Como muchos millones de españoles, cuando estoy escribiendo estas líneas llevo cinco días de cuarentena, que en mi caso significa no salir de casa para nada. No tengo que ir a trabajar, no tengo perro y de la compra se encarga mi hija mayor, que es la que peor lleva el encierro.
Hasta hoy lo he llevado bastante bien pero hoy, las cifras de contagiados y muertos en la Comunidad de Madrid, pero sobre todo la noticia de los 19 muertos en una residencia de ancianos, me han superado. Tengo la sensación de que el Covid-19 nos está cercando, que por mucho que nos quedemos en casa, va a acabar entrando. Hasta hoy, cuando mi hija iba a hacer la compra, le entregaba la nota con lo que nos hacía falta y le recordaba todas las medidas de protección. A su vuelta, sin tocar nada, le hacía pasar por el ritual de lavado de manos y cambio de ropa. Hoy me he angustiado cuando se ha ido. Le he propuesto ir yo pero se ha negado en redondo.
¿Es más peligroso el Covid-19 hoy que ayer? Seguro que no. Lo que es más peligroso hoy es contagiarse en Madrid; cada vez los hospitales están más saturados y lees muchos mensajes que dicen que los teléfonos de asistencia no dan abasto.
Lo único que me ha frenado la angustia creciente, ha sido el aplauso colectivo de las 20:00 a los profesionales sanitarios, a todos los que están trabajando por los demás. Nunca es a las 20:00, siempre empieza alguien a aplaudir a las 19:58. Será que todos estamos esperando ese momento como agua de mayo para recargar nuestro ánimo. Y la verdad es que funciona. Al contrario de lo que pudiera esperarse, que la gente se canse de hacer lo mismo todos los días, cada día hay más vecinos en los balcones y yo creo que nos quedamos un poquito más de tiempo. Ya nos vamos conociendo y echamos de menos si alguno de los habituales tarda en salir.
Hoy se cumplen siete días de mi encierro. Quizá sea por aquello de que a todo se acostumbra uno pero, gracias a Dios, mi nivel de angustia ha disminuido. Es curioso porque las noticias no pueden ser más espeluznantes, el número de muertos y contaminados en España es dramático, las noticias que nos llegan de Italia, que es como una premonición de hacia donde vamos, son dantescas…pero he conseguido sobreponerme. Sin embargo, me pasa algo que creo le pasará a mucha gente: cuando consigo desconectar y me concentro en un libro o en una película, cuando vuelvo a tomar conciencia de donde estoy, me invade el desasosiego. Menos mal que consigo dominarlo. Lo bueno es que puedo concentrarme y pensar en otras cosas; tengo amigas que me dicen que les resulta muy difícil. Por supuesto que todos en casa seguimos saliendo al balcón a las 19:58 a darlo todo, en sintonía absoluta con nuestros vecinos y con el resto del país.
Hoy llevo diez días encerrada y creo que ha sido el peor día hasta ahora. Las noticias sobre contagiados, pero sobre todo fallecidos, alcanzan cifras sobrecogedoras. En los hospitales de Madrid la situación es dramática, lo sé de primera mano pues tengo amigos que trabajan ahí. Prefiero no imaginar lo duro que tiene que ser para ellos tener que decidir quién pasa a la UCI y quién se queda fuera, que es casi lo mismo que decidir quien vive y quien muere. Es tremendo pensar que aquel que se queda fuera, además se queda solo, sin visitas, familiares ni amigos. Por eso los sanitarios repiten que no nos preocupemos, porque ellos no abandonan a nadie, porque ellos está ahí. ¡Dios mío¡ ¿A dónde hemos llegado?
En este estado de angustia, me ha llegado la compra de El Corte Inglés que realicé hace días y ya ha sido la debacle. Me ha dado la sensación y el temor de que el coronavirus estaba entrando en mi casa camuflado entre cajas de leche y botes de tomate. Como el caballo de Troya. Me puesto a limpiar como una loca toda la compra, lavando con Fairy incluso las naranjas y las manzanas. Como se suele decir: se me ha ido la olla. Menos mal que ha llegado el momento del aplauso y estábamos todos…
Han pasado dos días más y las cosas están empeorando. ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Es cierto que en Madrid la situación es peor que en Lombardía? No, no puede ser. En Madrid se tomaron medidas antes. Seguro que la curva se aplana antes… ¿o no?
Releo las líneas que he escrito y me doy cuenta de que, en lugar de un mensaje optimista, que es lo que necesitamos ahora, transmito lo contrario. Pero no lo puedo remediar, es lo que siento. Quizá la próxima semana o la siguiente, cuando empiece a vislumbrar el final de esta historia, de tantas muertes innecesarias, mi ánimo cambie. Pero de momento, estoy angustiada y siento miedo. Me cuesta quedarme dormida por la noche y cuando me despierto por la mañana, por pronto que sea, me cuesta volverme a dormir. Me levanto y desayuno leyendo un montón periódicos de uno y otro signo, buscando alguna noticia que dé un poquito de luz y optimismo. Me recuerda, salvando una distancia infinita, a cuando en verano miro la información meteorológica en Santander, buscando siempre la web que mejor pronóstico da. Lo que pasa que ahora no hablamos del tiempo.

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