El otro día una amiga, profesora de matemáticas en bachillerato en un afamado colegio de Madrid,  me comentó que cada vez tiene más alumnos en sus clases. “¿Y eso?” le pregunté. “Pues porque las carreras de ciencias tienen más salida que las de letras, así que los chicos se sienten presionados a elegir la rama de ciencias”, respondió.

Buscando más tarde información al respecto, corroboré lo que mi amiga me había comentado. Y no me parecería mal, cada uno tiene sus motivaciones, si no fuera porque un porcentaje no despreciable de chicos que eligen esa rama posteriormente fracasan en sus estudios universitarios. De hecho, aunque globalmente el 30% de los universitarios españoles cambia o abandona la carrera en los primeros años, ocurre con mayor frecuencia en los estudios técnicos y tecnológicos. Un ejemplo, según un estudio de 2014 de la Universidad Politécnica de Madrid, el abandono en titulaciones relacionadas con la informática se eleva a cifras que van desde el 42% al 59%.

Y es que las carreras técnicas o tecnológicas, además de requerir una sólida base en matemáticas, requieren un gran esfuerzo que deberá ser aún mayor si no te gusta lo que estás estudiando.

No hay excusa, nadie nace bueno en matemáticas o en lengua. En un estudio con 70 niños de 10 años, Hermundur Sigmundsson, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, llegó a la conclusión de que “no existe un gen matemático: se nos da bien lo que ejercitamos”. La única forma de ser realmente brillante con los números es practicar, practicar y practicar.

Obviamente me estoy refiriendo a la rama tecnológica de las ciencias y no a las Ciencias de la Salud que, como su nombre indica, goza de una “salud” excelente en España. Las carreras o grados de esta rama son los únicos que suben en número de matrículas cada año. Además acogen a los estudiantes con mejores expedientes, ya que tienen notas de corte bastante altas, y más vocacionales. Por esta razón, el porcentaje de abandono en estas carreras es muy bajo. Por cierto, el porcentaje de mujeres que cursan grados de ciencias de la salud sobrepasa el 70%.

Las profesiones del futuro aún no se han inventado

Dicho lo anterior, en mi opinión, la eterna dicotomía entre ciencias y letras debería estar llegando a su fin. Elegir hoy una carrera solo por sus supuestas salidas profesionales quizá no sea ya tan evidente ni acertado. El mundo está inmerso en una revolución tecnológica que está cambiando el panorama laboral a marchas forzadas. Las profesiones del futuro están por definirse. Pero lo que parece claro es que las empresas buscarán personas curiosas y proactivas, abiertas al cambio y con capacidad de aprender de forma permanente. Personas que no estén encasilladas y estén abiertas a aprender distintas disciplinas. Por ejemplo, un desarrollador de producto, además de conocimientos técnicos, debería ser capaz de entender las necesidades y el comportamiento de los futuros usuarios, para poder diseñar y desarrollar una buena experiencia de uso.

Centrarse en la resiliencia mental y la inteligencia emocional

Como dice mi admirado Yuval Noah Harari, autor de Sapiens, en una entrevista en el ABC cultural: “Nadie sabe cómo serán el mundo y el mercado de trabajo en 2050 y, en consecuencia, nadie sabe qué capacidades en concreto hay que enseñar actualmente a los jóvenes. Es probable que mucho de lo que se aprende ahora en el colegio sea irrelevante cuando los chicos tengan 40 años. Mi consejo es centrarse en la resiliencia mental y la inteligencia emocional. Tradicionalmente, la vida se ha dividido en dos partes: un periodo de aprendizaje seguido de un periodo de trabajo. En la primera parte de la vida, construimos una identidad estable y adquirimos capacidades personales y profesionales. En la segunda parte, nos fundamentamos en esa identidad y esas capacidades para abrirnos paso en el mundo, ganarnos la vida y contribuir a la sociedad.

En 2050, este modelo tradicional estará obsoleto y la única manera de no quedarse fuera de juego será seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida y reinventarse una y otra vez. Esto creará enormes dificultades psicológicas. El cambio siempre produce estrés, y reinventarse a los 40 años puede ser excesivo para mucha gente. Incluso si uno consigue hacerlo con éxito, ¿volverá a reinventarse a los 50? ¿Y otra vez a los 60?

La mayoría de los actuales sistemas educativos no preparan a la gente para una vida tan fluida y estresante. Lo más importante que tenemos que enseñar a los niños es cómo construir su personalidad para aceptar los cambios en vez de resistirse a ellos. En el pasado, la educación construía identidades como casas de piedra, con cimientos profundos y paredes sólidas. Hoy en día, tenemos que construir identidades humanas como tiendas de campaña: fáciles de plegar y desplazar”.

No creo que sea el momento de elegir una formación u otra porque tenga más o menos salidas profesionales. Las profesiones del futuro aún no se han inventado. Así pues, estudia lo que te apasiona y motiva, porque seguro que serás muy bueno en ello y será más fácil que encuentres un trabajo relacionado. Si no tienes claro qué es lo que te apasiona, estudia algo generalista que te permita tocar distintos palos y te abra la mente. Y, por supuesto, aprende idiomas y sal fuera.