Hoy es viernes.  Llevo dos semanas encerrada y diría que casi me voy acostumbrando a este confinamiento. Todos en casa hemos adquirido ciertas rutinas y casi funcionamos a velocidad de crucero. Nos levantamos, desayunamos y nos ponemos cada uno a trabajar, leer o hacer ejercicio en nuestra habitación o donde podamos estar solos, a nuestro aire. Mi hija mayor y yo solemos hacer la comida, no juntas; unos días ella y otros días yo. Sobre las 15:00 nos juntamos para comer. Después vemos las noticias (ventajas de las nuevas plataformas de televisión a la carta) y cada uno vuelve a sus quehaceres hasta las 19:58 que volvemos a encontrarnos en el balcón.  A partir de esa hora, ya socializamos un poco más y nos juntamos en la cocina o en el salón y charlamos y comemos algo. Normalmente acabamos el día viendo una película o una serie todos juntos en el salón.

Es curioso porque, aunque todos los días deberían ser iguales, se nota que es viernes. Todos hemos quedado para tomarnos una cerveza con nuestros amigos después del aplauso. Hay muchas opciones para hacer videoconferencias en grupo con el móvil y, aunque no es la situación ideal, al menos podemos vernos y tomarnos una cerveza juntos. Estas reuniones virtuales han  llegado a tal grado de sofisticación que incluso se organizan concursos de disfraces. Doy fe; mi hija pequeña lo ha hecho con sus amigos.

Hoy, sábado, tengo que contar lo que pasó en nuestro aplauso colectivo de ayer. Como ya os dije, se notaba que era viernes, así que mi hija pequeña sacó un altavoz al balcón y puso el himno del confinamiento: Resistiré. Fue una pasada, los vecinos de la casa de enfrente (a nuestros vecinos de casa casi no les vemos) se pusieron todos a bailar levantando los brazos y cantando… ¡qué subidón! Hemos quedado para vernos hoy.

Ya es miércoles de la tercera semana de confinamiento. Estos días están siendo muy duros por los tremendos números de fallecidos causados por el maldito virus… Todos, especialmente en Madrid, tenemos algún familiar o amigo que no ha podido superar la enfermedad. Y lo más dramático de la situación es que los familiares reciben la noticia en sus casas, en las que en muchos casos están solos y aislados. ¡Cuánto dolor está causando este virus cabrón!

Llevo días sin poder leer un libro, sólo leo noticias relacionadas con la pandemia. Por la noche me voy a la cama y en lugar de coger mi libro electrónico, me llevo el iPad y me pongo a leer periódicos. Enlazo una notica con otra y me dan las dos o tres de la mañana leyendo angustiada. Está claro que es una práctica pésima pero no soy capaz de concentrarme en mi libro…

Sigo con un miedo tremendo a salir a la calle aunque ya he perfeccionado la limpieza de los productos de la compra que trae mi hija. Ahora pongo agua caliente con un chorro de lejía en el fregadero y con una bayeta voy limpiando cada cosa, incluida la fruta y la verdura. Cuando termino la limpieza, les doy un buen aclarado con agua. Espero que las verduras no absorban la lejía, o que la proporción que se absorbe no sea perjudicial, porque no tengo lejía alimentaria…Si lo que he comprado viene envuelto en plástico, se lo quito y guardo los productos sin él. Durante el proceso me lavo constantemente las manos en la solución de agua y lejía. Por supuesto que todo el proceso lo hago con guantes para tratar de cuidar un poco la piel de mis manos, que ya está bastante ajada después de tanto lavado con jabón e hidrogel.

