Me quedé atónita hace relativamente poco cuando escuché que un estudio científico belga establecía que no era verdad, un mito que circulaba en Holanda y Flandes (Bélgica) del que, la verdad, no había oído hablar y que establecía que las personas de corta estatura y pelo moreno de estos países tienen estos rasgos por la “sangre española” que, supuestamente, los soldados españoles llevaron al país en la guerra de los Ochenta Años.

 

La “leyenda negra” retrata a los soldados españoles como “agresores sexuales extremos” que cometieron violaciones, robos y atrocidades a gran escala y eso se ha utilizado para asustar y engañar. En lugar de decir a los niños que viene el lobo se les decía que vienen los españoles.

 

No queremos negar aquí la brutalidad de las tropas españolas que la hubo y, por supuesto, injustificable, pero esta no fue ni más ni menos que la brutalidad que se producía entonces y no digamos también ahora cuando de conquistas, reconquistas o de guerras se trata.

 

Lo que me gustaría poner sobre la mesa en este esta entrada es algo con lo que siempre lidiamos los españoles y que, en mi opinión, no sabemos para nada gestionar y es el hecho de lo mal o incluso lo poco que nos defendemos cuando se meten con nosotros como país. Nosotros mismos nos recreamos en lo malo que hacemos y que tenemos y no ponemos en valor y defendemos a capa y espada todo lo bueno y los miles de cosas estupendas que tenemos, que son muchísimas más y que ya querrían otros países tener.

 

Nos pasamos la vida metiéndonos los unos con los otros, incluso con el de al lado sin piedad y sin razón, suspirando por todo lo bueno que nos parece tienen otros países, en vez de analizar objetivamente que somos uno de los países, casi me atrevería a decir el país del mundo donde se vive más feliz. No tenemos más que hablar con gente que ha vivido en medio mundo para darnos cuenta de todo lo que tenemos y que no valoramos: nuestras gentes, nuestra variada cultura, nuestros monumentos, nuestros paisajes, nuestro arte, nuestra comida, nuestro clima … y así podría estar enumerando mil cosas.

 

No admitimos que el de al lado nos diga ni nos critique lo más mínimo y, en cambio, cuando otros países hacen sangre e incluso mienten descabelladamente sobre nosotros no somos capaces de plantarnos y dar cumplida respuesta a estas injurias. La mayor parte de las veces basadas en una cochina envidia y en un afán de ocultar sus deficiencias resaltando nuestras faltas que ya saben que nosotros no haremos nada o casi nada.

 

Que el enemigo no está entre nosotros, que tenemos cosas excepcionales que muchos de fuera, con corazones limpios y fundamentos claros reconocen y admiran.

 

Empecemos a valorarnos y a respetarnos a nosotros mismos no permitiendo que los demás mantengan su hegemonía u oculten sus desaguisados desviando la atención hacia nosotros y veremos cómo se nos empieza a respetar realmente. Que todos sabemos que cuando alguien es débil la inmundicia humana hace que nos cebemos con él y en cambio si ven que no pueden contigo y encima esto está fundamentado en bases reales, como nos ocurre, nadie se atreve contigo.

 

Si España y los españoles nos pusiéramos  en nuestro sitio, sin complejos, seríamos casi invencibles.