Desde niña una de mis mayores aficiones ha sido observar a la gente. Lo encuentro apasionante, y aunque es verdad que hay personas en las que no reparamos o que se podría decir pasan sin pena ni gloria por nuestro lado, la realidad es que de todas se aprende y que la observación abierta de los demás es uno de los mayores aprendizajes de nuestra vida y, como tal, infinito, ilimitado y enriquecedor.

Esa observación algunas veces, sin darme cuenta, de manera demasiado directa (mi marido me llama buhíto) aunque siempre la intento realizar de una manera discreta, porque sé que a nadie le gusta sentirse observado, me aporta tantos datos…, que casi podría decir que un 70% de mis conocimientos ha venido de observar y escuchar a la gente, aunque  no siempre comulgue con lo que hacen ni con lo que dicen.

Hombres

Observar con detalle a los hombres ha sido un poco más tardío,  porque en casa no he tenido hermanos varones, me he educado en un colegio de monjas donde la mayor parte eran mujeres excepto el médico, el pedagogo y el cura, y la observación inicial de los chicos en la adolescencia se centraba sobre todo en lo guapos o menos guapos que me parecía que eran y en saber si a los que me gustaban les gustaba yo. Esta última parte me ha llevado más esfuerzo, pero me ha dado una ventaja competitiva porque, al contrario de muchas de mis amigas, casi nunca me ha gustado un chico al que su observación me delatara que yo no le gustaba. Por ello, no he sufrido mucho de mal de amores.

Pero centrándome en nuestros queridos hombres, puedo prometer y prometo que, a partir del momento en el que entré en la universidad, he ido aprendiendo mucho y, sobre todo, me ha servido para darme cuenta de que al contrario de lo que otras personas piensan sí que considero que somos bastante diferentes. No sé si fue cultural y se ha convertido en genético o al revés, pero sí que creo que, en casi todo, tenemos formas diferentes de ver, enfrentar y aproximarnos a las cosas, pero también en ello está la grandeza de ambos.

Hace poco leí una interesante entrevista a una científica y profesora de física teórica en la Universidad de Yale, Pryamvada Natarajan,  una de las principales cosmólogas internacionales. Afirmaba, entre otras cosas, que la diversificación cultural en la ciencia es urgente porque la ciencia es la misma pero las preguntas que cada uno hace están influidas por su cultura.

La cultura influye, pero yo opino que también lo hace el sexo al que pertenezcas, o por lo menos, me parece que casi todo se aborda de forma diferente.

La observación masculina no puedo evitar que me lleve a comparar su manera de actuar, su forma de hablar, de organizar, de reaccionar, con la forma de actuar de las mujeres. De los hombres podemos aprender mucho, muchísimo, mucho más de sus actos y de su forma de comportarse, de mirar, de actuar, que de sus palabras. Aunque a todos nos pasa, ellos especialmente necesitan que les dejemos cambiar.

Una mujer muy inteligente me dijo que los hombres han cambiado, pero poco y lentamente. Que las que hemos cambiado mucho y rápido hemos sido las mujeres. Eso les ha descolocado bastante y ha originando que algunos sientan un cierto temor a ser sobrepasados por las mujeres. Y, aunque es evidente que cuentan con las mujeres para todo, siguen queriendo estar en primer plano, aunque se llenen la boca del ya manido tema de soy el presidente, el director, el secretario…, el hombre que más mujeres tiene en su equipo y que más mujeres ha promocionado. Pero eso sí, en casi todos los casos si  el puesto es representativo cederlo a una fémina es prácticamente imposible y si no que se lo digan a todos nuestros políticos, directores y presidentes de grandes compañías.

A continuación, una serie de cosas que tendríamos ya que haber aprendido y todavía parece que no las sabemos de nuestros queridos compañeros.

No entrar en el cuerpo a cuerpo para la reivindicación de derechos o gustos, simplemente actuar por la vía de los hechos, como si eso tuviera que ser así de forma natural, ítem más, se está haciendo así en beneficio de las féminas que ya es el colmo de la perfección. Otra cosa que he aprendido es que no haría falta dejarse las pestañas y casi la vida en demostrar que lo que te están dando lo mereces, bastaría con que una misma se lo crea, aunque no sea del todo verdad. Creyéndolo tú, los demás acaban creyéndolo. Pon a varias mujeres en tu vida te harán el trabajo más duro y no les importará tanto quedarse en un segundo plano además de que en la mayoría de ellas su fidelidad y su lealtad hará que den la cara por ti y tú puedas seguir tu camino con ellas quitándote de encima lo fastidioso. Siempre es mejor y casi vas a tener más tiempo cuanto más alto estés en la jerarquía, tendrás más personas que te hagan el trabajo, tu podrás organizarlo y organizarte como quieras y te permitirá brillar como solo tú sabes.

Además de lo anterior, he aprendido otra serie de cosas que pueden no tener, por lo menos aparente, tanto retintín como las anteriores, y que serían eficaces para nosotras las féminas. No liarse tanto y ni dar tantas vueltas a las cosas a la hora de tomar decisiones. Tomarlas y luego Dios proveerá. Aprender a separar lo personal de lo profesional y a no mezclar sentimientos. Aprender a  estar en el momento justo en el lugar adecuado. Ser más contenidas en lo que se dice, sobre todo en ciertos ámbitos y situaciones. Creer siempre que nos merecemos ese ascenso o ese incremento salarial. Asumir mayores riesgos a la hora de lanzarse a cambiar lo que no nos gusta …

Si de una cosa me he dado cuenta a través de mi observación de todos y de todas, es que cambiar  es difícil para todo el mundo. Para que alguien cambie, hay que permitirle que lo haga y acompañarle en esa transformación.  Cada persona es un mundo pero la complejidad femenina es, en mi opinión, mayor que la masculina. Lo que nos enriquece a las mujeres a veces también nos bloquea. A las que más nos interesa que se cambien ciertas cosas es a las mujeres. Para ello no tenemos que tener reticencia en ver a los hombres de forma diferente y visualizarnos nosotras allí donde queremos estar y de la manera como realmente nos queremos ver. Solo visualizándonos así, creyendo en nosotras, y observando y poniendo en práctica todo lo que cada uno nos puede enseñar, lograremos un cambio real.

El cambio se hace porque muchas veces con ese cambio desgraciadamente no se nace.