Jenara Vicenta Arnal Yarza nació en Zaragoza, en 1902, dentro de una familia humilde, que eligió el estudio, la formación y la cultura como vía para superarse y progresar. Su padre, Luis Arnal Foz, también zaragozano, era jornalero. Con el tiempo, consiguió dedicarse a la reparación de pianos. Su madre, Vicenta Yarza Marquina, nacida en Brea (Zaragoza), se ocupó del cuidado de su familia, como la mayoría de mujeres del momento. Al morir sus padres, Jenara Vicenta, la mayor, tuvo que apoyar a sus dos hermanos, por lo que desde muy joven tuvo que trabajar. Sus hermanos también consiguieron despuntar. Pilar logró estudiar en París. Fue una reconocida pianista, que dio conciertos en el Teatro Real de Madrid. Pablo, aunque falleció joven, fue catedrático de Física y Química, y perteneció al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Maestra y química
Jenara estudió Magisterio en Zaragoza. En 1921 obtuvo el título de Maestra de Primera Enseñanza. Al año siguiente se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, para estudiar Ciencias Químicas. Se licenció en 1927 con sobresaliente y matrícula de honor en todas las asignaturas, y premio extraordinario. Su vida profesional, a la que dedicó todo su esfuerzo, se va a centrar en la investigación, su gran pasión, y en la docencia, como clave para mejorar la sociedad.
En 1926, empezó a trabajar como ayudante de clases prácticas, en la cátedra de Química Analítica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. También impartió la asignatura de Química inorgánica de primer curso. En 1927 fue contratada como auxiliar temporal de la cátedra de Electroquímica y Ampliación de Física.
Primera mujer doctora en química
En 1929 obtuvo el Grado de Doctor en Química. Jenara se convirtió así en la primera doctora en Ciencias Químicas de España. Más tarde también conseguirían doctorarse las catedráticas Ángela García de la Puerta y María Antonia Zorraquino. Ese mismo año, fue nombrada miembro de la Sociedad Española de Física y Química. Esto le permitió asistir a los actos organizados en 1933 en Madrid, con motivo de la visita de María Curie para ser nombrada miembro de honor de esa Sociedad.
A la vez, la calidad de su actividad investigadora la llevó a trabajar en otros centros, como la Escuela Industrial de Zaragoza, la Escuela Superior de Trabajo de Madrid y el Anstalt für Anorganische Chemie de la Universidad de Basilea, pensionada por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), que había impulsado José Castillejo y que dirigía D. Ramón Menéndez-Pidal. En Suiza investigó sobre la obtención electrolítica de los persulfatos de cinc y lantano. Los resultados de su trabajo fueron publicados en la revista Chimica Acta de ese país. También investigó sobre oxidaciones químicas producidas por la acción del flúor en corriente gaseosa.
Catedrática de instituto
Ese mismo año superó los cinco ejercicios de las oposiciones a cátedra de Instituto de Física y Química (fue la undécimo primera española en conseguirlo y la segunda catedrática de ciencias, tras Ángela García La Puerta). A partir de entonces, se dedicó a la enseñanza secundaria en institutos públicos, combinándolo con periodos en centros de investigación. Su primer destino fue el Instituto Nacional Femenino Infanta Cristina de Barcelona.
En 1932 consiguió que le ampliaran la beca de la JAE dos semestres más. Esto le permitió estudiar en la Technische Hochschule, de Dresde. De regreso a España, continuó en el Instituto Nacional de Física y Química de Madrid las investigaciones sobre Electroquímica que había empezado en Suiza y Alemania. Publicó “Estudio del potencial del electrodo de cloro y sus aplicaciones al análisis”, en Anales de la Sociedad Española de Física y Química y, en 1935, “La oxidación electrolítica”.
En 1933 se traslada a Calatayud, como catedrática numeraria del Instituto de Segunda Enseñanza. Posteriormente consiguió la cátedra de Física y Química en Bilbao. De allí, por concurso de traslado, pasó a Madrid. Estuvo adscrita al Instituto Velázquez.
Cuando estalló la Guerra Civil, el gobierno de la República la mantuvo como “disponible”, mientras llevaba a cabo una depuración del personal del Ministerio de Instrucción Pública, sin desempeñar ninguna función docente y cobrando dos terceras partes de su sueldo. A Jenara, dedicada de manera intensiva a la Ciencia, no se le conocía inclinación política. Esto le hizo no ser perseguida ni represaliada por ninguno de los dos bandos.
En 1937, sale de Madrid y se traslada a Francia. Desde allí decide regresar a la zona nacional. Se presentó ante la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado, la cual la reintegró a su cátedra de Bilbao. Como su deseo era seguir en la docencia y la investigación, solicitó trasladarse al Instituto Femenino Beatriz Galindo de Madrid. Aunque su plaza como catedrática seguía en Bilbao, en 1939 se le concedió su petición “por necesidades de la enseñanza y en carácter provisional”. En 1940 la Comisión de Depuración de Madrid la readmitió sin ninguna sanción como catedrática del Instituto Beatriz Galindo.
Jenara era una mujer amable y conciliadora, que generaba confianza y simpatía en sus compañeros, además de ser una buena gestora y una brillante investigadora. Por mayoría de votos, en las elecciones celebradas el 29 de abril de 1955, resultó elegida directora del Beatriz Galindo.
A la vez trabajaba también para el CSIC, formó parte del Instituto de Pedagogía San José de Calasanz… y colaboró en el Boletín Bibliográfico del CSIC y en la Biblioteca Auxiliar de Educación, con zartículos y publicaciones para los maestros e inspectores de Enseñanza Primaria. En todas sus contribuciones, dejó evidencia de la calidad y capacidad de divulgación de su pensamiento científico.
Como docente también destacó por sus ideas pedagógicas sobre la enseñanza de Ciencias Naturales, y de Física y Química. En el número monográfico de la revista Bordón de 1953, dedicado a la enseñanza de las C. Naturales, reflejó sus plateamientos. Defendía, por ejemplo, que la enseñanza de las ciencias fomentaba el desarrollo cultural del alumno: Le proporciona un conocimiento de la naturaleza, la base para continuar estudios de carácter científico y una disciplina mental, ya que implica observación, experimentación y estimación de resultados.
Reconocida por sus colegas internacionales
En 1947 asistió en Londres al Primer Centenario de la Royal Society y al XI Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada. Ese mismo año, la Dirección General de Enseñanzas Medias la envió a Japón, como Delegada de la Sección de Intercambios del CSIC. Posteriormente vivió en Japón dos años para ampliar estudios de química.
A su regreso a España, además de impartir conferencias, facilitó el intercambio de las publicaciones del CSIC con las de las Universidades y centros de alta investigación japoneses.
En 1953 asistió en Estocolmo y Upsala al XIII Congreso Internacional de Química Pura. Y participó en Viena en la reunión del Comité Internacional de Termodinámica y Cinética Electroquímicas.
Entre otras obras, publicó Física y Química de la vida diaria (1954 y 1959), Los primeros pasos en el laboratorio de Física y Química (1956) y Química en Acción (1959).
No tuvo hijos. En 1960 murió en Madrid a causa de un derrame cerebral, mientras se encontraba trabajando en su despacho. Tenía 57 años.
El Ministerio de Educación le concedió a título póstumo la Orden de Alfonso X el Sabio. Y uno de sus alumnos en Japón instituyó un premio con su nombre, para distinguir a los mejores alumnos y alumnas del último curso de bachillerato.
Más información, en Mujeres con ciencia, en wikipedia, Aragoneses ilustres y aquí.


Deja un comentario