Katharine Burr Blodgett fue una neoyorquina que dedicó su talento a la investigación científica industrial, abriendo puertas a la mujer en la industria y en la ciencia.

 

Nació en 1898 en Schenectady, Nueva York, EE.UU. Su padre fue un prestigioso abogado que dirigía el departamento de patentes de la General Electrics Company. Un mes antes de nacer Katharine, fue asesinado a tiros por un ladrón que entró a robar en su casa.  Tres años después, la familia se trasladó a Francia.

A los 14 años regresó a Nueva York. Katharine se matriculó en la Escuela privada Rayson, que ofrecía la misma educación a chicos y chicas, algo muy infrecuente en aquella época. Allí destacó por la manera creativa con la que resolvía problemas complejos. A los 15 años,  ganó una beca para el Bryn Mawr College (Pensilvania), un centro privado femenino donde obtuvo el título de Bachiller en Física.

Decidida a dedicarse a la investigación científica,  solicitó visitar la antigua empresa de su padre,  General Electric. Allí conoció al investigador químico Irving Langmuir, quien sería uno de los científicos que más influencia tendría en ella.

A los 18 años, se matriculó en la Universidad de Chicago y un año después obtuvo su título de Máster. Como quería dedicarse a la investigación industrial, eligió como tema de tesis: La estructura química de las máscaras de gas. En aquel momento era un tema de actualidad. Estaban viviendo la Primera Guerra Mundial y las tropas se protegían contra los gases venenosos con máscaras de gas. Katharine descubrió que casi todos los gases venenosos pueden ser adsorbidos por moléculas de carbono. Con 21 publicó en la revista Physical Review un artículo sobre su investigación.

Poco después fue aceptada para hacer un doctorado de física en el laboratorio Cavendish de Sir Ernest Rutherford.  Se convirtió así en la primera mujer en obtener un doctorado en física por la Universidad de Cambridge.  Su tesis trató  sobre el comportamiento de los electrones en el vapor de mercurio ionizado.

Investigadora industrial

Por fin entró en General Electric como investigadora científica. Tenía 22 años y era la primera mujer que lo conseguía. La coyuntura histórica le resultó favorable, debido a la escasez de investigadores masculinos a causa de la guerra. Pero su carrera como investigadora, que pudo desarrollar debido a su talento y compromiso con el trabajo, fue una excepción. El mundo de la ciencia daba escasísimas oportunidades a las mujeres, debido a que, en su opinión, no compensaban los costes de invertir en ellas, ya que en general se casaban y tenían hijos.

Junto con Langmuir, que había trabajado con su padre, Katherine investigó los recubrimientos monomoleculares diseñados para cubrir superficies de agua, metal o vidrio.

Cristales transparentes

A los 35 años desarrolló un método para medir el grosor de las finas películas monomoleculares y cinco años después creó un sistema para hacer vidrio no reflejante. En 1938 registró su método con la patente #2,220,660, con el nombre Film Structure and Method of Preparation. Durante muchos años fue utilizado por toda la industria para realizar cristales transparentes: lentes oftálmicas, telescopios, cámaras, parabrisas, pantallas de televisión y de ordenadores… La película Lo que el viento se llevó (1939) fue la primera que usó en cámaras y proyectores estos cristales invisibles,  empleados también en periscopios de submarinos, telémetros y cámaras aéreas durante la Segunda Guerra Mundial.

A partir de ahí, llegaron los reconocimientos. La invención del cristal invisible le proporcionó cierta popularidad mediática por el hecho inusual de ser una mujer científica:  Fellow of the American Physical Society, National Inventors Hall of Fame, medalla Garvan–Olin de la American Chemical Society…  Durante su trabajo profesional patentó 8 patentes en EE.UU. y 2 en Canadá. Y publicó 30 artículos de investigación. Fue la primera mujer en recibir la medalla Progress de la Photographic Society of America. Y fue reconocida con el Achievement Award of the American Association of University Women.

A los 65 años se retiró de General Electrics, tras 45 años de carrera profesional. A partir de ese momento, se dedicó a sus aficiones favoritas: actriz en un grupo de teatro, jardinería, astronomía y voluntariado en organizaciones benéficas, como la Sociedad de Ayuda al Viajero.

No se casó ni tuvo hijos. Murió en 1979. Tenía 81 años.

Más información en Mujeres con ciencia, Oficina española de patentes y marcas  y en Wikipedia.