Helvia Albina nació en Alba Urgabona (Hispania romana), actualmente Arjona (Jaén), en siglo I d. C. Pertenecía a una familia rica e ilustre de Itálica, que se estableció en el Valle de la Bética (los Helvii).

Su padre, Marco Helvio Novato, fue magistrado sacerdotal y compartió el duunvirato de Alba Urgabona (un cargo similar a procurador o consul imperial en colonias y municipios). Al nacer Helvia, su madre murió. Fue criada por la segunda esposa de su padre, con cuya hija, Marcia, tuvo una estrecha relación.

Muy joven se trasladó a Córdoba. Siguiendo la tradición romana, su educación se enfocó para ser una esposa obediente, madre y organizadora de su casa o domus.

A los 14 años se casó con Marco Anneo Séneca, conocido como El Retórico o El Viejo. Marco, que pertenecía a la gens romana, tenía 28 años y también formaba parte de una importante y culta familia de la Bética. Catorce años se consideraba una edad adecuada en la mujer para el compromiso y el matrimonio, pues desde el momento en que podía procrear era apta para casarse.

Esposa de Séneca el Viejo

Aunque el matrimonio fue una alianza para estrechar lazos entre dos familias poderosas de las tierras conquistadas, su relación fue de cariño, afecto y amistad.

Séneca el Viejo consideraba que el estudio no era para mujeres, a pesar de que él era un orador, escritor e historiador. Por ello rechazó que su esposa, que había mostrado inquietudes intelectuales, ampliara su formación. La apartó de los estudios filosóficos, por los que Helvia sentía gran interés y le impidió, entre otras actividades, aprovechar las enseñanzas de los maestros de sus hijos.

Helvia se dedicó a cuidar de los suyos. Tuvo tres hijos, que pronto abandonaron Córdoba. El matrimonio consideró que Roma, capital del imperio, era el mejor destino para su futuro. Helvia habló del dolor de las despedidas, de su nostalgia por los ausentes… hasta que también ella se trasladó a Roma con sus hijos mayores, a los que ayudó cuanto pudo para que prosperaran en sus carreras.  Durante las ausencias de su marido, supo gestionar con acierto e inteligencia el patrimonio familiar.

A los 40 años más o menos, se quedó viuda. Marco murió probablemente en el año 39.  Helvia regresó para vivir con su padre y continuó administrando los bienes de la familia.

Años después, y en poco tiempo, vivió la pérdida trágica de su padre, Marco Helvio, víctima posiblemente de intrigas. Fallecieron su tío y uno de sus hijos. Otro fue desterrado de Roma a Córcega. Sobrevivió a varios de sus nietos…

Helvia vivió con la sabiduría que le aportó el conocimiento filosófico, transmitió a sus hijos la pasión por el saber y, aunque no está confirmado documentalmente, se cree que alcanzó la vejez y murió mayor, rodeada del cariño del hijo y de la familia que había dejado en Córdoba.

El legado de su personalidad, en sus tres hijos

El primogénito, Marco Anneo Novato, fue magistrado en Roma. Conservó el apellido materno, hasta que lo adoptó Lucio Junio Galión, un retórico amigo de su padre. Pasó entonces a llamarse Marco Junio Galion.

Siendo proconsul y gobernador de Acaya,  intervino en favor de San Pablo, contra los rabinos judíos, que condenaban los ritos y el proselitismo de los cristianos. Galión desestimó la acusación por estar fuera de la jurisdicción romana y lo envió a Roma. Parece que con esto salvó la vida del apóstol.

Murió en torno al año 65 o 66 y, aunque no se ha encontrado confirmación documental, se cree que corrió la misma suerte que su hermano Séneca y su sobrino Lucano: fue obligado a suicidarse.

El segundo, Séneca el joven (4-65), fue el gran filósofo, dramaturgo, poeta y político de la Roma imperial, además del máximo representate del Estoicismo. Fue uno de los senadores más admirados e influyentes durante el gobierno de los emperadores Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, y el tutor, ministro y consejero de este último.

Durante sus primeros años en Roma, vivió con su tía Marcia, la hermanastra de Helvia, con cuya familia tambien se trasladó a Egipto durante algunos años. Casado con Pompea Paulina, escribió, entre otras muchas obras, De la felicidad y Cartas a Lucilio. En el año 65 fue acusado falsamente de estar implicado en la conjura de Pisón contra Nerón y, perdido ya el favor del emperador, fue obligado a suicidarse.

En uno de sus opúsculos, Consolación a Helvia, publicado en el año 42 d. C., habla de las desdichas que marcaron la vida de su madre y de cómo supo sobreponerse con fortaleza y dignidad.

Escrito durante su destierro de más de ocho años en Córcega, Séneca le agradece su papel como madre, la alaba por su inteligencia a la hora de administrar la economía de sus hijos, aplaude que nunca intentara sacar beneficio económico propio (algo común en muchas mujeres, por ser la única vía para adquirir fortuna y lograr un poco  de independencia) y le sugiere que se refugie en los estudios filosóficos que tanto le gustaban, para superar las adversidades y pérdidas.

La fortuna no te dio ni un solo día sobre el que no hiciese pesar la desgracia, ni siquiera exceptuó el de tu nacimiento. Apenas nacida, perdiste a tu madre, o más bien, al venir al mundo”. También recuerda cómo en treinta días perdió a su tío “que tanto te quería” y al esposo, “al que amabas tiernamente“, así como las separaciones de sus hijos, nietos y la muerte de algunos de ellos, entre otros un hijo del propio Séneca.

También se lamenta de que, por ser mujer, no le permitieran profundizar en sus estudios, a pesar de ser inteligente y sabia: “Ojalá mi padre, el mejor de los maridos, menos entregado a las costumbres de sus mayores, hubiese querido que tuvieses no un roce, sino una profunda compenetración con los preceptos de la sabiduría”.

El pequeño de sus hijos, Lucio Anneo Mela, decidió quedarse en Córdoba y continuar gestionando el patrimonio familiar. Fue un hábil financiero. Se casó con Acilia, hija de un conocido orador, que también pertenecía a la clase de los caballeros. Posteriormente también se trasladó a Roma.

Fue padre del poeta Marco Anneo Lucano (3965). Entre otras obras, Lucano escribió el poema épico Farsalia y la tragedia Medea. También se suicidó

Refiriéndose a su marido Séneca el Viejo, el cronista Ambrosio de Morales escribió “Se fue de Córdoba a Roma con su mujer, Helvia, que otros llaman Albina, y con dos

hijos que con ella tenía: Séneca y su hermano, Junio Galion, y dejó aquí el tercer hijo y menor de edad, Anneo Mela que fue el padre del poeta Lucano“.  Séneca se trasladó a Roma, porque el propio emperador Augusto César lo mandó llamar “movido por la fama de alto ingenio que Séneca, aún en su niñez, ya mostraba“.  Era “niño” cuando hizo el viaje en brazos de su tía y de Albina”.

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