Conozco a varias parejas cercanas que fueron novios en la juventud y que, por diferentes circunstancias y razones, cada uno siguió después su camino. Y al cabo de muchos años, muchas veces después de haber tenido una vida en común con otra persona, se han reencontrado y ahora están de nuevo juntos, viviendo una segunda fase de ese amor plenamente felices.

 

Esta y otras muchas anécdotas que suceden en la vida, en los trabajos, en la política… me ha llevado a ratificarme en algo que ya intuía y es que las cosas y, sobre todo las relaciones de pareja,  para que fructifiquen deben producirse en el momento adecuado.

 

Aunque hay ejemplos que nos permitirían pensar que el destino ha actuado con toda su fuerza, yo lo veo de otra manera. En mi opinión, las cosas y más las relaciones hay que trabajárselas y sin bajar la guardia. Y si algo no puede ser en un determinado momento, hay que esperar unas circunstancias más favorables, y poner todo el esfuerzo y tesón de que seas capaz, para crear el entorno, en un futuro más o menos cercano o lejano, para que eso eclosione. Estoy convencida que somos nosotros los que hacemos que los hados se junten y colaboren,  para que la situación se vuelva a producir en una coyuntura más favorable. Ejemplos tenemos a cientos.

 

A nivel laboral pasa lo mismo. Muchas veces te hacen una oferta laboral estupenda, pero tú no estás en el momento adecuado, bien porque estás bien donde estás, porque no te interesa o no puedes hacer en ese momento el esfuerzo que implica  o porque tus circunstancias te impiden en ese momento embarcarte en la aventura. Si esa misma oferta te la hubieran hecho antes o después, probablemente te habrías enrolado en ella con los ojos cerrados y llena de entusiamo.

 

Es un error esperar a que algo te caiga del cielo. A casi nadie la vida nos lleva de la mano. Con esto no estoy diciendo ni mucho menos que haya que forzarlo, pero sí hay que crear el entorno adecuado, en el momento adecuado, con la actitud adecuada…  e intentarlo. “Querer es poder” o, como dicen los ingleses, “When there´s a will there´s a way”. Ahora sí, que saber cuándo es el momento adecuado requiere una cierta dosis de estrategia, mucha intuición y un poco de suerte.