Bueno, realmente no es el Nobel, sino el Premio Abel que concede la Academia Noruega de Ciencias y Letras.

La matemática norteamericana Keskulla Uhlenbeck, nacida en 1942 y profesora de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.), ha recibido este importante galardón por “sus logros pioneros en ecuaciones diferenciales parciales geométricas, teoría de gauge y sistemas integrables, y por el impacto fundamental de su trabajo en el análisis, la geometría y la física matemática”. La Academia Noruega también ha destacado el hecho de que Keskulla Uhlenbeck es un modelo para las niñas e inspiradora de vocaciones científicas.

Pero ¡cuidado! que nadie piense que Keskulla ha recibido este premio, dotado con 600.000€, por una cuestión de cuotas o paridad. El físico Jim Al-Khalili, miembro de la Royal Society londinense, ha afirmado: “El reconocimiento de los logros de Uhlenbeck debería haber sido mucho mayor, ya que su trabajo ha llevado a algunos de los avances más importantes en matemáticas en los últimos 40 años”.

El Premio Abel fue creado en 2002 para celebrar el bicentenario del nacimiento del matemático noruego Niels Henrik Abel. Existe otro premio para distinguir a los matemáticos sobresalientes que quizá es más conocido que el  Abel.  Se trata de la Medalla Fields, que otorga la Unión Matemática Internacional. Este premio se concede cada cuatro años desde 1936 a matemáticos menores de 40 años. En 2014  se concedió por primera vez a una mujer, la iraní Maryam Mirzakhani, que falleció en 2017 y a la que le dedicamos unas líneas, nuestro pequeño homenaje.

Es curioso que no exista un Nobel de Matemáticas como tal. Alfred Nobel dejo escrito en su testamento que serían cinco las categorías a premiar: Medicina o Fisiología, Física, Química, Literatura y Paz. Tampoco estaba incluido el Nobel de Economía, que fue creado años más tarde  a instancias del Banco Central sueco en memoria de Alfred Nobel. Es  probable que el inventor de la dinamita no considerara las matemáticas como una ciencia, sino como una herramienta para desarrollar otras ciencias.  De ahí que no exista un Nobel de Matemáticas.

Pero volviendo a Keskulla Uhlenbeck, me gustaría resaltar que, además de una excelente matemática, también se ha atrevido a denunciar públicamente las dificultades que ha tenido en su trayectoria profesional por el simple hecho de ser mujer. Este feminismo activo la llevó a fundar en 1993 un programa de Mujeres y Matemáticas, con el fin de captar y formar a mujeres para liderar la investigación en matemáticas.

En un interesante artículo sobre Keskulla,  el periódico El País incluye una reflexión que aparece en su libro Viajes de mujeres en ciencia e ingeniería: no hay constantes universales (Temple University Press, 1997), que me ha encantado:   “Soy consciente de que soy un modelo para las mujeres jóvenes en el campo de las matemáticas. Y, en parte, por eso estoy aquí. Sin embargo, es difícil ser un modelo, porque lo que realmente tienes que hacer es mostrar a los estudiantes que una persona imperfecta puede triunfar. Todo el mundo sabe que si una persona es inteligente, divertida, guapa o bien vestida tendrá éxito. Pero también es posible triunfar con todas tus imperfecciones. Yo necesité mucho tiempo para darme cuenta de eso”. ¿No es precioso? Keskulla, como todas las personas “grandes”, destaca por su humanidad, humildad y sencillez.