Ava fue hija del conde Ramón II de Ribagorza (?-970) y de Garsenda de Armagnac o Fézensac. En el año 960 se casó con el conde de Castilla García Fernández, apodado en las crónicas “el de las Manos Blancas”. Fue un matrimonio auspiciado por la reina Toda de Pamplona, para forjar una alianza entre el condado de Ribagorza y el I conde de Castilla, Fernán González (padre de García Fernández y, por tanto, futuro suegro de Ava). En aquellos años los lazos de parentesco entre reyes y condes facilitaban una continua colaboración política entre Castilla, Pamplona y los demás reinos cristianos.
Ribagorza, un condado de la Hispania cristiana medieval, comprendía las cuencas de los ríos Ésera e Isábena y casi toda la cuenca del Noguera Ribagorzana. Posteriormente formó el reino de Aragón, junto con los condados de Aragón y Sobrarbe. Los cronistas de la corte carolingia lo incluían en la Marca Hispánica. Geográficamente se corresponde con la actual comarca aragonesa de Ribagorza.
En el 972, Ava hace una donación al monasterio de San Pedro de Cardeña, junto a su esposo y a su hijo Sancho. Dos años después, el matrimonio otorga el fuero a la villa de Castrojeriz y en el 978 fundan el Infantado de Covarrubias, que otorgan a su hija Urraca.
Hijos
Tuvo 7 hijos. El mayor, Sancho García, fue conde de Castilla (995-1017).
Gonzalo murió joven.
Urraca fue la primera abadesa de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias.
Toda se casó con Sancho Gómez, hijo del conde Gómez Díaz.
Elvira fue reina de León, por su matrimonio con el rey Bermudo II de León.
Mayor se casó con Ramón III de Pallars Jussà, pero su marido la repudió. Con el apoyo de su hermano mayor, participó en el gobierno de Ribagorza hasta que el poder pasó a Sancho III el Mayor.
Óneca o Íñiga fue abadesa en el monasterio de San Juan de la Hoz en Cillaperlata. Posteriormente se trasladó a Oña.
Ava murió en el año 988 o, según otras fuentes, en el 995, con cerca de 50 años. Fue enterrada en el monasterio de San Pedro de Cardeña.
Lucha por el poder
La política del conde García Fernández había sido de diplomacia y paz con los estados cristianos y de unidad, hasta donde pudo, para frenar a Almanzor. Pero aproximadamente en el año 991, su primogénito, Sancho García, se rebeló contra él y se alió con el caudillo musulmán. La prisión y muerte en Córdoba del conde García fue una de las noticias que más impresionó y preocupó a sus contemporáneos.
Parece que Ava tomó partido por su hijo. Este hecho la convirtió en la protagonista de una de las leyendas épicas medievales castellanas más difundidas: La Condesa Traidora, en la que se transmite una imagen negativa de ella y de la mujer, en general.
La leyenda
Una de las versiones de la leyenda explica que Ava fue seducida por Almanzor, el cual le envió un astuto mensaje, donde, con palabras de amor, le preguntaba si no preferiría ser su esposa y reina de Córdoba a condesa. Movida por la ambicion, Ava intrigó para que su esposo fuera derrotado y muerto por las tropas del caudillo cordobés. “La guerra con los moros era entonces tan continua, que los caballeros entablaban los caballos en sus propias cámaras, y las damas mismas se encargaban de cuidarlos, con el fin de dar un respiro a los guerreros. Para engañar a su marido, la condesa mantenía su caballo muy gordo y reluciente, pero echándole salvado en vez de cebada. Y de ésta manera cuando el conde tuvo que salir de campaña, el caballo desfalleció y cayó en tierra, dando ocasión a que fuese herido y preso en Piedra Salada“. (Ramón Menéndez Pidal).
Poco después, también según la leyenda, intentó asesinar a su hijo Sancho, sucesor de su marido. Pero Sancho, con ayuda divina, fue avisado de la conspiración y no le quedó otra que dar muerte a su madre.
