Hace relativamente poco, hablando con una colega que trabaja en Madrid pero es de un país muy cercano al nuestro, me comentaba, que antes de iniciarse el confinamiento en España, había decidido volver a su país para pasar con sus padres y sus hermanos este tiempo. En Madrid estaba sola. Toda su familia estaba allí. Si le pasaba algo, prefería estar acompañada de ellos, como es lógico.

Ahora, tal y como están las cosas, el pensamiento que se repetía en su cabeza y que la angustiaba es cuándo podría volver a su vida normal. Aunque estaba contenta de estar con su familia y en su país, su vida ya estaba desde hace tiempo en Madrid. Ahora veía el momento de su vuelta con tanta incertidumbre que en muchos momentos se le hacía un nudo en la garganta.

Ese mismo pensamiento de angustia, aunque dure un segundo, lo tengo yo  y probablemente mucha gente, al menos una vez al día, cuando pienso en la situación que estamos viviendo.

Dándole vueltas a este tema, me doy cuenta que una de las cosas que más desasosiego nos provoca es no saber qué va a pasar con algo y sobre todo cuándo va a pasar. Aunque la vida siempre tiene incertidumbres, esta situación tan nueva para todos, nos está provocando lo que yo calificaría como la reina de las incertidumbres.

La primera gran incertidumbre es ¿se acabará definitivamente con el virus?, ¿se repetirá esta situación dentro de unos meses? ¿cómo nos inmunizaremos?

La segunda gran incertidumbre, ¿cuándo acabará esto? ¿podremos volver a llevar una vida normal?  Ahora ya solo pedimos volver a nuestra vida anterior, a hacer las cosas normales, diarias y corrientes. Las cosas más básicas casi se han convertido en una quimera, en el dorado: ¿cuándo podremos abrazar o besar a los que queremos?, ¿cuándo podremos sentir la luz del sol en nuestra cara?, ¿cuándo nos podremos tomar un café con nuestras amigas?, ¿cuándo podremos salir a cenar con nuestros amigos de toda la vida? Y la cuarta gran incertidumbre es, en muchos casos, si lograremos mantener la calma y aguantaremos con equilibrio físico y psíquico y con una buena relación, con los nuestros, todo este tiempo en nuestra casa, tan juntos a todas horas.

Todas estas incertidumbres componen, por lo menos para mí, la que podríamos llamar la reina de las incertidumbres ¿COMO SERÁ TODO DESPUÉS DE…? porque muchas de las cosas que ahora ya no podemos hacer atacan a nuestra esencia misma como país y como sociedad. Cercana, con necesidad de contacto físico, con necesidad de reunirnos de ir a sitios con mucha gente, de tocarnos, de besarnos, de estar juntos…

Como ahora mismo nuestra vida es una grandísima incertidumbre todos ansiamos empezar a vislumbrar alguna certidumbre en algo, aunque sea mínimo. Algo que nos de cierta certeza en este maremágnum tan incierto.

La incertidumbre, en general, en todo, nos mina, nos provoca desazón. Ahora que todos somos tan vulnerables, la incertidumbre nos angustia, por eso, agradecemos infinito a aquellos que se esfuerzan por darnos un cierto grado de certidumbre real. No una venta de moto para mantenernos engañados. Lo que yo llamaría una pequeña o gran alegría.

Me comentaba un amigo que trabaja en una mediana empresa que les había llamado el dueño a todos y cada uno de los empleados para decirles que no pensaba prescindir de ninguno. Que pelearía y haría todo lo necesario para intentar mantenerlos a todos en el empleo. En este caso tratándose de un hombre de palabra en el que sus empleados tenían fe ciega porque siempre había predicado con el ejemplo, esa noticia les llenó de felicidad y de esperanza. Incluso en el caso de que al final no fuera posible, ellos sabían que su empresario lucharía por ello  hasta el final y todos los empleados estaban también dispuestos a hacer los sacrificios y a arrimar el hombro para ayudarle.

Nunca fue tan cierto el aforismo de Seneca “En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto

Pero lo malo es que casi todos añoramos ahora especialmente nuestro pasado cercano y queremos volver a él. El presente no se nos hace tan brevísimo como indica Seneca y el futuro, madre mía el futuro ya no es que se nos plantee dudoso, sino casi negro o por lo menos gris oscuro.

Al final todos debemos de ser muy inteligentes. en frase de Kant: Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.” Y la verdad que ahora estamos soportando incertidumbres como leones.