Josefa Amar y Borbón fue una erudita y feminista aragonesa de la Ilustración. Defendió la educación y la dignidad femeninas, y tradujo numerosas obras científicas y sociológicas sobre la igual capacidad de la mujer y el hombre.
Nació en Zaragoza en 1749. Su padre, un hombre culto e ilustrado, fue médico de cámara de Fernando VI y de Carlos III, y catedrático de anatomía. Su bisabuelo materno, Felipe Borbón, fue un famoso médico y profesor universitario, autor de la Medicina doméstica, publicada en 1686. Su abuelo, Miguel Borbón, fue cirujano en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, catedrático y médico de Fernando VI.
Tuvo seis hermanos y cinco hermanas. Aunque hasta entonces la tradición profesional de la familia había sido la medicina, la mayoría de sus hermanos fue, sin embargo, militar.
Al ser llamado su padre a la Corte, la familia se trasladó a Madrid. Tanto en Zaragoza como en Madrid, Josefa recibió una formación humanística muy completa. Dominaba el latín, griego, francés, italiano e inglés. Sus preceptores fueron: Rafael Casalbón, un gran helenista y bibliotecario real, y Antonio Berdejo, presbítero, miembro de la Sociedad Económica Aragonesa y también un gran experto en lenguas clásicas. Conocía las obra de los ilustrados franceses y la de John Locke, entre otros. Evolucionó de ser una ilustrada avanzada a ser una rotunda liberal.
A los 23 años se casó con Joaquín Fuertes Piquer, un viudo de 47 años, sobrino de otro famoso médico aragonés, Andrés Piquer, amigo del conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla. Cuando obtuvo una plaza como alcalde del crimen en la Audiencia de Aragón, el matrimonio regresó a Zaragoza. Allí Josefa desarrolló su trabajo intelectual.
Tuvieron un hijo, Felipe, que fue oidor en la Real Audiencia de Quito. Fiel a su país y a la corona, se enfrentó al movimiento independentista de la oligarquía quiteña. Fue abatido y murió en 1810. Tenía 35 años.
Miembro de la Real Sociedad Económica Aragonesa
A imitación de Francia, los salones dirigidos por mujeres aristocráticas eran tertulias donde se opinaba y debatía, a la luz de la razón y la crítica, sobre numerosos temas, incluidos los científicos. Las mujeres de cierto nivel económico «salían a la calle, a enterarse, a participar en todo lo permitido y a leer». Por tanto, se incorporan a las academias y a las sociedades ilustradas.
En 1782 Josefa ingresó en la Real Sociedad Económica Aragonesa. Fue la primera mujer que lo consiguió. En 1787, accedió a la Junta de Damas de Madrid, vinculada a la Real Sociedad de Madrid y también fue miembro honorario de la Real Sociedad Médica de Barcelona.
Desde que ingresó en esas Sociedades, Josefa colaboró activamente en proyectos de formación, asistenciales y de caridad, y en numerosas actividades intelectuales y políticas. Su feminismo fue más avanzado y radical que el de la traductora y poeta ilustrada amiga suya, Margarita Hickey. Uno de los ejes de sus ensayos fue la defensa de la capacidad de las mujeres para las letras, las ciencias y para desempeñar numerosas actividades políticas y sociales.
Ensayista y traductora
Su conocimiento de lenguas le permitió traducir numerosas obras, la mayoría de ellas científicas. Entre otras, los seis tomos del Ensayo histórico-apologético de la literatura española contra las opiniones preocupadas de algunos escritores modernos italianos del abate Francisco Javier Lampillas contra Girolamo Tiraboschi. Añadió a su traducción un Índice de autores y materias. Esta traducción le abrió las puertas de la Sociedad Económica, como socia de mérito.
Para apoyar la creación de la Junta de Damas de Madrid, que fue precedida de una gran controversia, Josefa publicó Discurso en defensa del talento de las mujeres, y de su actitud para el gobierno, que se publicó en la revista Memorial Literario. A través de 34 puntos, expuso la gravedad que suponía para el desarrollo real de España el seguir rechazando la instrucción femenina.
“Ninguno que esté medianamente instruido negará que en todos tiempos y en todos los países ha habido mujeres que han hecho progresos hasta en las ciencias más abstractas. Su historia literaria puede acompañar siempre a la de los hombres porque, cuando éstos han florecido en las letras, han tenido compañeras e imitadoras en el otro sexo”.
«No contentos los hombres con haberse reservado, los empleos, las honras, las utilidades, en una palabra, todo lo que pueden animar su aplicación y desvelo, han despojado a las mujeres hasta de la complacencia que resulta de tener un entendimiento ilustrado»
La Sociedad de Amigos del País de Zaragoza le encargó la traducción del Discurso sobre el problema de si corresponde a los párrocos y curas de aldea instruir a los labradores en los elementos de la economía campestre, acompañado del plan de Francesco Griselini.
Feminismo de la igualdad
En 1783 escribió una Aritmética española y tradujo el Diario de Mequínez. También escribió Importancia de la instrucción que conviene dar a las mujeres, impreso en Zaragoza en 1784, del que desafortunadamente no se conserva ningún ejemplar.
En la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País defendió la independencia y dignidad de la mujer. Para ello, había traducido uno de los libros europeos más famosos sobre el tema, Essays Moral and Literary de Vicesimus Knox (1778). Escribió varios discursos que pronunció entre 1786 y 1790: Discurso en defensa del talento de las mujeres (1786), Oración gratulatoria . . . a la junta de Señoras (1787) y Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790). En todos estos defiende el feminismo de la igualdad: el cerebro no tiene sexo y la aptitud de las mujeres para el desempeño de cualquier función política o social es exactamente igual, por naturaleza, a la de los hombres. Si existe alguna diferencia se debe a la diferente educación recibida e incluso a que no se dé a la mujer ninguna educación.
Con todos sus escritos, lo que en verdad defendía Josefa era un nuevo orden social, en el que la mujer pudiera ocupar un puesto igualitario.
Trabajo y escribió incansablemente hasta la muerte de su esposo en 1798, cuando tenía 72 años. Después paró y llevó una vida retirada. Murió olvidada en 1833. Tenía 84 años.
Más información, wikipedia, ABC historia, Mujeres en la historia, Enciclopedia aragonesa, Mujeres literatas.

Deja un comentario