En la entrevista a un escritor muy reconocido y premiado, publicada recientemente en una revista semanal, le preguntaron “si se le había presentado alguna vez la disyuntiva entre hijos y libros”. Su respuesta fue “…. Me siento bendecido por una vida completa; no se puede tener todo. No puedes vivir todas las vidas posibles. Tienes que elegir una”.
Elegir y asumir las consecuencias de esa elección nos cuesta a todos muchísimo. Ahora pocas personas son capaces de elegir, las nuevas generaciones lo quieren todo y además de forma inmediata.
Observo que estamos perdiendo esa capacidad de elección y el espíritu de sacrificio que tenía la generación de nuestros padres y abuelos. Si podían, elegían el tipo de vida que querían vivir y, si no, asumían la vida que les venía, tratando de sacar y hacer de ella lo mejor. A pesar de que en ciertas épocas les tocó pasar calamidades y momentos duros, si les preguntamos si cambiarían su vida, muchos de ellos responden que no. Han sabido ser razonablemente felices y se han considerado afortunados con lo que han tenido, con lo que han logrado con gran esfuerzo personal y profesional.
A la mayoría no les han regalado nada y hasta el final de sus vidas se han comportado como pensaban que debían, con coherencia, en la firme convicción de que estaban haciendo lo correcto. No han vendido de cara a la galería que estaban haciendo lo correcto, sino que lo hacían sin venderlo.
En elegir un tipo de vida y en hacer de ella lo mejor con esfuerzo y sacrificio, las mujeres han sido expertas; unas veces por su educación, otras por generosidad, otras por sentido práctico y a menudo por una mezcla de todas. Han puesto empeño en hacer de su vida y, lo más importante, de las vidas de los que las han rodeado, una vida completa, como afirmaba el escritor.
Sería muy positivo preparar a las nuevas generaciones para que sepan elegir la vida que quieren vivir y concienciarlos de que deben luchar por ella con trabajo, esfuerzo y sacrificio, sabiendo que elegir supone siempre renunciar a algo, dejar cosas y sueños en el camino.
Elegir no significa apoltronarse ni quedarse con lo cómodo. El que elige no actúa como una veleta, yendo en una dirección o defendiendo una cosa y, sin despeinarse, virando en la dirección opuesta o diciendo lo contrario. Los verdaderos líderes son los que eligen y asumen las consecuencias de su elección.



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