No puedo evitar hacer una  reseña, que posiblemente desarrollaremos en alguna entrada posterior cuando estudiemos más afondo la  sentencia del Tribunal Constitucional, que acaba de determinar que el que el permiso de paternidad sea inferior que el de maternidad no es discriminatorio para el padre.

No me puedo creer el revuelo que ha creado esta sentencia para mí de todo punto lógica, justa y adecuada a la situación real que se produce cuando tenemos un hijo.

Concuerdo totalmente con los magistrados cuando dicen que la maternidad, el embarazo y el parto son realidades biológicas diferenciadas de obligatoria protección, que se refieren a la protección integral de las madres. “De ahí, que las ventajas que se determinen para la mujer no pueden considerarse discriminatorias para el hombre”, obvio. Las mujeres tenemos una clara realidad biológica diferencia en esos tres estados por los que pasamos cuando vamos a tener un hijo. Lo que realmente me deja perpleja y atónita es que la magistrada, justamente la magistrada, se oponga al fallo porque considera perpetua la discriminación de la mujer.

Así que, para acabar con la discriminación que sufre la mujer a nivel laboral, hay que otorgar a los demás, en este caso los hombres, una serie de derechos que les igualen con los de la mujer cuando su realidad,  en este caso, es totalmente diferente. Precioso, no se intentan cambiar las cosas y proteger las situaciones para que la mujer pueda tener hijos y estar con ellos un período prudencial, más bien corto diría, que además necesita para recuperarse, sino que se quiere que se otorgue el mismo derecho a los hombre para que la mujer se incorpore cuanto antes a su vida laboral aunque no se encuentre bien, su hijo la necesite, porque ha estado en el vientre materno obviando los miles de estudios que  demuestran que es necesaria la recuperación y que el contacto  del bebe con la madre en esos primeros meses de vida es fundamental para su desarrollo.

Por ahora, no sé en un futuro sinceramente, creo que tampoco, pero que yo sepa  el hombre ni se queda embarazado,y por lo tanto, ni pasa por  los nueve meses que pasamos las mujeres en cada embarazo y todos los avatares que el mismo conlleva, ni pare a los hijos y, por tanto, no sufre ni los cambios hormonales que sufrimos, que nos hacen ser una verdadera montaña rusa, ni se tienen que recuperar de puntos, subida de la leche, malestar, depresión postparto, etc etc, ¿o es que si?

Me parece increíble que, en lugar de adaptarse la sociedad a una circunstancia tan beneficiosa para todos como es traer hijos al mundo y proteger esa articulando mecanismos lógicos para ello, se retuerza y se entienda que mejora dando derechos a los demás que, lo único que se conseguiría es reducir el derecho de la mujer.

Qué casualidad que cuando se va a hacer algo en favor de la mujer casi siempre viene acompañado de otras cosas también importantes que hacen que al final el objetivo quede desdibujado.

Sin ir más lejos cuando se promulgó la ley de igualdad, porque era evidente que había y sigue habiendo una flagrante desigualdad entre los hombres y las mujeres, no se pudo hacer solo una ley para nosotras, sino que incluyeron otros temas tan legítimos y dignos de protección como ese. Pero todos sabemos que, al final, cuando metes muchas cosas en el mismo saco lo que acabas haciendo, es desdibujar este objetivo que se pretende proteger y, casualidades de la vida, casi siempre ocurre con temas que atañen a las mujeres.

Pero es que no aprendemos. Que igualdad no supone dar derechos a otros, que al final se va a traducir en menoscabar los derechos que ya teníamos, en este caso, por nuestra situación biológica de madres. Insisto, lo que tiene que protegerse es la situación misma y dejar que las mujeres disfruten de una merecida recuperación y de unos meses con sus hijos a los que han llevado nueve meses en su seno y, en todo caso, como sucede con la prelación de los apellidos, pero al contrario, lo que se podría hacer, si hubiera discrepancia, es hacer prevalecer la decisión de la mujer.

¿La prevalencia solo se da en unos casos y en otros no? y ¿por qué? Que no estamos en contra de que, si es la mujer la que quiere que el permiso lo disfrute el hombre, porque es opción suya y así se siente más cómoda, que lo haga porque ella lo decide, no porque la vayan a echar de un trabajo, porque el estado no sabe arbitrar los mecanismos para proteger una situación que todas las que hemos sido madres sabemos no supone tanta pérdida, casi diría que no supone nada, y menos en este mundo digital con el que nos llenamos la boca. Que nos parece otra excusa para seguir sin hacer realmente nada efectivo.

Por favor, no nos metamos en ese jueguecito y que no seamos las mujeres las que, imbuyéndonos del mundo eminentemente masculino, nos inmolemos y estemos dispuestas a perder cosas para ganar no se sabe qué. Lo que tenemos es conseguir nuevos derechos y que las cosas se empiecen a adaptar a nosotras y nuestras realidades, que para beneficiarse de todo lo nuestro bien que corre todo el mundo.