La versión de Espinosa de los Monteros
La leyenda que se contaba en esta zona es que, a comienzos del siglo XI, don Sancho, el hijo de Ava, vivía en la villa de San Esteban (Burgos), y Mohamed Almohadio, un rey árabe, gobernaba la villa de Gormaz. Un día el conde castellano invitó al rey árabe a una partida de caza. Mohamed conoció a la madre del conde cristiano y surgió entre ellos una atracción tan grande, que acabaron enamorándose.
Para poder vivir su amor y aumentar su poder, tramaron eliminar al hijo. Prepararon un veneno que doña Ava (o Aba) le haría beber. Una vez asesinado, la condesa avisaría a su enamorado arrojando paja al río.
Los musulmanes aprovecharían la señal, para coger por sorpresa a los cristianos y, además de llevarse a doña Ava, de paso conquistarían la villa de San Esteban y el resto del condado.
Sin embargo, una camarera de la condesa se enteró del plan y se lo contó a su esposo, Sancho Espinosa Peláez, que era escudero del conde. Y este avisó a su señor.
Don Sancho, informado ya de la conspiración, no se sorprendió cuando, al llegar cansado de una cacería, su madre le entregó un vaso para calmar su sed. El conde lo rechazó y le pidió a ella que lo probara primero. La condesa obviamente se negó. Entonces él, para probarla, la amenazó con que si no lo hacía la traspasaría con su espada. Doña Ava no tuvo más remedio que beber y murió en el acto.
Don Sancho mandó arrojar al río una gran cantidad de paja, tal y como habían planeado los amantes. Al verlo, Mohamed supuso que el conde había muerto y se dispuso a atacar a los cristianos. Pero antes de llegar a la villa, ya le esperaba don Sancho con sus tropas. Repelieron el ataque y los derrotaron.
En agradecimiento a la lealtad de su escudero, que le había salvado la vida y el condado, el conde creó el titulo de Montero de Cámara y formó el cuerpo de Monteros de Espinosa, porque el hecho sucedió en un monte y de Espinosa, por ser naturales de esa villa.
Romance de la Condesa Traidora
Por los palacios del rey
–iba una dama corriendo;
iba descalza y desnuda,
— desmelenado el cabello,
en busca del rey don Sancho
— del rey don Sancho, el nuevo.
-¡Cómo duermes, ay, don Sancho,
— cómo te entregas al sueño,
la traidora de tu madre
— procura hacerte el entierro!
En la semana no hizo
— sino un vaso de veneno;
no lo bebas, ay, don Sancho,
— sin que ella beba primero.-
-¿Cómo te va, hijo mío,
— hijo mío y mi consuelo?
Aquí te traigo, hijo mío,
— este vaso de gran precio,
aquí te traigo, hijo mío,
— un vaso de vino bueno.
Toma, bebe de este vino,
— que te lo traigo compuesto,
que por hacer la bebida
— tres días van que no duermo.
-Yo os agradezco, mi madre,
— los vuestros desasosiegos,
mas no beberé, mi madre,
— sin que lo probéis primero.
-El día que murió tu padre
— hice yo un juramento:
donde estuvieran los hombres,
— de no beber yo primero.
-Bebedlo, madre, bebedlo,
— que, si no, os mato luego.-
No lo tocó a los labios,
— muerta se cayó al suelo.
La ha enterrado como a madre;
— sobre la tumba alzó un templo.
Mandó cartas por España
— de esta manera diciendo:
“Donde quiera que hay mujeres,
— hombres no beban primero”.
El romance asociaba la fundación del monasterio de Oña por el conde don Sancho a la expiación por su parricidio. En ese monasterio están enterrados el propio Sancho García “el de los Buenos Fueros”, por los privilegios que concedió a diversas poblaciones de Castilla, y su esposa Urraca Gómez, padres del conde García Sánchez de Castilla y de Muniadona de Castilla, reina consorte de Pamplona.
El romance explica también la costumbre castellana de que las mujeres beban primero, por aquella advertencia que salvó al conde de la traición y la muerte.

Historia
Se ha debatido mucho sobre la participación histórica de Ava en la rebelión de su hijo contra su padre García Fernández. Por ahora no existe ninguna prueba documental que lo corrobore, aunque algunos historiadores no descartan que pudiera haber instigado la rebelión.
Más información, en el blog Dentro del Misterio, en el blog Condado de Castilla y aquí.


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