La vida de Isabel de Solís transcurrió en la segunda mitad del siglo XV. Fue coetánea de Isabel la Católica. Su padre, Sancho Jiménez de Solís, era el alcaide cristiano del castillo de la Higuera de Martos y comendador de esa población.  Huérfana de madre desde su nacimiento,  vivió una infancia tranquila, junto a sus nodrizas y cuidadoras. Se prometió en matrimonio con Pedro Venegas, un joven perteneciente a otra noble familia cristiana, los señores de Luque. De ella se decía que era una belleza muy rubia y de piel muy blanca.

Durante una de las frecuentes escaramuzas entre musulmanes y cristianos (razias), Isabel, que había salido del castillo con otras doncellas a coger flores, fue capturada como esclava por los nazaríes de Granada y llevada a la Alhambra. Tenía casi 17 años.

Primero fue vendida en el mercado de esclavos de Granada. Fue comprada por la sultana Aixa la Horra, la esposa favorita del rey Muley Hacén y madre de su hijo Boabdil. Este fue el último rey musulmán de Al-Andalus, ya que se  rindió ante los Reyes Católicos en 1492.

Un día, mientras la cautiva cristiana estaba lavando camisas, entró el monarca en el lavadero. Prendado de su juventud y su belleza,  se enamoró de ella, tanto que la compró a  su esposa Aixa.

En la Alhambra

En la Edad Media la historia se escribía en todas las culturas por y para los hombres. En el Islam medieval, la mujer debía permanecer en el espacio privado, recluida y nunca expuesta a los ojos de los demás, porque en su recato recaía el honor de la familia.   La historiadora Bárbara Boloix explica que  “existía una gran diferencia en derechos entre las esposas legales que tomaron los emires nazaríes (azway) (mujeres árabes y musulmanas nacidas en el propio seno de la familia nazarí), y las concubinas (ummahat al-walad) (mujeres extranjeras  obligadas a convertirse al Islam). Por su origen aristocrático, las primeras eran libres, ‘nobles’ (hurra).   Las segundas tenían que luchar e intrigar, para ascender en la pirámide social del ‘harén’”.

“La llave para alcanzar la libertad -continúa Boloix- era la maternidad: dar al sultán un hijo varón, un heredero”. Si lo conseguían, “pasaban a la categoría de libres y adquirían otros derechos”.

Una vez cautiva, Isabel se convirtió al islam y adoptó el nombre de  Fátima-Zoraida (Lucero del alba). El rey Muley Hacén se casó con ella y la convirtió en su esposa favorita, desplazando a Aixa.  La leyenda dice que Isabel también se enamoró profundamente del rey. Ojalá haya sido así, ya que no tenía otra opción que acudir a su lecho y satisfacerle cada vez que este la reclamara, le gustara o no.

A pesar de la suntuosidad y el lujo de la Alhambra, la vida allí no fue fácil para Zoraida. Con tantas mujeres para un solo hombre, las luchas para atraer la atención de Muley Hacén eran constantes. En el harén chocaron las dos favoritas: la esposa relegada, Aixa, y la recién llegada, Zoraida, más joven y hermosa.  La preferencia del rey por ella no solo provocó los comprensibles celos de  Aixa, sino también el rechazo de los abencerrajes, una de las principales familias nobles del reino nazarí e impulsores de la guerra civil que se desencadenaría poco después (1482 y 1489).

Poco a poco y por su influencia en las decisiones del rey, Zoraida empezó a desempeñar un papel cada vez más importante en el reino. Los recelos de Aixa aumentaron cuando tuvo dos hijos: Nasr ben Ali y Saad ben Ali, a los que consideró posibles rivales de su hijo, el primogénito  Boabdil, en la sucesión al trono.

Guerra civil en Granada

Por sus constantes intrigas y maledicencias,  Muley decidió expulsar a Aixa de la Alhambra, quien se instaló junto a Boabdil en una casa del Albaicín. Esto desencadenó conflictos y alianzas,  y desempeñó un papel significativo en la última guerra civil del Reino nazarí, que protagonizaron por un lado, Muley Hacén y su hermano Abdallah al Zagal, y, por el otro, Boabdil, quien se había rebelado contra su padre. Los abencerrajes eran partidarios de Aixa y de Boabdil.

Sintiéndose viejo y enfermo, el rey decide abdicar en su hermano El Zagal.  Esto enconó aún más a los partidarios de Aixa y Boabdil, y avivó la guerra civil.  Dada la difícil situación, en 1482 Zoraida parte hacia el exilio con su esposo y sus hijos.

De nuevo, en Castilla

Tres años después,   Muley Hacén muere. Zoraida  vuelve entonces a su cultura original y pidió el bautismo, al igual que sus hijos. La Iglesia aceptó que su anterior abjuración había sido forzada, para sobrevivir.  Pero el futuro no era  fácil para ella;  las esclavas liberadas no siempre podían recuperar su vida anterior, sobre todo si ya no eran vírgenes. El honor era muy importante y la mujer debía ofrecer una excelente reputación. Si no, otra posible opción era el convento.

Sus hijos adoptaron los nombres de Juan de Granada y Fernando de Granada. Fernando fue el cuarto marido de Mencía de la Vega. Juan  se casó con Beatriz de Sandoval y tuvo descendencia. No se conoce dónde ni en qué año  murió Isabel.

La historia de esta bella cristiana a merced de la historia, y de las intrigas y vaivenes de su tiempo ha inspirado ensayos y novelas. En 1837 Martínez de la Rosa publicó la novela histórica Doña Isabel de Solís, reina de Granada. Laurence Vidal  editó en 2000 Los amantes de Granada.  Y Brígida Gallego-Coinque escribió Isabel de Solís, Soraya,  publicada en 2010.

La torre de la Cautiva en la Alhambra se llama así en su recuerdo.

Más información: En wikipedia, RTVE, Mujeres en la historia, el Imparcial y El faro de Ceuta.

Era rey Muley Hacén
en la Granada sultana
y fue en tierras de Jaén
que en una de las batallas
que con frecuencia libraban,
en ésta ocurrió también
que los nazaríes cautivaran
a la hija del comendador
que Isabel de Solís, se llamaba.

La llevaron a la Alhambra
y al sultán se la entregaron,
y éste, al verla tan bella,
los ojos se le nublaron
y para enamorarse de ella
instantes no le faltaron
.
Simulando su intención,
en una torre de la Alhambra
en cautiva la convirtió.
Pasó un tiempo la dama
en su torre de prisión
hasta que la convencieron
y al Islam se convirtió.

Siendo ya mahometana
Muley Hacén la desposó
por ser tan bella y hermosa
en su favorita la convirtió.
Isabel de Solis, la Cautiva
y ya de nombre Zoraya,
de esta manera se convirtió
en sultana de Granada.

Aixa toda enfadada,
muy celosa y cabreada,
se alió con su cuñado,
también llamado El Zagal,
se apoyó en los albencerrajes
para a Muley Hacen destronar.