La Madreña es un restaurante asturiano que tiene tres sedes en Madrid. Hace poco cené en el situado en el número 78 del Paseo de la Castellana. Es el último que se ha abierto hace poco más de un año. Parece quiere convertirse en el buque insignia y referente de los otros dos que existen en Madrid.
El primer restaurante de la Madreña se abrió en el año 2000. Se inició como un proyecto más sencillo. Sus artífices son un matrimonio procedente de Cangas de Narcea. Nació con el objetivo de retomar los sabores de su infancia poniendo máximo cuidado en la calidad de los productos.
Tiene aparcacoches, cosa bastante cómoda para restaurantes situados en el cogollo de Madrid donde aparcar es muy complicado.
El restaurante de La Madreña de Castellana está situado en un local bastante grande, de aspecto clásico, con una estética muy cuidada, sin estridencias. Decorado en colores cálidos, pero iluminado suficientemente para ver bien los platos. En ciertos restaurantes imponen una luz tan baja que al final casi no sabes lo que estás comiendo, cosa que incomoda a bastante gente. Desde que entras resulta acogedor.
Te atienden estupendamente desde el principio. Los camareros son muy profesionales y están pendientes de ti en todo momento.
Éramos diez por lo que cenamos en una especie de reservado, al fondo a la izquierda. Independiente, sin ser una habitación separada. Un espacio separado con una mesa rectangular con asientos cómodos. La única pega que pondría es que hacía un poco de frio.
En cuanto a la comida, para compartir, como asturiano que es y aunque era de noche, dado que además estaban en la semana de la fabada, no quisimos perdernos el plato típico de Asturias. Pedimos dos fabadas asturianas. Cosa de agradecer es que, aunque dos fabadas para 10 tampoco daban para mucho, a cada uno nos pusieron un plato y ellos mismos lo sirvieron. Gustó bastante. Aunque no soy una admiradora de la fabada, me pareció que estaba buena y suave, más suave de lo que suelo esperar de una fabada.
También compartimos dos raciones de chorizos a la sidra, típicos también de la zona, y dos raciones de alcachofas con jamón, por ser época de las mismas. Ambos platos nos gustaron mucho.
De segundo, varios pidieron el famoso cachopo. Yo probé un poco del clásico, y me pareció sabroso, buena carne y un rebozado adecuado. El cachopo es una ración considerable pero tampoco tan grande que casi te causa rechazo antes de comerla.
En cuanto a los pescados, tres compartimos un lenguado. En este punto, la ración me pareció un poco escasa para el precio por ración, 25 euros, porque al final fue un lomo para cada uno de la parte más gruesa del lenguado y dos lomos para otro. El bacalao sobre cama de callos y el pitxin al horno gustaron mucho. Todas las raciones de pescado costaron 25 euros.
Finalmente compartimos dos arroces con leche y dos tartas de queso. La tarta de queso, aunque rica, las he probado mejores en otros sitios, por ejemplo, en Cañadío, del cual os hemos hablado en otra entrada.
Luego pedimos cafés y tés y alguna copa. Pagamos 55 euros por persona. La media normal en este tipo de restaurantes.
Aconsejable para ir y disfrutarlo por lo menos una vez. Todo estaba rico, bien preparado y presentado. Y el trato, exquisito.

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