Hoy es el tercer sábado de mi confinamiento. Aunque la mañana de los sábados está dedicada a la limpieza a fondo de la casa, aprovecho un rato de descanso para contar la noche de ayer, que fue muy especial. Como todos los días a las 19:58, salimos al balcón a aplaudir, y al igual que hicieron el viernes pasado, mis hijas pusieron la canción Resistiré con un altavoz. Pero esta vez, nuestro vecino del balcón de al lado, sacó un altavoz más grande y otros dos vecinos de la casa de enfrente también sacaron altavoces a sus balcones. Con semejante despliegue, “Resistiré” sonó en estéreo amplificado además por las voces de todos los vecinos. Fue realmente emocionante. Cuando terminó, uno de los vecinos gritó que era el cumpleaños de su hermana, que estaba a su lado, así que todos los que tenían altavoces se pusieron de acuerdo y todos le cantamos “Cumpleaños feliz” acompañados del grupo “Parchís” a todo volumen. Ya animados, siguieron poniendo canciones y cantando hasta las 23:00. Los vecinos que no cantaban estaban en sus balcones aplaudiendo y disfrutando de una sesión de DJ de lo más divertida. A las 23:00, para deleite de todos los que estaban en los balcones, apareció un coche de la policía. Inmediatamente pararon la música y todos empezaron a aplaudirles y corearles como locos. Entonces uno de los policías pidió silencio y con tono de resignación rogó a la concurrencia que dejara de hacer ruido pues un vecino se había quejado del alboroto. Todos se dieron las buenas noches y se metieron en sus casas. En fin, quizá era alguien, con un oído muy fino, que tenía que madrugar hoy…

Hoy es lunes, han pasado más de tres semanas de confinamiento y las noticias son esperanzadoras. No tanto por las cifras, que aunque están bajando siguen siendo trágicas, sino por lo que nos cuentan nuestros amigos médicos sobre el descenso de la presión en los hospitales. Quizá por esta razón me he animado a salir yo a hacer la compra. Eso sí, he salido con guantes y con mascarilla, bastante aparatosa por cierto. Tan aparatosa debe ser que a la entrada del supermercado el vigilante de seguridad ha sospechado que o estoy contagiada o soy grupo de riesgo, y me ha aconsejado con bastante determinación que no usara el carrito de la tienda para ir almacenando los productos sino que usara el que yo llevaba…y ha sido bastante incomodo pero… que todos los males sean así. La verdad es que me he sentido rara después de tantos días sin pisar la calle y he de reconocer que tampoco he disfrutado especialmente de la experiencia. La mascarilla no me resulta nada cómoda así que estaba deseando llegar a casa para quitármela.

Hoy es viernes, Viernes Santo en concreto. Estamos viviendo la Semana Santa más rara de nuestra vida. Les contaba a mis hijas que me recuerda a mi niñez, cuando un día como hoy cerraban todo: tiendas, bares, restaurantes, cines,…  Sólo podías estar en casa viendo Ben-Hur o Los 10 mandamientos en la tele o jugando a las cartas. La diferencia es que ahora serán así todos los días de la Semana Santa… pero a cambio tenemos Internet ¡bendito Internet! Lo que más echo de menos es no haber podido salir de Madrid; la escapada necesaria para recargar las pilas hasta el verano. Pero no pasa nada, parece que el confinamiento está funcionando y eso es lo que importa. Hay que conseguir que dejen de morir personas por esta maldita enfermedad.

Ya es Domingo de Resurrección por la tarde y la Semana Santa casi ha terminado. A pesar de todo, no ha estado tan mal. Lo más importante es que nuestras familias y amigos siguen bien. Además, nos hemos reunido virtualmente con la familia, nos hemos tomado alguna copa con amigos, hemos cocinado platos un poco especiales y, como alternativa a las películas y series, hemos estado viendo vídeos familiares de cuando mis hijas eran pequeñas. Ha sido una idea estupenda; nos hemos reído muchísimo aunque también se me ha escapado alguna lagrimilla volviendo a ver a seres muy queridos que ya no están.

Hoy se cumple un mes del confinamiento colectivo. Aunque ya estamos más que acostumbrados, observo que empezamos a estar  cansados y empieza a cundir el desánimo. Quizá sea yo, pero me parece que los aplausos de las 19:58 han perdido un poco de fuerza y ya no sale todo el mundo a los balcones. Pero hay una cosa que aún me parece más terrible y es que ya no se nos ponen los pelos de punta cuando nos dicen el número diario de muertes, que sigue estando por encima de 500 personas. La pandemia continúa descontrolada, por mucho que nos digan que está bajo control, pues aún no hay tratamiento ni vacuna, pero todos estamos deseando saber cuándo empezará y en qué consistirá la ansiada desescalada del confinamiento. ¿Qué pasará entonces con nuestros mayores? ¿Se les tendrá en cuenta en la desescalada o simplemente se les pedirá que sigan confinados? El coronavirus está siendo implacable con ellos, pero no olvidemos que la soledad, el olvido… también puede ser letal.