El restaurante Angelita, que también es coctelería, lleva abierto poco más de dos años. Está situado en la calle de la Reina núm 4. Como nos explicó uno de sus propietarios, Angelita es el nombre de su madre Es un restaurante de dos hermanos, los hermanos Villalón, uno especialista en vino y el otro en cócteles, por eso la propuesta se articula en torno a esos dos conceptos de cócteles y de vino, con un eje central que es la comida.
La bodega tiene más de 500 referencias nacionales e internacionales, incluyéndose en la propuesta los vinos de pequeños productores, tal y como nos explicó el propietario.
El restaurante tiene dos plantas, una a nivel de calle, que es el comedor, y otra en la planta baja, donde se sitúa la coctelería. No es un restaurante ni excesivamente grande ni pequeño, por lo menos en lo que hace al comedor. Aunque resulta un poco ruidoso, por la configuración de ese tipo de casas y porque está constantemente entrando gente para bajar a la coctelería, resulta un sitio muy agradable para una cena de amigos.
La carta según también David Villalón, nos comentó es cocina tradicional con un cierto toque novedoso y muchos de los productos, nos dijo, que los traían de su huerta directamente al plato.
El restaurante resulta agradable, con mesas amplias y cómodas, con un estilo un poco funcional pero cálido. La planta del comedor se sitúa un poco por encima del nivel de calle, por lo que, si te sitúan en una mesa cerca de los ventanales, te resulta agradable ver pasar a la gente.
En cuanto a los platos, en general nos resultaron deliciosos. David nos aconsejó compartir para probar varios platos, y así lo hicimos. Para empezar, algunos nos tomamos un zumo de tomate, que lo llaman bloody Green que está hecho con tomate natural, con un gusto final bastante original, que nos gustó mucho.
Compartimos los entremeses Angelita que versan de embutidos, pero realmente buenos. Tomamos unos tomates corazón de buey. Me encanta el tomate, y soy selectiva con ello y realmente me parecieron deliciosos. Pedimos un par de pinchos de Ssam de oreja, que era como una especie de bloque con un sabor parecido a los torreznos, buenísimos. También compartimos un pisto con yema y unos callos, ambos platos realmente buenísimos. Yo adoro los callos, solo los tomo de vez en cuando y estaban riquísimos. También pedimos una tabla de quesos, eran quesos todos españoles, pero no los típicos quesos que tomas en cualquier sitio, y para finalizar, nos aconsejó compartir también pluma ibérica, que no es de mis platos favoritos pero que me sorprendió gratamente. Finalmente compartimos el postre selva negra también delicioso. Yo no soy nada entendida de vinos y apenas tomo, pero pedimos Casa Castillo, un vino de Jumilla que me pareció un vino muy bueno.
El trato es cercano y amable, tanto de los camareros como del dueño, que está pendiente de todas las mesas, y el sitio te resulta cálido y confortable. Al finalizar intentamos bajar a la coctelería pero eso sí que fue imposible, ya estaba llenísima.
Un sitio totalmente recomendable para una comida o cena no excesivamente formal, sobre todo con gente para compartir platos, que no os debéis perder.

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