Ya hemos escrito sobre esas personas que pretenden mostrar como actos solidarios los que en realidad no son tales. Enmascaran bajo la forma de acto altruista o generoso, una falsa verdad. Actitud reprobable desde mi punto de vista porque valoro que las personas sean valientes, capaces de dar la cara y hacer las cosas a cara descubierta, sin engaño, sin falsas apariencias. Aunque no comulgue con ello, Aquellas que asumen las eventuales consecuencias de sus actos.

Pero la realidad es que las personas, por mucho que nos lo digamos, solemos cambiar muy poco, y enseguida acaba saliendo nuestro verdadero yo.

En esta entrada no me resisto a hablar de lo que yo llamaría las personas caprichosas- egoístas. Estas, son aquellas que, aunque pretendan mostrar lo generosas y respetuosas que son, la realidad es la contraria. Al final, no engañan a los demás, porque acaba aflorando el verdadero yo que subyace detrás.

Los caprichos se pueden tolerar en los niños, pero a una determinada edad, ser una persona caprichosa es feísimo. Esas que por fas o por nefas siempre están acostumbradas a salirse con la suya, pase lo que pase, y caiga quien caiga. Normalmente son gente que, o bien se rodean de otras personas que permiten y fomentan esa actitud, o acaban siendo soportadas por poca gente.

Y dentro de esta categoría yo metería a aquellos que incluso en estas situaciones extremas como la que estamos viviendo, se lo montan para de alguna manera salirse con la suya, por lo menos en algo que realmente les gusta, o como dicen, que necesitan.

Y la verdad es que, aunque nos quejemos, y yo la primera, necesitar, necesitar, teniendo salud, casa, nevera llena y a la familia al lado, el resto casi sobraría, aunque la realidad, es que la mayoría de nosotros necesitamos mucho más para pasar estos días: la tecnología, el contacto, aunque sea virtual, con amigos, el que nos preparen algún día algo especial …

Este prototipo ahora serían aquellos que otros llaman insolidarios, que también, pero prefiero utilizar estos dos adjetivos porque al final hay ciertas palabras, como esta de solidaridad o lo contrario que, de tanto usarlas, acaban perdiendo su esencia.

Como comentábamos un grupo de amigas hace poco hablando por WhatsApp todas  estas personas que aparecen a diario, y de forma reincidente, saltándose las prohibiciones, desde esa mujer que se perdió haciendo senderismo con su hijo, a ese que se cayó en la acequia o esos que cada fin de semana se intentan marchar a sus segundas residencias, o los que  intentan ocultarse entre las rocas esperando que no los vean, o los que se escapan para montar en bicicleta o hacer footing o ir en patinete, como mínimo, son caprichosos y, como máximo, no se me ocurre una palabra para calificar su actitud.

Comentamos en esta reunión virtual que tuvimos que, seguramente, si observáramos a esta gente, que se salta en mayor o menor medida. las prohibiciones, máxime en una situación como la que estamos viviendo, la mayor parte de ellas, son personas que ya antes y aunque lo quisieran ocultar, eran así.

En un cierto grado, casi todos tenemos ramalazos de niños malcriados y egoístas, pero esa actitud, en esta situación es inadmisible. El otro día comentaba un presentador de uno de los telediarios de televisión que yendo hacia la televisión le habían parado en un control, cosa que le había parecido realmente lógica, para acreditar a donde iba y, le comentó la policía que ya había multado a varios saltándose la normas. El desde luego pensaba, que a esos que se saltan las prohibiciones habría que desenmascararlos.

En las situaciones complicadas y difíciles para todos es cuando se da la medida de la altura de muchas personas. Muchas veces, en estas situaciones, es donde aflora lo que la apariencia esconde.

No hay nada como predicar con el ejemplo. Cuando algo no me importa o no me molesta o ni me va ni me viene, es muy fácil que todos aparentemos ser un ejemplo de rectitud y de buenas maneras. Pero cuando aparecen estas situaciones, es cuando nos quitamos la careta.

Como soy una firme defensora de la libertad individual y de la responsabilidad personal, solo puedo decir que si las personas son caprichosas en su ámbito privado y solo afecta a tu círculo cercano y además es consentido y aceptado por este, no tengo nada que decir. Allá cada uno con lo que quiera o pueda aguantar, pero, sobre aquellos cuyo capricho y egoísmo, sí que nos afecta a los demás, sobre todo en situaciones tan extremas, me producen el más profundo rechazo y creo que sus actos deberían de tener consecuencias.

A esas personas que en estas circunstancias pueden ser peores incluso que los niños, que están aguantando estoicamente este confinamiento, solo les pedimos un cambio de actitud. Rectificar es de sabios y de personas con conciencia, aunque a ciertas edades cambiar es muy difícil.

Como dijo Jesucristo, por sus actos les conoceréis.