Hace unos años iba a un supermercado cercano a casa a hacer la compra semanal. Llegaba los viernes sobre las 4 de la tarde con la lengua fuera. Era la única hora y el único día casi que podía hacerla antes de llegar a casa y caer rendida en el sillón.
En la carnicería entró un chico con un carácter muy huraño. Tenía el ceño permanentemente fruncido y, aunque parecía un buen carnicero, también parecía que estaba enfadado con el mundo. Como me gusta hablar con todos, porque soy de las que creo que de todas las personas puedo aprender algo, mientras le iba pidiendo lo que necesitaba, empecé a preguntarle qué tal le había ido la semana, le comentaba lo buenos o lo malos que me habían parecido los filetes, con un cierto humor para que no se ofendiera y, aunque a veces me ponía muy nerviosa porque nunca te miraba a la cara, vi que poco a poco se iba abriendo y cada vez era más simpático, de tal manera que, sin que yo se lo dijera, me guardaba todas las semanas una pieza de carne estupenda que no suelen darle a nadie.
Enseguida me di cuenta de que cada vez era más simpático. Se sentía valorado y no como un simple carnicero al que llega la clienta estresada y con la lengua fuera y le pide cuatro cosas sin reparar en ningún momento en la persona que hay detrás y que también lleva todo el día trabajando.
Esto que es solo una anécdota sirve para introducir un concepto que cada vez cobra más importancia y que procuro tenerlo como leiv motiv de mi vida: intentar reconocer la valía de la gente, igual que me gusta que me la reconozcan a mí.
Ser valoradas, y consecuencia de ello sentirnos valiosas es especialmente importante para nosotras y para todos. Desde que somos pequeñas, consecuencia de varios factores, como la educación, el perfeccionismo o que nunca consideramos que lo que hacemos esté suficientemente bien, provoca que a veces nos sintamos inseguras. Por eso que haya personas que nos valoren produce en nosotras un efecto casi mágico y u sentimiento motivador.
A veces incluso he hecho una especie de pequeña prueba sociológica. He intentado hacer sentirse valiosos incluso a aquellos que parece que están para fastidiarte y complicarte la vida y he comprobado que haciendo que se esas personas se sientan importantes acaba cambiando su relación con nosotros. Incluso nos dejan en paz.
De todas maneras, valorar a alguien no significa ser una pelota impresentable ni estar todo el día halagando a los demás para conseguir lo que queremos, sino reconocer lo bueno que tenemos todos.
El que nos sintamos valorados por los demás tampoco significa que tengamos que ir buscando el reconocimiento de todo el mundo y que en cada momento nos digan lo fabulosos que somos, lo bien que hacemos las cosas y lo que nos merecemos todo, porque eso al final, como el tema de los likes, de los que hablamos en otra de nuestra entradas, nos acabará haciendo inseguros y la inseguridad nos lleva al miedo y el miedo a la paralización y a la imposibilidad de avanzar.
La madre de una buena amiga siempre le dice a su hija que es una persona segura de sí mima a la que, en general, aunque le afectan las críticas, porque nadie es de piedra no le hace disminuir su autoestima, porque tiene un marido, que sin ser pesado o picajoso, siempre le hace, de forma directa o indirecta, saber lo que vale.
Tenemos que ser conscientes de que en nuestra vida tiene que haber un equilibrio entre centrarnos solo en nosotros y hacerlo solo en los demás. Si nos centramos excesivamente en nosotros mismos, seguramente, en lugar de centrar nuestra atención en lo que nos dicen los demás acabaremos resultando petulantes y egocéntricos, mientras que si nos interesamos en las cosas que hacen los demás y les preguntamos y ven que no es un mero trámite, sino que ponemos interés en lo que nos están contando, lograremos mucho mejor captar su atención y una mejor relación entre ambos.
Todos los seres humanos desde que nacemos necesitamos sentirnos valorados y queridos Crecer en ese entorno nos hace personas mucho más seguras, potencia nuestra autoestima y hace personas mucho más felices.
Sentirse valorado y valorar a los demás nos reconcilia con el mundo y con nosotros mismos. Todos aquellos que sean capaces de actuar siguiendo este principio tendrán mucho más éxito y se convertirán en personas seguras y de fiar. Todos sabemos los estragos que contra uno mismo, pero sobre todo contra los demás, origina el ser inseguro aunque lo ocultemos bajo una apariencia de lo estupendo que soy. Enseñemos y aprendamos con el ejemplo que no hay forma mejor de avanzar.
Parafraseando a Jorge Bucay “Solo si me siento valioso por ser como soy puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero”
¿Será por eso que hay tanta mentira?

Interesante reflexión que comparto en la teoría y en la práctica. Mi camino por la vida también transita con esa actitud . Me ha alegrado encontrar a alguien que lo vive de la misma manera que yo. Gracias
ME ENCANTATO LEER ESTE BLOG ES MUY INTERESANTE ALMENOS ME AYUDO PARA LA TAREA DE MI HIJO
PERO FUY LEYENDO UN POCO MAS Y ME PARESIO MAS INTERESANTE COMO DIARIO DE CUARENTENA HERMANA MAYOR MUY INTERESANTE .