Mira que no me gusta el nombre de desescalada, pero creo que es la mejor forma de ubicar el diario que sigo escribiendo. Así que he decido dejar de llamar a esta entrada “Diario de una cuarentena” por varias razones: la primera porque han pasado bastante más de cuarenta días, la segunda porque ya nos dejan salir un poquito, cosa que, al menos a mí, me hace más llevadera la situación y la tercera porque no quiero que se me olvide, cuando lea esto en el futuro, el extraño nombre que le han dado a esta nueva fase de la pandemia. Así que a partir de ahora esto será el “Diario de la desescalada”.

Empiezo esta nueva etapa del diario el domingo 3 de mayo. Mañana empieza la Fase 0 de la desescalada en toda España. De momento, ayer fue un día especial; nos dejaron salir a pasear o a hacer deporte en dos franjas horarias: de 6 a 10 de la mañana y de 20 a 23 de la noche. Teniendo en cuenta que sigo sin poner el despertador, la franja de 6 a 10 de la mañana, no existe para mí. Que conste que no me levanto más tarde de las 8:30 pero claro, para cuando me quiero poner en marcha, me he salido de la franja. Retomando el tema, ayer a las 20:10, después de los aplausos, nos fuimos de paseo los cuatro de la familia, eso sí, de dos en dos como la Guardia Civil. Nuestro primer destino fue la casa del novio de mi hija mayor, al que llevaba sin ver casi dos meses a pesar de vivir a 500 metros (para que luego critiquen la irresponsabilidad de los jóvenes…). En fin… ¡qué bonito es el amor de juventud! Luego continuamos nuestro paseo. A las 21:00, la hora de la cacerolada contra la gestión del gobierno, nos sorprendió el entusiasmo de la gente en las terrazas y balcones. En nuestra calle somos más de los aplausos de las 20:00, y eso que empiezan a decaer, pero por la calle Juan Bravo y aledaños, el ruido de cacerolas es tremendo. Alguno va a tener que cambiar de batería de cocina después de esta pandemia. La verdad es que da mucha pena pasear por nuestro barrio de siempre con todas las tiendas, bares y restaurantes cerrados…y casi todo el mundo con mascarilla. Caminamos más de hora y volvimos a casa con más tristeza que alegría tras ver cómo han cambiado las cosas.

Jueves día 7 de mayo. Llevamos en la Fase 0 desde el lunes. La verdad es que no tengo muy claro qué cosas han cambiado más allá de las franjas para las salidas de adultos, que yo he aprovechado para acercarme a casa de mi tía mayor y saludarla desde la calle. Como el tiempo es fabuloso, incluso hace demasiado calor, mi tía se asoma al balcón y nosotros, normalmente mi hija mayor y yo, nos ponemos enfrente para que nos vea. Hoy además, he recibido el cordero lechal que compré por Internet. El aspecto es fabuloso; ha llegado en una caja de Seur, que teóricamente ha mantenido la cadena de frío, en varios paquetes envasados al vacío tal y como lo compré: por un lado las paletillas y las piernas y por otro dos bandejas de chuletillas. El sábado lo haré al horno y ya os diré.

Domingo de la primera de semana de desescalada. Finalmente Madrid no ha pasado a la Fase I por lo que nos quedaremos una semana más como estamos. Me da pena por mi hija pequeña que está estudiando muchísimo y estaba muy ilusionada de poder ir a una terraza con sus amigas, a las que hace mucho que no ve. Precisamente ayer tuvo un examen final oral bastante complicado que le salió muy bien; el profesor se lo dijo al finalizar. Nos dio un subidón tremendo así que, unido al fabuloso cordero al horno que había preparado, montamos un festejo casero de los que hacen historia. Hicimos algunas videoconferencias para compartir con nuestros amigos el momento y, como la canción de Sabina, nos dieron las diez y las once y las doce de la noche cantando y bailando. Hoy tengo un poco de resaca…

Por cierto, como es de bien nacido el ser agradecido, recomiendo sin ningún lugar a duda el sitio en el que compré el cordero. Yo compré el Lechazo churro IGP. Exquisito y con un precio fabuloso.

Jueves de nuestra segunda semana se desescalada. Seguimos en Fase 0 aunque la Presidenta de la Comunidad ha pedido el paso a la Fase I. La verdad es que está siendo una semana bastante tranquila. Además de que todos tenemos bastante trabajo, el tiempo acompaña bastante en esta situación; ha vuelto el frío y la lluvia como si estuviéramos al principio de la primavera. La novedad es que hoy he pedido hora para la manicura y la peluquería la semana que viene. Parece una tontería pero el simple hecho de pedir hora en estos sitios me ha animado. Es un paso hacia la normalidad, ni nueva ni vieja, simplemente a la normalidad.

Por cierto, los aplausos de las 20:00 han decaído tanto que apenas hay. Yo creo que la gente ya está un poco cansada de esta situación y además, como coinciden con la hora de salida, mejor salir a dar una vuelta y despejar la mente.

Hoy es viernes y, antes de publicar esta entrada, escribo unas líneas para decir que parece que Madrid no va a pasar a la Fase I. En principio de quedará en una Fase 0,5, similar a la solicitada por Barcelona, que permite acudir a comercios sin cita previa pero prohíbe las terrazas y las reuniones sociales y familiares. Me temo que, si se confirma, hoy se puede liar parda. Ayer por la tarde paseamos por la calles de Hermosilla, Velázquez, y Ortega y Gasset. Había mucha gente con los ánimos más que exacerbados reclamando libertad y la dimisión del gobierno, y también mucha policía tratando de evitar aglomeraciones.

Veremos qué pasa hoy.