Recientemente debatía con mis amigas cómo se podría cambiar la mentalidad y la voluntad de empresas y empresarios que, o bien directamente no contratan o bien lo hacen en muchísima menor medida, a profesionales de 45 o más años, un momento de absoluta plenitud, madurez y capacidad física, psíquica e intelectual. Dentro de este grupo ¡cómo no! las mujeres se llevan la peor parte, no se sabe bien por qué. La realidad es que, si se contrata a una persona de esa edad, se sigue contratando más a hombres que a mujeres, excepto para trabajos relacionados con los cuidados o la limpieza, en los que las mujeres se llevan la palma.
Si nos vamos a las cifras del paro de larga duración, observamos que se ha reducido entre los hombres, mientras que entre las mujeres se ha elevado. Podemos hablar de una feminización del paro. Fabuloso: masculinización para todo o casi todo lo positivo y feminización de todo lo malo, mal pagado e incómodo.
Conocemos los casos de muchas mujeres que muestran sus currículos con la realidad de lo que han sido y de los puestos que han desempeñado en su vida laboral. Reflejan toda su experiencia y su capacidad no engordada ni exagerada, como sucede con muchísimos de los currículos que se anuncian, por ejemplo, en linkedin, que a veces parece una red casi masculina. No hay más que echar un vistazo, para darnos cuenta de que en ella hay una mayoría de hombres que se muestran como si hubieran sido presidentes, consejeros delegados o superjefes de las empresas o entidades en las que han desarrollado su vida laboral, cuando a menudo o en muchos casos, los que conocen su trayectoria, saben que, para nada, ha sido así.
Todas esas mujeres sobradamente preparadas y con capacidad de acreditar con veracidad su experiencia y valía, se encuentran con que es casi imposible que se cuente con ellas a nivel laboral, por un tema exclusivamente de edad. La única vía que les queda es acudir al autoempleo, una opción muy loable pero no todo el mundo puede, ni tiene recursos, ni sabe, ni quiere autoemplearse. Nos preguntamos entonces qué hacen tantos hombres en puestos directivos, predicando y empujando a que la gente se busque la vida, arriesgue y emprenda, mientras ellos, incluso en programas con buenas condiciones de salida, se perpetúan en sus puestos y no hay quien logre descabalgarles de su cargos.
Es hipócritamente fácil impulsar y empujar a los otros a hacer cosas que tú ni quieres ni estás dispuesto a hacer. Hace varios años nos comentaba un amigo cómo el director de una compañía había explicado a los miembros de su equipo en situación de poder acogerse a una salida negociada en un ERE, que todos se debían ir, que era una excelente oportunidad y que la compañía esperaba su salida, pero que a él, bastante más mayor que las personas que debían salir, la empresa le había rogado que se quedara. Y como se lo “debía” a la empresa, se iba a quedar y a seguir protegido en su cargo. Estaba cumpliendo el famoso dicho de haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago.
Las mujeres de más de 45 años siguen siendo jóvenes, capaces, preparadas, capacitadas… y con muchas ganas de hacer cosas. Todos aquellos o aquellas que, de una forma evidente o subliminal (de lo segundo hay mucho más, porque no suelen tener el coraje de reconocer claramente “… Mira: me parece estupenda y valiosa tu experiencia, pero… me resultas mayor”), las excluyen de sus procesos de contratación, dando todo tipo de excusas peregrinas y en el fondo discriminatorias o directamente ni contestando a la presentación de sus candidaturas, están mostrando que ni están capacitados ni tienen ninguna objetividad para elegir a los profesionales idóneos.
Muchas de esas candidatas desempeñarían con una excelente eficacia los puestos ofertados. Y además de experiencia, tendrían muchos menos problemas de conciliación, o sea una perita en dulce para el empleador. ¡Cómo se puede ser tan ciego y prejuicioso de no ver todo lo que se está perdiendo y dejando escapar con esa nefasta actitud!

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