El primer fin de semana de la Fase II ha traído otra novedad: he salido de Madrid. Tampoco es que me haya ido muy lejos, pues no se puede salir de la Comunidad, pero al menos he visto el campo. Se nos ha hecho raro. Digo “nos” porque a mi marido le ha pasado lo mismo que a mí. Por cierto, me ha sorprendido el tráfico, casi diría que era el tráfico habitual de un sábado cualquiera. Hemos ido a casa de una amiga a jugar al mus y a cenar. Allí nos hemos reencontrado con amigos que no veíamos desde hacía mucho tiempo. Aunque hemos estado todo el tiempo en el jardín, hemos tratado de mantener una cierta distancia entre nosotros… ¡qué poco me gusta esta nueva situación! No logro acostumbrarme.

Lo que pensé que iba a estrenar este fin de semana y no he hecho es la piscina. Me apetecía mucho, sobre todo después de haber hecho todo los trámites de reserva de una hamaca para el turno del domingo por la mañana. Para mi desgracia amaneció bastante nublado y fresco así que… mi gozo en un pozo. Volveré a intentar reservar para un día de estos.

Estos días el tiempo está siendo bastante benévolo, teniendo en cuenta que en menos de una semana empieza el verano. Otros años, a estas alturas, estábamos ya medio asfixiados deseando que llegaran las vacaciones para salir corriendo de Madrid. Este año también… pero no por el calor; mi hija pequeña aun duerme con edredón. Y cuento todo esto porque hoy, miércoles 17, había conseguido reservar piscina de 16:30 a 20:00 y también he tenido que desistir por el tiempo. Reconozco que me ha dado mucha rabia pero, por otro lado, es un gustazo dormir todavía con fresquito y poder salir a la calle a hacer recados o a pasear sin sudar la gota gorda y encima llevando mascarilla.

Por fin ayer estrené la piscina, ¡y menudo estreno! El calor ha llegado a Madrid y me temo que vamos a empezar a sufrir esta mal llamada “nueva normalidad” como no habíamos previsto. El jueves pasado conseguí reservar piscina para el domingo por la mañana en el tramo de 11:00 a 15:00. Yo llegué a la piscina a las 11:30 y para mi asombro, ya estaban todas las hamacas ocupadas (está claro que había muchas con más ganas de piscina que yo) menos una que para guardar la distancia de seguridad recomendada, estaba pegada a un muro. Como el protocolo dice que no puedes mover la hamaca, sin tocarla siquiera, extendí mi toalla sobre ella, me quité la mascarilla y me tumbé a tomar el sol. Al cabo de dos minutos el calor era tan insoportable que me tuve que meter en la piscina. Creo que es la primera vez en mi vida que me baño en un agua tan fría. Después de un rato en el agua, me volví a mi hamaca y aguanté otros dos minutos antes de volver a morirme de calor. Imposible. No se podía aguantar así que, observando que una chica se había sentado en el borde de la piscina con los pies en el agua y no le habían llamado la atención, hice lo mismo. Para mi desgracia, al llegar a casa leí un artículo sobre recomendaciones en el uso de las piscinas y la primera de ellas era que desaconsejaban sentarse en el borde de las piscinas pues la humedad y temperatura de dicha zona favorece la supervivencia del virus… ¡Dios mío! En cualquier caso repetir la experiencia va a ser difícil. Y os cuento porqué. Como las reservas se pueden hacer con cuatro días de antelación, me puse de acuerdo con una amiga para tratar de reservar el viernes por la tarde conectándonos a las 00:01 del lunes. Aunque yo realmente lo intenté a las 00:04, fue imposible; el sistema se quedaba colgado y no respondía. Acordamos hacerlo a las 7:00 de la mañana. Pero como me desperté a las 4:00, cogí el móvil y volví a intentarlo. Para mi cabreo mayúsculo, el sistema ya funcionaba pero el aforo se había completado. Me temo que ir a la piscina este verano va a ser misión imposible.

El problema ahora es que ya hace un calor insoportable y, si no vas a una piscina, la alternativa es quedarse en casa hasta que anochezca y refresque un poco. Salir a dar una vuelta en las horas centrales es poco recomendable, pero llevar la mascarilla, ya es inhumano.

Para colmo de males, no hago más que leer noticias sobre rebotes aquí y en otros países donde en teoría estaba todo muy controlado. La situación de la pandemia en América alcanza cifras dantescas y en todos los foros se pide a la población que no se relaje. Es curioso porque en algún momento llegué a pensar (lo leí o escuché en varios medios) que el virus se estaba debilitando, pero ahora tengo la sensación que ha vuelto a coger fuerza, que se está rearmando para volver a atacar…

Por cierto, el sábado he conseguido reservar hora para visitar la exposición de reapertura del Museo del Prado a las 18:00. Me apetece un montón ir, pero la sola idea de estar con la mascarilla durante horas me echa para atrás.

Como ya hemos llegado a la “nueva normalidad”, me despido de este diario de desescalada con la esperanza de que esta situación termine pronto. Eso sí, de momento, tendremos que acostumbrarnos a vivir con todos los nuevos condicionantes: además de la perenne mascarilla, el gel hidroalcohólico en el bolso, reservas previas para todo y mucha, mucha confianza en los científicos que están desarrollando las múltiples variantes de vacuna. ¡Mucho ánimo y prudencia!