Las entradas que escribimos en esta sección habitualmente están basadas en nuestra experiencia de lo vivido, de lo observado, de nuestro día a día porque, nada mejor que la observación detenida y sistemática de las cosas, para establecer verdaderas teorías sobre todo.

Una de esas cosas que, no por ser habitual en nuestro día a día, deja de sorprendernos, aunque muchos no se quieran dar cuenta de ello, a pesar de lo obvio de la situación es la que podríamos llamar realidad que incluso calificaría de incontrovertible de que, en la mayor parte de los casos, cuanto mayor es la eficiencia de la persona, menor capacidad de ascenso y de promoción tiene y en eso, las mujeres nuevamente se llevan la palma.

En un mundo todavía muy masculinizado, las mujeres tienen que hacer las cosas el doble de mejor para que se las reconozca la mitad de su valía. Y aunque pensemos que las cosas están cambiando, no lo hacen y nos tememos que no lo vayan a hacer, a la velocidad y con la rapidez, que deberían.

Desde pequeñas, las mujeres maman que las cosas tienen que estar bien hechas. Si no están bien hechas es como si no estuvieran hechas, como rezaba una de las máximas del decálogo de una empresa muy conocida, frase que luego se terminó olvidando. En ese momento muchos se preguntaron por qué.

El que las mujeres se pasen la vida esforzándose por hacer las cosas bien, en el colegio, en sus estudios, en su casa, como madres, como esposas, y no digamos, como trabajadoras, aparte de suponer un gran esfuerzo, como tantas y tantas cosas que hacen las mujeres, además supone un gran perjuicio.

Ejemplos de estos a cientos, porque ¿quién va a querer sustituir a alguien que se esfuerza a diario para tener las cosas listas, preparadas y de la mejor manera posible?, aunque en ello se le vaya la vida, pues claramente nadie. Si las mujeres son las perfectas segundas, porque ponerlas las primeras.  No en vano uno de los dichos de mayor predicamento es detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y detrás de una mujer ¿qué hay? Pues yo diría hay tantas y tantas cosas que resulta imposible casi enuméralas, ítem más, si nos ponemos a pensar en ello casi podríamos enloquecer como el ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha. El enloqueció por leer tantas novelas de caballería pues, siempre he pensado que, en el caso de las mujeres, si analizáramos todo lo que hay detrás de ellas casi se perdería el oremus, la razón. Como diría aquel, es mejor dejar que las cosas sigan fluyendo como hasta ahora. Con ese devenir tan inconveniente para ellas y  tan conveniente para ellos.

Experiencias a miles. ¿No os suena? la perfecta trabajadora que siempre va ayudando a unos y a otros para que los asuntos se cierren, no en falso, sino de forma adecuado. Esa que pregunta, pone en relación a unos con otros, llama, hace el trabajo de aquellos que se tiran al monte, que se extralimita, no para quitar el puesto a nadie, sino para hacer el trabajo que los otros no han hecho, con tal de solucionar las cosas. Esa que se deja la piel en el día a día para acabar a tiempo y cumplir con los plazos pactados que, como es obvio no tiene tiempo ni para rechistar. Quien no va a querer eso, eso es un chollo.

A estas mujeres que dedican sus energías a llevar las cosas adelante no les queda tiempo ni energía para tomarse un café con el jefe, o ir a la famosa charla que da alguien de enjundia, aunque no aporte nada concreto al trabajo, pero a la que queda de lujo ir. Esas mujeres que se pueden dar con un canto en los dientes si logran comer, como van a pensar en estar todo el día de comidas con unos y otros y, por supuesto, esas que no pueden apuntarse a cursos y conferencias que son donde descaradamente se realiza el famoso networking necesario para ascender posiciones, porque literalmente no les da la vida.

Pero quien se va a preocupar de cambiar una situación tan ventajosa cuando esas mujeres llevan haciendo el trabajo de una categoría o varias superiores al puesto y al salario que se las paga. Si eso es una maravilla para quienes obtienen esos frutos. Para que ponerlas en el puesto que les corresponde y darles el salario que cobran sus compañeros hombres. Pero quien va a querer dejar de tener no ya duros a pesetas sino brillantes a precio de plata.

Y ante eso que deben hacer las mujeres ¿Qué deberían hacer? ¿Qué creéis?  volverse cutres y poco perfecionistas, empezar a hacer las cosas para salir del paso, de manera poco seria, pero dándose un autobombo como si estuvieran poniendo una pica en Flandes, lo cual les daría tiempo para hacer todo aquello que dejan de lado por hacer lo que deben, metiéndose en esa dinámica que cada vez nos envuelve más, o persistir en el empeño y, contra viento y marea, seguir tirando de los carros hacia delante, esperando que, algún día a alguien le ilumine el Espíritu Santo y les lo que les corresponde.

¿Vosotras que creéis? Siguen dando todo por la patria o, como quien no quiere la cosa, se dejan imbuir por la máxima, no importa mucho lo que haga sino como se lo venda a los demás y, sobre todo, como lo de y me dé a conocer. Aunque claro en el caso femenino hay que tener cuidadito. Si se venden  excesivamente acaban tachándolas de ambiciosas , egoístas e insoportables y, si actúan de forma más sibilina, de que están utilizando armas de mujer. ¡Señor! ¡Si es que no tienen escapatoria! Vamos, que al final va a tener razón mi madre con eso de que Hagas lo que hagas, te arrepentirás”.