Hace unos días, en la entrada Diario de una cuarentena, afirmaba que me resultaba muy difícil ver el lado bueno de esto que nos está pasando. Pero como no hay que dejarse llevar por el desánimo, me propuse hacer justamente eso: tratar de ver lo positivo de este confinamiento. Vamos allá.
Una de las cosas que más valoro de esta situación es la cantidad y la calidad del tiempo que estamos pasando en familia. Por su edad y condición, mis hijas son tan callejeras como sus padres, en situaciones normales estamos poco tiempo todos juntos; durante la semana casi ninguno come en casa y la cena ya ha dejado de ser punto de encuentro. De los fines de semana para qué vamos a hablar; nuestros horarios son casi complementarios… Este confinamiento nos ha obligado a convivir mucho más: nos vemos por las mañanas, comemos juntos, incluso algunos días también cenamos juntos pero sobre todo, por la noche solemos coincidir los cuatro en el salón viendo algún programa, serie o película y hablamos, comentamos y por supuesto discutimos. Respecto al tiempo que se pasa con los hijos, siempre he pensado que la calidad es más importante que la cantidad pero también creo que para que haya calidad, tiene que haber cantidad.
Otro aspecto positivo del confinamiento es que he retomado el contacto con personas a las que quiero pero que, por unas cosas u otras, nos habíamos distanciado. Los estragos que está causando esta pandemia, nos hace preocuparnos por todos los seres queridos y queremos asegurarnos que están bien. Ese primer contacto, que se hace con un cierto temor, consistente en un “Hola, ¿estáis bien?”, se transforma enseguida en una conversación fluida, como si no hubiera pasado tiempo desde la última vez que hablamos.
Como le pasa a la mayoría de la gente en esta situación, una de las actividades que ha ganado en tiempo y en interés es la cocina. Si antes le dedicaba tiempo, ahora aún mimo más la comida. Lo he heredado de mi madre, excelente cocinera, que siempre dice que la cocina requiere tiempo. De ahí que no entienda que en Master Chef pongan un tiempo límite para la ejecución de los platos. Me encanta que la hora de la comida sea verdaderamente un tiempo de disfrute así que, no solo yo sino toda la familia, hacemos a menudo platos que antes reservábamos para días especiales. A mí personalmente no me ha dado por la repostería pero mis hijas ya han hecho varios brownies y alguna tarta de chocolate.
Otra de las ventajas de esta situación es que hemos decidido no poner el despertador. Aunque todos seguimos con nuestros trabajos y estudios, nos permitimos ese pequeño placer. No quiere decir que nos levantemos tarde, ni mucho menos, pero en lugar de levantarnos a las 7:00, nos levantamos a las 8:30 o 9:00. También es cierto que hemos desplazado un poco el horario y en lugar de irnos a dormir a las 11:00 o las 12:00, muchos días nos dan la 1:00 o las 2:00 enganchados a alguna película.
Precisamente otra de las cosas con las que estoy disfrutando estos días es con las series. En mi vida pasada (que espero retomar lo antes posible), prácticamente no veía series. Prefería hacer otras cosas. Pero tengo de reconocer que tienen su punto. El sábado pasado mi marido y yo nos vimos la serie Unorthodox, que aprovecho para recomendar, del tirón. Los fines de semana nos pegamos verdaderos maratones de series que nos recomiendan nuestros amigos, que a su vez nosotros recomendamos. En una próxima entrada, hablaré sobre esto.
Otra de las actividades a la que estamos dedicando más tiempo de lo normal es a jugar al mus. Son las ventajas de ser cuatro; a todos nos encanta el mus y además nadie queda excluido. Aunque no soy una jugadora experta, estos días me estoy soltando y ganando confianza. De momento solo nos jugamos el orgullo pero creo que está llegando el momento de empezar a jugarnos algo más interesante.
Y por último, estos días también estamos aprovechando para ordenar armarios y cajones que llevaban tiempo esperando a que lo hiciéramos. Encontramos cosas que llevaban tiempo olvidadas y nos deshacemos de otras a las que ya no encontramos utilidad. Cuando tienes tiempo y no tienes otra cosa que hacer, es una actividad que puede resultar hasta divertida. Al menos a mí, me encanta liberar espacio y que todo se vea despejado, sin agobios, que vayas a coger una cosa y no tengas que rebuscar entre otras mil para encontrarla. Aún no he empezado, pero teniendo en cuenta lo que nos queda de confinamiento, la semana que viene empezaré a guardar la ropa de invierno y es muy posible que este año me deshaga más que nunca de ropa cuya única función es ocupar espacio en el armario.
No sé vosotros pero yo estos días primo la comodidad por encima de todo, así que me paso el día con ropa deportiva, mallas y camisetas que guardo en una zona del armario separada de la zona donde guardo la ropa con la que habitualmente salgo a la calle. Pues bien, ayer me di cuenta que llevaba casi un mes sin abrir las puertas de esa parte del armario… y como estoy buscando el lado positivo de las cosas, la ventaja es que prácticamente no hace falta planchar nada pero… ¡qué ganas de volver a arreglarnos para salir a dar una vuelta o a tomar una cerveza o a cenar o al cine o a donde sea!

Deja un comentario