Hace unos días estuve en la presentación del libro El cerebro del futuro de Facundo Manes en el Espacio Fundación Telefónica. El tema me resultaba muy interesante.

La presentación me gustó; Facundo es un famoso neurocientífico y divulgador argentino muy ameno. Sin embargo, habló mucho sobre el cerebro del presente: cómo funcionamos, qué hacer para sentirnos bien, para ser más eficientes, la importancia de desconectar,… pero al tema que yo suponía objeto de la conferencia, el cerebro del futuro, apenas le dedicó unos minutos; introdujo lo que son las interfaces cerebro-computadora y poco más. Para remediar esa pequeña frustración, le dediqué un tiempo a profundizar un poco más en el tema.

El propio Facundo Manes afirma en su libro que el cerebro del futuro no será distinto al que tenemos, pero habrá interfaces que conectarán cerebro y ordenador, esto ya es una realidad hoy en día, e incluso implantes cerebrales que mejorarán la memoria o, quién sabe, permitirán la comunicación telepática entre personas implantadas.

Interfaz cerebro-ordenador

La interfaz cerebro-ordenador, BCI (Brain Computer Interface), es un sistema de comunicación que monitoriza la actividad cerebral, reconoce determinados patrones y los traduce, por ejemplo, en comandos de control. Existen diferentes métodos para registrar la actividad cerebral pero el más empleado en sistemas BCI es el electroencefalograma (EEG) ya que se trata de una técnica sencilla, portátil, no invasiva y de bajo coste. Aunque también hay casos en los que se implantan chips bajo el cráneo para recoger esta actividad.

¿Cómo funciona la BCI?

Imaginemos una BCI que está pensada  para mover un brazo robótico. En tal caso será necesario registrar la actividad cerebral de una persona cuando mueve su brazo. Este registro se debe hacer muchas veces y con muchas personas para crear un patrón de la actividad cerebral cuando se mueve un brazo (¿recordáis la entrada sobre Inteligencia Artificial?). De esta manera cuando una persona con la BCI imagine que su brazo se mueve, el sistema reconocerá de qué actividad se trata y enviará un comando para que el brazo robótico se mueva también. Este funcionamiento también se aplica ya en el uso de sillas de ruedas, en donde la persona solo tiene que imaginarse en movimiento para accionar la silla. En general, los sistemas BCI pueden resultar muy útiles para personas tetrapléjicas pues les permitirían recuperar cierta independencia. Es el caso de un tetrapléjico estadounidense que ha recuperado la movilidad de un brazo y una mano después de ocho años. (Más  información aquí).

Pero lo que nos depara la neurotecnología va mucho más allá. Es curioso que dos de los empresarios más famosos de Silicon Valley hayan creado dos start-ups de neurotecnología.

Por un lado Elon Musk, famoso por ser cofundador de PayPal, Tesla Motors, SpaceX, Hyperloop, SolarCity, The Boring Company y OpenAI, registró Neuralink en julio de 2016 como una compañía de “investigación médica”. A Musk le preocupa que el desarrollo de la inteligencia artificial acabe dejando atrás a los seres humanos. Por eso quiere añadir una “capa” de inteligencia artificial a nuestra propia inteligencia. A corto plazo, pretende crear implantes que puedan usarse para tratar enfermedades como la epilepsia o la depresión. Pero su objetivo final es desarrollar una red neuronal que pueda implantarse en nuestro cerebro y que nos permita funcionar “mejor” gracias a la inteligencia artificial.

Por otro lado Bryan Johnson, fundador de Braintree, una compañía de pagos por internet adquirida por Paypal, ha creado la start-up Kernel con el objetivo de construir dispositivos para el tratamiento de enfermedades neurológicas como el ictus y el Alzheimer. Los ingenieros de Kernel están trabajando para fabricar “chips” que se inserten en el cerebro y  permitan leer y escribir código neural. Inicialmente se utilizarán en personas con enfermedades o deficiencias para restaurar la función normal del cerebro pero en el futuro, Johnson espera que la tecnología progrese de manera que incluso los seres humanos sanos puedan implantarse chips en sus cerebros para llegar a ser “sobrehumanos”.

Por eso Facundo Manes en una entrevista concedida a El Mundo cuenta que “puede haber un cirujano en el futuro que esté operando y tenga que hacer una técnica u otra, y tenga un chip en el cerebro conectado a una computadora con inteligencia artificial, y en unos segundos la computadora le proveerá de un análisis de varios estudios científicos. Después el cirujano tendrá que decidir qué técnica usa, no la computadora, pero esa interfaz cerebro-máquina quizá marque que la evolución humana no sea como hasta ahora evolutivamente”.

Más información aquí  y en myvector.thinknowa.