Hace poco fuimos a cenar un sitio bastante de moda en Madrid. Casi hay tortas para conseguir mesa. Creo personalmente que es uno de esos sitios que tiene mucho éxito durante un tiempo y luego, cuando empieza a dejar de estar en la cresta de la ola, lo cierran y abren un nuevo negocio.
Pero no es este el tema del que hoy queremos hablar en esta entrada sino de algo que, no por ser habitual, deja de sorprendernos, y es que desde que entras, te reciben y te acompañan a la mesa alguna de las chicas, hasta todas las camareras y mujeres que te atienden llevaban unos escotes de vértigo mostrando una gran parte del pecho.
Como se podrá entender no es un hecho que escandalice en sí, pero lo que sí nos llamó mucho la atención, desde el principio, he de decir mucho más a nosotras que a nuestros acompañantes masculinos, que le dieron mucha menos importancia, fueron dos cosas. Primero ver que las chicas tenían que tener un aspecto especialmente sexy y además mostrar parte de sus encantos a un público joven, aunque no excesivamente joven, en torno a los treinta y tantos años. La segunda es que nos pareció que ellas curraban muchísimo, sobre todo las que ponían copas en la barra. Todas mujeres. Mucho más que los hombres que estaban en tareas más de coordinación, control, dj….
Evidentemente ellos eran también jóvenes, de aspecto cuidado. Se notaba sus largas horas en los gimnasios, pero, al contrario que ellas, no tenían que mostrar claramente nada, simplemente lo que dedujeras de su vestimenta que, como es lógico, no era de monje, pero tampoco iban con el torso desnudo o con shorts o con pantalones especialmente ceñidos en algunas partes.
Es claro que no puedo aseverar que las chicas que trabajaban en ese sitio tuvieran una orden o instrucción del dueño o dueños, en el sentido indicado, pero sí que es verdad que, dado que eran bastantes y todas enseñando más que canalillo, seguro que alguna, por lo menos sugerencia, debía haber habido en ese sentido.
Es una realidad que siempre he abogado porque hombres y mujeres se cuiden y muestren un aspecto lo mejor posible. El encontrarnos bien con nosotros mismos hace que nuestra autoestima aumente y que seamos capaces de afrontar las cosas con mayor optimismo. Incluso nos ayuda a comernos el mundo a bocados, pero de ahí a esa, por lo menos a nuestro entender, sexualización excesiva de la mujer, que hacía que todos nos fijáramos más en el canalillo que en todo lo que esas chicas estaban trabajando, hay un enorme trecho.
Ser sexy y resultar atractiva tanto para mujeres como para hombres es, hasta cierto punto, normal si eso es lo que personalmente se quiere. Tan respetable como el que o la que no le interesa nada resultar así. Es incluso necesario, en ciertas profesiones o trabajos donde el físico es lo principal. Incluso cuando no se vive de ese físico, dado que todo ayuda en esta vida, mostrar lo mejor que tenemos o potenciar aquello que más nos gusta de nosotros, no es nada malo o anómalo. El físico es lo primero que se ve. Eso sí, como no es lo único ni a la postre lo realmente importante, un aspecto agradable, mezclado con inteligencia, trabajo, y el resto de cualidades o puntos fuertes de las personas, es claro que otorga ventajas. Cuanto mejor nos mostremos, en todos los aspectos, mucho mejor, porque todo suma. Pero el que en el siglo XXI se siga de alguna manera empujando a las mujeres a enseñar demasiado o a poner esto en el centro, es algo realmente demodé y absurdo que deja oculto, o por lo menos en un segundo plano, la verdadera labor y esfuerzo que realizan esas mujeres.
Yo creo que a estas alturas de la película los empresarios debieran ser lo suficientemente inteligentes y respetuosos para saber que lo importante, es el servicio que dan y como lo dan y si para ellos belleza, presencia, junto con inteligencia, educación y saber estar, además de esfuerzo y trabajo, es necesario, porque ayuda a alcanzar el éxito en ese negocio, estupendo pero acudir a otro tipo de reclamos resulta inapropiado y degrada esa actividad y sobre todo hace que personas, sobre todo mujeres, acaben dejando en un segundo plano lo que realmente valen.

Qué gran verdad lo que dices. Pero no sólo es cuestión de trabajo. Tengo una boda en dos días y mi acompañante, de traje, no pasará el frío que yo voy a pasar. Las mujeres enseñaremos brazos y piernas y ellos la corbata. No sé que pensar del feminismo. ¿ Acaso no hay mujeres diseñadoras? ¿ Donde están?
Gracias Marta por tu comentario. Nos encanta que nos escribáis.
Yo he llegado a la conclusión que, en general, las mujeres somos mas perfeccionistas y aguerridas que los hombres y, si para vernos guapas y adecuadas al evento o a la circunstancia tenemos que “sufrir” pues lo hacemos. Lo que yo creo es que ese esfuerzo se debería de destacar y valorar y no darlo por supuesto.
Respecto a las diseñadoras, si que las hay pero, en mi opinión, sigue imponiéndose la idea de los diseñadores masculinos que copan el mundo de la moda con su idea de la mujer que muchas veces no es la nuestra.