone que haya mujeres en el mundo.

Todas las mujeres, todas nosotras, las que trabajan en el campo, en la ciudad, las que trabajan fuera de casa, las que dedican todo su tiempo a su familia, las profesionales, las directivas, las trabajadoras de industrias y fábricas, las mujeres jóvenes, las de mediana edad, las más viejas, las españolas, las de otros países, las deportistas, las monjas…  Todas tenemos que saber lo que valemos y la importancia de nuestra aportación al mundo. Aquellas que no lo saben no es porque no valgan o no sepan reconocerlo, sino porque lamentablemente han estado, están, rodeadas de un entorno que las ha minusvalorado y de una educación que las anulado.

Tenemos que agradecer el esfuerzo de todas las mujeres que, desde hace años, siglos, pusieron de relieve la importancia del papel de las mujeres y trabajaron y lucharon, en condiciones realmente hostiles, y lo siguen haciendo en muchos lugares. Tenemos que reconocer que su lucha fue y es realmente importante. Esas mujeres también ejercieron y ejercen su libertad para luchar por las demás, por sus derechos y por el de todas nosotras y, en el ejercicio de esa libertad de elección, empezaron a ejercer, ejercen el feminismo.

Ser feminista hoy para mí, en el siglo XXI, es ser mujer con capacidad de elegir tu camino y que la elección sea respetada y apoyada por los demás y sobre todo por las otras mujeres, aunque para nada coincida con su idea. Solo dejando que las demás elijan y apoyándolas en esa elección, estaremos realmente siendo feministas.

Ser mujer tiene muchas y más variadas connotaciones que ser feminista. Ser mujer es mucho más que ser feminista. Mientras que la palabra feminista va cambiando de significado, y se va adaptando a cada situación, y cada uno le da un significado dependiendo del contexto en el que nos movamos, la palabra mujer ya lleva en si incluida todo lo que supone. Ser o no ser algo, elegir o no elegir algo no cambia el significado. Ser mujer, lo dice todo. Por eso si que creo que hay tantas feministas como prototipos de mujeres hay en el mundo.

Y a partir de aquí un hombre realmente feminista debería ser aquél que reconoce, valora y lucha, de una manera clara y efectiva, por el papel de las mujeres en el mundo. Aquellos que están dispuestos a quedarse en un segundo plano para que las mujeres desarrollen todo su potencial y lo desarrollen a su manera. Aquellos que altruistamente y sin condiciones previas, empujen y ayuden a que las mujeres sean lo que realmente quieran ser y estén donde realmente quieran estar.

No caigamos en la trampa de minusvalorar ciertos modelos de mujer que lo son por elección. Por lo que en mi opinión tenemos que luchar es porque cada una de nosotras pueda desarrollarse y elegir libremente lo que quiere que sea su vida. Por lo que debemos de preocuparnos es por dar ejemplo de cómo nuestra presencia supone realmente un cambio de las cosas. Lo que debe de preocuparnos es que realmente nos reconozcan nuestra valía. Lo que tiene que preocuparnos es que se respeten las ideas de cada una de nosotras. Lo que debe de preocuparnos es que nuestro desempeño y nuestro esfuerzo tenga una justa y adecuada recompensa.

Lo que tiene que preocuparnos y mucho es que, bajo una falsa apariencia de apoyo hacia nosotras, lo que realmente se apoye y se perpetúe sea todo lo contrario. Eso sí que tiene que preocuparnos.

¡Feliz día de la mujer a todas!