Últimamente se oye hablar mucho de la epigenética, sobre todo en relación con el envejecimiento o mejor dicho, de la posibilidad de revertir el proceso de envejecimiento. Pero, ¿qué es la epigenética?
Qué es la epigenética
La epigenética (del griego epi, en o sobre, y -genética) es una nueva disciplina científica que comenzó a desarrollarse en EE.UU. a mediados de la década de 1990. Para entender de qué va esto de forma sencilla, podemos decir que la epigenética permite explicar por qué el hombre y el chimpancé son tan distintos cuando comparten el 99% de los genes; por qué dos gemelos idénticos tienen enfermedades y personalidades distintas, teniendo el mismo ADN; o por qué dos hermanas que han heredado la mutación de un gen que les confiere el riesgo de cáncer de mama, una desarrolla el tumor a los 25 años y otra a los 70.
La epigenética son marcas químicas que se añaden al material genético y regulan su actividad. Como explica Manel Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y referente mundial en esta materia, el ADN es como un abecedario y el epigenoma es el conjunto de reglas que permiten formar palabras con sentido. Es decir, el epigenoma regula la actividad de los genes. Así por ejemplo, en el caso de la clonación de animales, cuando un animal clonado crece, no es idéntico al animal del que proviene el material genético que se le ha transferido. Y eso ocurre porque aunque el ADN es igual, no lo es su epigenoma.
Cómo funciona el epigenoma
El epigenoma provoca que una neurona produzca un neurotransmisor o que una célula del corazón lata. Este epigenoma fisiológico, que además nos define como especie –el hombre y el chimpancé comparten el 99,9% de genoma, pero tienen epigenomas distintos-, es dinámico: puede modularse por factores externos. El tabaco, el consumo excesivo de alcohol o la radiación solar lo alteran de una manera negativa. Por el contrario, el ejercicio físico o unos hábitos saludables tienen un impacto epigenético positivo.
Es muy difícil reparar la mutación de un gen que provoca una enfermedad. Si la mutación es activadora, se puede bloquear. Pero si supone pérdida de actividad, es complicado recuperarla. Al ser más dinámico, el epigenoma permite utilizar fármacos para reprogramar la célula y conseguir que recuerde cómo era su epigenoma normal. Dicho de otro modo, mientras que los trastornos genéticos aún no se pueden resolver, sí es posible revertir los cambios epigenéticos de nuestras células y tejidos. En 2004, la Food and Drug Administration (FDA) norteamericana aprobó un medicamento epigenético por primera vez.
Durante décadas, siguiendo la teoría de Darwin, se ha pensado que el ADN era un código rígido con el que nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos teníamos que vivir. Ahora la epigenética ha abierto una puerta a la posibilidad de intervenir sobre algunos procesos de nuestro organismo que antes se consideraban inaccesibles. Y el envejecimiento es uno de ellos.
Cuál es la relación entre epigenética y envejecimiento
La relación de la epigenética con el envejecimiento es múltiple. Parece que morimos con un genoma idéntico con el nacemos. El epigenoma, en cambio, sí varía.
Por ejemplo, analizando la marca epigenética más conocida que es la metilación del ADN, un grupo metilo (un átomo de carbono y tres de hidrógeno) que se adhiere al ADN, se ha comprobado que, a medida que envejecemos, el epigenoma va perdiendo grupos metilo.
Aparte de la metilación del ADN, hay otro factor importante que interviene en el envejecimiento: las histonas. El ADN tiene un tamaño de dos metros y debe caber dentro de una célula. Lo que hace es plegarse y enrollarse alrededor de una proteína llamada histona. En la vejez, ese material genético no se enrolla correctamente.
Estas marcas epigenéticas provocan que las neuronas dejen de producir los neurotransmisores adecuados o que el corazón no lata con normalidad.
Estudiando el cerebro, se ha averiguado que tiene un epigenoma que cambia mucho desde el nacimiento hasta la adolescencia, se mantiene estable hasta llegar a los setenta años y, a partir de ahí, vuelve a cambiar; en este caso, degenera.
¿Se podrá revertir algún día el proceso de envejecimiento?
El envejecimiento es un fenómeno complejo que aún no se comprende bien, pero los cambios del epigenoma son probablemente uno de los mecanismos básicos que intervienen él.
Según Juan Carlos Izpisúa, investigador del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto Salk de California y una eminencia en el campo de la regeneración celular, todo tiene marcha atrás, incluso el envejecimiento. Es posible revertir este proceso mediante lo que denomina: la reprogramación celular que consiste en eliminar todas esas marcas epigenéticas que hemos acumulado a lo largo de la vida, para volver el reloj atrás y conseguir el rejuvenecimiento de las células.
Por ejemplo, modificando la forma en que se pliega el ADN (histonas) se ha conseguido alargar la vida de organismos tales como gusanos, ratones o levaduras. En el futuro, algunos fármacos podrían lograrlo con humanos. De la misma forma, los fármacos que actúan sobre la metilación del ADN podrían convertirse en tratamientos antienvejecimiento. Hoy día ya se han desarrollado fármacos de este tipo para el tratamiento de leucemias y linfomas. De los 300 tipos de cánceres que existen, bastantes tienen orígenes epigenéticos, por lo que podrían ser tratados a la luz de esta nueva farmacología, mucho menos agresiva que la quimioterapia.
Se abre un gran mercado, de gran interés para la salud y el bienestar, y también de mucho interés comercial, porque evidentemente hay mucha gente que quisiera vivir más tiempo. Sin embargo, estos avances me producen un sabor agridulce… ¿Se centrará la investigación de la epigenética en la curación de los 300 tipos de cáncer que hoy existen o en el desarrollo de fármacos antiaging? Y en el futuro ¿vivirán mucho más los que tengan más dinero?


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