Hipatia fue una filósofa griega, que lideró la Escuela neoplatónica de Alejandría. Nacida en esa ciudad de Egipto en el año 355 o 370 (las distintas fuentes mencionan  esas dos fechas dispares), era hija de Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo, que transmitió a su hija la pasión por estudiar y conocer lo desconocido. Estudió matemáticas, astronomía, oratoria, filosofía y las religiones que se conocían en la época. Y para mejorar sus habilidades como maestra, viajó a Atenas y Roma.

Enseñaba la filosofía de Platón y Aristóteles en su casa, que se convirtió en un centro de prestigio, al  que acudían estudiantes de todos los puntos del mundo romano, atraídos por su fama. Sus alumnos eran aristócratas paganos y cristianos, y muchos de ellos desempeñaban altos cargos. Entre los cristianos, estaba Sinesio de Cirene, su alumno predilecto y posteriormente obispo de Ptolemaida, con el que mantuvo una relación de afecto mutuo y un rica correspondencia.

Algunas fuentes afirman, sin que hasta ahora haya certeza documental, que se casó con otro filósofo llamado Isidoro, pero que se mantuvo virgen.

Además de enseñar, también escribía sobre geometría, álgebra y astronomía. Y se dedicó a innovar. Mejoró el diseño de los primitivos astrolabios, inventó un densímetro,  fabricó un destilador para medir el nivel del agua  y creó un artefacto antecedente del actual aerómetro.

Tras designarse el cristianismo como religión del Estado, los filósofos neoplatónicos empezaron a ser presionados para adoptar la nueva creencia, pero Hipatia no aceptó. Sin embargo, y pesar de su fidelidad al paganismo, contaba con la admiración y protección de las élites intelectuales cristianas, quienes, por su estilo de vida y su trabajo, la consideraban un modelo de virtud y a los que aconsejaba en asuntos políticos y municipales.

La destrucción de los templos paganos impulsada por el Patriarca de Alejandría provocó sangrientos disturbios entre paganos y cristianos. La convivencia se enrareció aún más por el conflicto entre el nuevo Patriarca Cirilo, que estaba en contra de los ritos paganos y de las ideas filosóficas neoplatónicas, y el prefecto imperial de Roma, Orestes, contrario al enorme poder del Patriarcado.

Al ser Orestes un exalumno de Hipatia, el conflicto político la salpicó. Empezó a circular el rumor entre los cristianos de que la causante de la fuerte hostilidad entre Cirilo, Orestes y la población judía -un  enfrentamiento que repercutía negativamente en los ciudadanos- era la influyente Hipatia. Exaltados los ánimos, en el año 415 o 416, un grupo de fanáticos, instigados posiblemente por el obispo, se abalanzó sobre la filósofa, mientras iba en su carruaje por las calles de Alejandría. La golpearon y arrastraron por la ciudad hasta descuartizarla. Hipatia tenía aproximadamente 60 años.

El crimen, que llenó de indignidad e impopularidad tanto a Cirilo como a la iglesia de Alejandría, se produjo en un contexto de hostilidad contra el decadente paganismo y a las luchas entre las distintas facciones del cristianismo. Previamente habían sido asesinados los obispos el arriano Jorge de Capadocia (m. 361) y el calcedoniano Proterio (m. 457).

Dada su fama, su asesinato supuso una conmoción y enfadó al emperador Teodosio II, quien ordenó castigar al intransigente Cirilo, tanto para hacer justicia como por ser un admirador de las enseñanzas filosóficas. La emperatriz Eudosia, su esposa, era una filósofa de origen ateniense.

Su terrible asesinato -afirman los historiadores actuales- fue un caso excepcional.  La escuela neoplatónica alejandrina siguió desarrollando sus actividades. Progresivamente se fue cristianizando y  floreció hasta el siglo VII.

Convertida en mito desde la época de la Ilustración, está considerada una mártir de la ciencia, ya que fue una gran matemática e inventora, que dedicó su vida al pensamiento y la enseñanza.  Simboliza también el fin del pensamiento clásico ante la popularización progresiva del cristianismo. También es un referente de mujer culta, libre, independiente y consecuente con sus ideas, por lo que muchas feministan la reivindican.

Gracias a su alumno el cristiano Sinesio y al hebreo Hesiquio de Alejandría conocemos su legado científico y filosófico, aunque no se haya conservado ninguna de sus obras.

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