“(…) En una conferencia que dio en la Universidad de Harvard el profesor americano Dudley Sargent, habló con entusiasmo de <un deporte racional e higiénico, que da al cuerpo femenino la fuerza y la belleza>.
Este deporte consiste en… “las faenas domésticas”. Describió detalladamente las ventajas higiénicas de subir y bajar escaleras, llevar cubos, barrer y lavar ropa. Cito esto más bien a título de curiosidad, porque no he notado nunca en las criadas de servir de ningún país del mundo una hermosura especial.”
Magda Donato, pseudónimo de Carmen Eva Nelken Mansberger, periodista y hermana de Margarita Nelken, ironizaba a principios del siglo XX en su página “La vida femenina” del periódico La Tribuna sobre estas afirmaciones del profesor de Harvard, que en su momento fueron escuchadas con atención y que hoy nos costaría calificar o más bien descalificar.
No ha quedado constancia de que el Sr. Sargent llegara a confirmar en sí mismo las excelencias deportivas y para la salud de fregar, planchar y limpiar cristales a diario durante años. No voy a negar que, al hacerlo, movemos el cuerpo, pero…
En la misma página de La Tribuna, aparece la noticia del intento de suicidio de una mujer de 25 años, que se arrojó al paso de un tranvía de los que hacen el recorrido entre Rosales y la calle de Bailén, en Madrid. ¿Por qué? “Por haber tenido un disgusto en la estación del Norte con su marido”. Así eran algunas noticias a principios del siglo XX.
Estas perlas y otras…, algunas cómicas y otras menos cómicas, dentro del taller de lectura sobre “Cándida”, una obra de la escritora navarra Isabel Lizárraga, en la que narra los inicios del movimiento feminista en España. El taller ha sido organizado dentro de las actividades del Museo de Artes y Tradiciones Populares de La Corrala (Madrid).


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