Anna Moiséyevna Rozenshtein nació en Simferopol (Crimea, Rusia) en 1855, dentro de una culta y rica familia judía.  Su padre, comerciante, se convirtió al cristianismo ortodoxo. Vivió una infancia tranquila y feliz, dedicada al estudio.  Destacaba por su belleza e inteligencia. Como las leyes rusas impedían a la mujer ingresar en la universidad, Anna se trasladó a Suiza para estudiar filosofía en la Universidad de Zúrich. Tenía 16 años. Pero pronto tuvo que volver a Rusia, pues el gobierno prohibió estudiar en el extranjero.

Anarquista

Se casó con  Piotr Markelovic Makárevich, un joven noble afín a las ideas anarquistas de Mijaíl Bakunin.  Juntos participaron en la “Marcha al pueblo”;  se fueron a trabajar con los campesinos, para conocer y compartir sus duras condiciones de vida.  En esa época, Anna  justificaba el uso de la violencia, para liberar de lo que denominaba “opresión”.

Sus actividades de denuncia y proselitismo revolucionario hicieron que fuera detenida y procesada en Rusia.  Su esposo fue llevado a Siberia. Decide entonces regresar a Suiza.  Allí cambia su apellido por Kulishova o Kulishoff, para despistar a los agentes zaristas.

Se enamora del político socialista italiano Andrea Costa, con el que se traslada a París. Son detenidos por sus actividades ilegales.  Aunque fue defendida por el escritor Ivan Turgenev, fueron expulsados de Francia. Viajan a Italia. Meses después, Anna será acusada de conspirar con los anarquistas y es procesada en Florencia.

De nuevo tienen que volver a Suiza, pero en cuanto encuentran una oportunidad regresan clandestinamente a Italia, donde Anna es arrestada otra vez. Tenía entonces 25 años.  Tras una nueva expulsión a Suiza,  consigue reunirse con su pareja en Imola (Italia). Allí nacerá su hija Andreina. Su relación con Costa termina en 1881 y  Anna, enferma de tuberculosis, decide vivir con su hija en  Suiza.

Ginecóloga

A los 26 años se matricula en la facultad de medicina, y se centra en estudiar y en recuperarse de la enfermedad que había contraído en la cárcel.  Al terminar, se especializa y doctora en ginecología, en Turín y Padua.

Sus investigaciones para la tesis la hicieron descubrir el origen bacteriológico de la sepsis puerperal, un proceso infeccioso septicémico grave que afectaba a muchas mujeres y al recién nacido, tras un parto o un aborto. Esa infección era muy habitual en los partos hospitalarios del siglo XIX, debido a la falta de higiene. Su descubrimiento permitió salvar la vida de millones de mujeres.

En Milán empezó una relación sentimental con el joven licenciado en derecho Filippo Turati, más tarde político y periodista.

Ya había comenzado a ejercer como médico, atendiendo a mujeres de todas las clases sociales, incluyendo a las de los barrios más humildes. Era conocida como la doctora de los pobres.

Socialista

En 1889 fundó con Turati y Lazzari la Liga Socialista Milanesa.  En su casa se redactaba la revista Crítica social, el medio de comunicación del socialismo italiano que Ana dirigió desde 1891.  Su hogar, el salón de Kulishova, fue el lugar de reunión de muchos intelectuales, entre otros Luigi Majno, Ersilia Majno Bronzini y Ada Negri.

En 1898 es acusada de subversión. Tras pasar varios meses en la cárcel, fue indultada.

Elabora una ley sobre la protección del trabajo infantil y femenino, y, aunque rebajada en los objetivos que Anna propuso, fue presentada en el  Parlamento por el Partido Socialista ItalianoFue aprobada en 1902 como Ley Carcano, nº 242.

Madre y abuela

En 1904, con 22 años, Andreina, que mantenía una relación muy estrecha y cariñosa con su madre, se casó con Luigi Gavazzi, un joven perteneciente a una importante familia de emprendedores y empresarios textiles de Lombardía. El acontecimiento causó sensación entre los políticos y la prensa socialista de la época, y fue comentado durante meses en las noticias políticas y en las páginas de sociedad.

Cuando Andrea Costa se entera de la boda por la Iglesia, escribió escandalizado una dura carta a Anna.  Ella le describe a su yerno como “un joven bueno, simpático, trabajador… y tan enamorado, como he visto a pocos jóvenes. Aunque, no obstante, forma parte de la saga más oscura del conservadurismo milanés“.

También le escribió “Causa cierta melancolía tener que aceptar que nosotros no somos nuestros hijos. Mi melancolía no procede de esa pequeña anécdota del matrimonio religioso, sino de que nuestra hija no tiene ni el alma rebelde ni un temperamento combativo.  Es una niña buena, amable, inteligente, cariñosa, nacida para crear una familia y tener hijos. No es socialista ni agnóstica… Ninetta no ha salido a nosotros. (…) Cuestiono más el acto comercial del matrimonio civil, porque en el matrimonio religioso, al menos por un momento, uno tiene el sentimiento poético de la fusión de dos almas“. La hija de dos revolucionarios ateos y de una madre de origen judío era una sincera católica, que también luchó por ayudar a los demás.

De sus cinco nietos, dos serán religiosos. Uno, abad del monasterio benedictino de Subiaco y la otra, monja carmelita descalza.

Sufragista

En 1912, funda la revista La defensa de las trabajadoras, en la que colaboraron las mejores plumas del socialismo femenino italiano.  La revista también se realizaba en casa de Anna, quien era su directora. Entre otros objetivos, pretendían concienciar a las trabajadoras y campesinas de su condición y sus derechos, entre otros del derecho al voto, una de las causas que se convertirían en eje del resto de su vida, y por la que luchó junto con la sindicalista Maria Goia. ‘La mujer proletaria, escribió, es tres veces esclava: en el trabajo, en la familia y en la sociedad”.

A partir de una iniciativa suya, en 1911 se fundó el Comité Socialista por el sufragio femenino.  Un año después, se implantó la ley de Giovanni Giolitti sobre el sufragio universal masculino. Esta ley permitía votar a los analfabetos de  más de treinta años, pero seguía  excluyendo a la mujer de ese derecho.  Su lucha le pareció infructuosa. Anna empezó una etapa de  cierto desánimo, en la que al final rompió sentimentalmente con  Turati, con quien había vivido casi cuarenta años.  Las mujeres italianas no conseguirían el voto hasta 1946.

Murió en Milán en 1925.  Tenía 70 años.  En el cortejo hacia su funeral se produjeron en las calles varios conatos de violencia, provocados por jóvenes   fascistas que rasgaron algunas banderas y coronas. Un año más tarde, en 1926, la familia Gavazzi, de la que formaba parte su hija,  ayudó a Turati a huir a Francia, cuando se sintió amenazado por el creciente poder fascista. 

En honor a Anna, se constituyó  la Fundación Anna Kulishova, con una biblioteca de 35.000 volúmenes y opúsculos sobre la historia del Socialismo.

“…El mejor cerebro del socialismo italiano fue aquella dulce y fiera mujer, ante la cual no había quien se quedara indiferente, sino admirado, Mussolini incluido”Carlo Silvestri. 1947

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b9/Anna_Kuliscioff_c_1907.jpg

Más información, en su Fundación,  en wikipedia,  en Tempi, en  Mujerícolas  y en el Corriere della sera.