Hoy es martes de nuestra sexta semana de confinamiento. Llevo días sin escribir este diario y es que ya me cansa casi todo. Aunque me he acostumbrado a estar todo el día en casa, empiezo a cansarme de todas las actividades que antes me ocupaban el tiempo. Ya no leo tantos periódicos, ni ordeno armarios, ni veo tantas series y estoy hasta las narices de cocinar. Ahora lo que más me entretiene es charlar con mis amigos, hacer ejercicio, trabajar y sobre todo imaginar nuestra vida después de esta pesadilla. De hecho una de mis actividades favoritas es buscar casas en Internet. No soy nada original, hoy decían en el periódico que mucha gente está buscando casas en Internet, eso sí, con balcón, terraza o, aún mejor, con jardín.
Noventa y seis años
Pero bueno, hoy ha sido un día especial; una tía muy querida cumplía 96 años, así que me he decidido a ir a su casa a llevarle una tarta de cumpleaños para que pudiera apagar las velas. La verdad es que no he tenido ningún problema en llegar y eso que iba preparada con una foto de su DNI en el móvil por si me paraba la policía. Aunque me he dado un paseo un poco más largo del que me doy para ir a hacer la compra en Mercadona, no lo he disfrutado nada; el día estaba gris, no había gente en la calle, llevaba la dichosa mascarilla que me agobia bastante,… parecía que estaba en otro sitio, eso no era Madrid. Cuando he llegado a casa de mi tía, he seguido manteniendo las escrupulosas medidas de higiene y distanciamiento que me había propuesto, así que he dejado los zapatos fuera de la casa y he ido directa a lavarme las manos. Después la he felicitado, con la mascarilla puesta, desde el otro lado de la habitación. Nada de besos ni abrazos ¡Qué triste! ¡Qué aséptico! Aun así, se ha puesto muy contenta con mi visita y ha aprovechado para darme papeles para que le revisara, para que le pusiera el reloj en hora, para que le borrara los mensajes del móvil,… en fin, para que le hiciera todas aquellas cosas que le hacía hace mucho, muchísimo tiempo, cuando vivíamos en esa “normalidad” que parece que no vamos a recuperar tan fácilmente.
367 personas
Hoy es viernes por la tarde. Estos días se me han pasado muy rápido, demasiado rápido. Tengo la sensación de que los días últimamente van más deprisa. Es curioso porque debería ser lo contrario ¿no? ¿Es posible que si los días son parecidos se nos pasen más rápido? Yo creo que sí. Una de las cosas que más me gusta de viajar es que justamente ocurre lo contrario a lo que estamos viviendo: todos los días son muy diferentes; ves cosas nuevas, haces cosas distintas, incluso comes otros platos, y todo ello hace que los días parezcan más largos. Pero volviendo a la triste realidad, la gran noticia del día es que hoy “solo” han muerto 367 personas. Todos estamos muy contentos porque parece que hemos dejado los “cuatrocientos” atrás (¡tremendo!) y porque el domingo van a dejar salir a los niños a dar un paseo de una hora. La ansiada “desescalada” ha comenzado.
Cumpleaños
Escribo estas líneas el sábado por la mañana para contar que los aplausos de las 20:00 de ayer viernes fueron muy graciosos. En el edificio de enfrente una chica cumplía 19 años así que su madre lleno el balcón de globos de colores. Mis hijas que lo vieron, prepararon una pancarta con una felicitación así que en cuanto terminaron los aplausos, empezó la fiesta. Toda la calle cantó “a capella” “Cumpleaños feliz” y cuando digo toda la calle no estoy exagerando nada. El resto os podéis imaginar… hasta las 12 de la noche.
Ganaderos castellanos y niños
Ya es domingo por la noche. Hoy ha habido dos novedades. A nivel personal/familiar y para paliar el problema que tienen los ganaderos castellanos con el exceso de animales a los que no dan salida, hemos comprado un cordero lechal por Internet. No sé muy bien si todo el mundo ha pensado lo mismo que yo o es que he comprado en la web más popular, pero no me lo sirven hasta el 7 de mayo. Ya os contaré qué tal la experiencia. La otra novedad es que los niños con sus padres han podido salir a dar un paseo. Cuando he ido a comprar el pan me ha parecido que todos iban cumpliendo las normas de maravilla, es más, me ha llamado la atención que casi todos los niños, incluso los más pequeños, iban con sus mascarillas. Sin embargo mi tía me ha contado que en la plaza de Felipe II no fue así; hubo hasta partidos de fútbol con abrazos de celebración de los goles. La polémica en las redes sociales está servida. A muchos de los que están en casa, les preocupa que este tipo de actitudes supongan un retroceso, nuevos contagios, y por tanto, un retraso en el día de su propia salida. Lo entiendo.
Descenso de contagiados
Hoy es martes de la séptima semana de confinamiento. Parece que próximo día 2 de mayo todos podremos salir a la calle a dar un paseo en familia o a hacer deporte. Pero lo mejor de todo es que hay un importante descenso del número de nuevos contagios. No voy a entrar en polémicas de si se están contando o dejando de contar contagiados, lo que sí está claro es que para ver la evolución de una variable tienes que comparar valores de esa misma variable. Así que, si hasta hace unos días se han considerado solo los nuevos contagios confirmados con una PCR, se debe seguir comparando con eso: nuevos casos confirmados con una PCR. Contar todos los casos por supuesto que es muy importante, cuanta más información mucho mejor, pero para saber cómo están evolucionando las cosas desde el principio hay que comparar con lo que se medía al principio.
Quizá sea porque empezamos a ver la luz al final del túnel, con la consiguiente reducción del nivel de ansiedad, que he vuelto a retomar la lectura. Ya llevo dos noches leyendo un libro en mi ebook en lugar de leer noticias, estudios, entrevistas,… relacionadas con el coronavirus. Como era de esperar, duermo muchísimo mejor.
Desescalada
Ayer el gobierno comunicó cómo será la ya famosa “desescalada”. Evidentemente no voy a contarla aquí porque todos la conocemos. Si todo va bien parece que a finales de junio llegaremos a la “nueva normalidad”. ¿Y qué es esa “nueva normalidad”? ¿En qué va a consistir? ¿En qué podemos salir a la calle cuando queramos pero, eso sí, con mascarilla y manteniendo la recomendada distancia social de dos metros? ¿En que estaremos en bares y restaurantes separados por mamparas y servidos por camareros a los que no les veremos las caras? Si es así, de normalidad, nada. Preferiría que esa “nueva normalidad” fuera una Fase IV cuya fecha de finalización venga marcada por la disponibilidad de una vacuna o un tratamiento efectivo de la enfermedad. Pero llamar a eso normalidad, no.

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