Irène Némirovsky nació en 1903 en Kiev (Ucrania). Era judía, hija de uno de los principales banqueros de Rusia y de una madre con escaso instinto maternal. Hablaba ruso, polaco, inglés, alemán, sueco, finés y yiddish, además de francés, que era casi su lengua materna por ser el idioma que hablaba desde niña con su institutriz, y vasco, por sus veraneos en Biarritz.
Para escapar de la persecución de los bolcheviques y de las purgas de la revolución rusa que había puesto precio a la cabeza de su padre, en 1918 la familia escapó de San Petersburgo. Durante un año vivieron escondidos en Moscú. Como la persecución empeoraba, huyeron disfrazados de campesinos premiero a Finlandia y Estocolmo, y después a Francia. Allí, en el exilio, Irène, de 16 años, retomó sus estudios, se licenció en Letras en la Sorbona y comenzó a escribir. Su modelo era Turgueniev y, en sus obras, reflejaba una relación ambivalente con su origen judío. 
En la Francia de entreguerras
A los 23 años se casó con Michel Epstein, un ingeniero que trabajaba como banquero. Tuvieron dos hijas: Denise y Élisabeth.
A los 26 envió de forma casi anónima a una editorial su primera novela, David Golder, inspirándose en su familia. Posteriormente publicó El baile, sobre la evolución de una adolescente a la edad adulta y varias más. Las novelas fueron bien acogidas e Irène se convirtió en amiga de escritores y cineastas, como Joseph Kessel, Brasillach y Jean Cocteau.
Tras habérsele denegado la nacionalidad francesa y para escapar de los brotes antisemitas -de nuevo volvía a ser perseguida- decide junto a su familia convertirse al catolicismo y bautizarse. Aun así, las leyes antisemitas del gobierno de Vichy (el I Estatuto del Judío) la alcanzaron. Ella y su marido tuvieron que coser en sus ropas la estrella amarilla y no pudieron volver a trabajar ni publicar. Se refugiaron entonces en Issy-l’Évêque, donde ya vivían sus hijas junto a la familia de su niñera.
En 1942, Irène fue arrestada por la gendarmería francesa e internada en el campo de Pithiviers. Poco después fue deportada a Auschwitz, donde murió de tifus. Tenía 39 años. Ese mismo año, su marido también fue arrestado, deportado a Auschwitz y asesinado en la cámara de gas.
Sus hijas también fueron perseguidas. Durante un tiempo, sobrevivieron escondidas en un rincón de la alcoba de su maestra. Ayudadas por amigos de la familia, consiguieron huir a Niza, donde su abuela vivía en una gran mansión. Pero no las acogió y se desentendió de ellas.
Suite Francesa
Denise y Élisabeth guardaron siempre una valija con cosas de su madre. En ella aparecieron varios manuscritos inéditos, entre otros la Suite francesa. Concebida como una composición en cinco partes, solo le dio tiempo a escribir las dos primeras. Terminadas en 1942, no se publicaron hasta 2004. “Al principio no pude leer el manuscrito, explicó Denise. El dolor y la cólera me lo impedían”. En esos dos tomos refleja la ocupación nazi de Francia, el clima moral reinante, el desmoronamiento del orden social y la pérdida devastadora del mundo normal. Se trata de una denuncia implacable sobre la desaparición de la Francia que la acogió cuando tuvieron que huir del comunismo soviético. La obra, premiada en Francia, fue un gran éxito mundial. 
En 2014 Saul Dibb dirigió una película bélico-romántica bien construida pero, en mi opinión, fallida. La protagonizaron Michelle Williams, Kristin Scott Thomas y Matthias Schoenaerts. Lo más interesante: el papel de la mujer en la sociedad de 1942 y cómo afrontan la ocupación alemana -cada una de manera distinta- en un pueblo casi sin hombres, presidido por el miedo y el rencor, y donde bullen emociones contradictorias y sofocantes.


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