Elionor Manuel de Villena nació en Valencia en 1430. Su padre fue el poeta y marqués Enrique de Villena y Vega (1384-1434), emparentado con las casas reales de Castilla y Aragón.  Nacida de una relación extraconyugal y huérfana muy pronto, se crió en la corte de Alfonso V el Magnánimo, con su esposa la reina María de Castilla,  prima hermana de Isabel la Católica. María se hizo cargo de ella desde los 4 años y, a pesar de ser bastarda,  le dio la educación que se daba a las princesas reales.

Clarisa

Atraída desde niña por la espiritualidad y las letras, en 1445 decidió ingresar en el convento de la Santísima Trinidad de las Clarisas de Valencia, que había fundado la reina.  Tenía 15 años.  Allí eligió llamarse Isabel. Aunque vivía como monja de clausura, continuó manteniendo una estrecha relación con María de Castilla, quien tenía un espacio privado dentro del convento, para pasar ocasionales tiempos de retiro como una religiosa más, el Tocador de la reina. También mantuvo una fluida relación con el mundo literario valenciano, que la admiró por su profunda cultura y altura intelectual. Entre otros, trató con Jaume Roig, autor de Espill o Llibre de les dones (El espejo o Libro de las mujeres).  Jaume, que tenía una hija en el convento, era el médico de las monjas y se encargó de llevar las cuentas de las obras de este monasterio que había iniciado la reina María.

Con 43 años la comunidad la eligió abadesa, cargo que desempeñó hasta su muerte. El rey Fernando el Católico le entregó a su hija natural, María de Aragón, para que la cuidara y educara dentro de la clausura del monasterio.

Isabel optó por una vida de contemplación, espiritualidad y búsqueda de Dios. Se dedicó de modo especial al estudio de la Sagrada Escritura, reunió en su convento una completa biblioteca y, según las crónicas de la época, escribió una obra mística y varios  tratados sobre la vida religiosa.

Escritora y feminista

De todos ellos, se conserva la Vita Christi (Vita Christi de la Reverent Abadessa de la Trinitat ), que le ha supuesto reconocimiento universal, aunque no fue firmado por la autora.  Escrito en lengua valenciana, se trata de una narración biográfica y de contemplación sobre la vida de Jesucristo, pensada  para la formación de las monjas de su convento. El libro empieza con el nacimiento de la Virgen y termina con su asunción al cielo. Su originalidad estriba en que está escrita desde un punto de vista femenino. Se centra principalmente en las mujeres que rodearon la vida de Jesús: Santa Ana, la Virgen María y María Magdalena. Las presenta como mujeres, abuelas y madres normales, que participaron en la vida de Cristo con sentimientos humanos. También crea una serie de personificaciones femeninas de la Pureza, la Humildad y la Contemplación. Isabel  concibe la organización del mundo divino siguiendo las pautas de la corte real, en la que había transcurrido su infancia.

Aunque su objetivo era fomentar la devoción religiosa, Isabel incluye una defensa contundente de la dignidad de la mujer y rebate los tópicos de la literatura misógina, muy abundante en la corona de Aragón. Algunos estudiosos han defendido que la Vita Christi es quizá una respuesta elegante y firme a la misoginia del Espill o Llibre de les dones. La obra rechaza la consideración de la mujer que se tenía en la Edad Media y contraargumenta los tópicos misóginos.

“[…] Y quienes de las mujeres despotricarán caerán en mi ira, porque pensar pueden que mi madre es mujer que ha merecido a todas vuestras hijas gran corona, y les es una salvaguarda tan fuerte que nadie puede enojarlas sin a mí ofenderme mucho.”

Es probable que conociera la muy difundida Vita Christi de Ludolfo de Sajónia,  pero Isabel incluyó en su obra rasgos originales no demasiado ortodoxos. Prescinde de muchas de las noticias de los Evangelios canónicos e incluye relatos de las tradiciones piadosas, como la Leyenda áurea, y elementos de los evangelios apócrifos y de  los evangelios gnósticos, que se escribieron durante los dos primeros siglos del cristianismo y se prohibieron poco después.

El libro, que  llegó a tener más éxito editorial que el Tirant lo Blancs, se ha conservado  gracias a su sucesora, sor Aldonça de Montsoriu, que publicó la primera edición en Valencia en 1497 en la imprenta del alemán Lope de Roca, a instancias de Isabel la Católica.  La obra mística Speculum Animae (Espejo del Alma), fechada alrededor de 1760,  ha sido localizada recientemente en la Biblioteca Nacional de París.  El Tractat de la Passió (atribuido hasta hace poco erróneamente a Francesc Eiximenis) influyó en algunos de los intelectuales más reconocidos de su época, como Joan Roís de Corella, Bernat Fenollar, Pere Martínez, Miguel Peres y Jaime Peres (obispo auxiliar de Rodrigo de Borja).

Murió a causa de la epidemia de peste que asoló Valencia en 1490. Tenía 60 años. De ellos, pasó 45 en  religión y 27 como abadesa.

Su  dedicación a las letras fue excepcional en una mujer de su tiempo.  Fue una de las principales protagonista del ambiente cultural del Siglo de Oro valenciano. El convento de la Trinidad se convirtió en un cenáculo literario al que acudían los grandes poetas y escritores valencianos. La alta consideración en que aquellos intelectuales la tenían  se manifiesta en la cantidad de escritos que le dedicaron. Su obra está entre las creaciones más importantes de la literatura en valenciano y universal del siglo XV.  Y se enmarca en el protofeminismo español de ese siglo.

Más información: En wikipedia, Universidad Pompeu Fabra, Enciclopedia franciscana  y Universitat de Valencia.