¿Por qué las mujeres no triunfan en la empresa como en la universidad?  Es  el título de un artículo publicado en un periódico digital.  El subtitular decía “El buen rendimiento en los estudios no garantiza una carrera de éxito. Las mujeres que se incorporan al mercado empresarial necesitan desarrollar capacidades más allá del tesón y el trabajo duro”.

El artículo afirmaba que, aunque las mujeres obtienen en líneas generales mejores resultados académicos que los hombres, mejor nota media y terminan el grado a tiempo y con menos abandono de la carrera, su tasa de inserción laboral, la calidad del empleo, la tasa de paro y el salario medio son notablemente peores que los de los hombres. Y, finalmente, solo un veintitantos por ciento conseguían ser directivas.

También defendía que, si no llegan a esos puestos, no es por su falta de ambición ni de capacidad, porque la aspiración de las mujeres de alcanzar puestos directivos es similar a la de los hombres,  aseveración con la que estoy totalmente de acuerdo.  Aunque los buenos resultados en los estudios denotan características muy importantes para el mundo de la empresa: disciplina, orden, tesón, compromiso…  ¡lo que debe buscar una empresa!, las mujeres siguen creyendo que trabajando duro llegarán a alcanzar esos puestos. Pero eso no es suficiente en el mundo de los negocios. Al principio de nuestra actividad en una empresa pensamos que, trabajando muy duro y demostrando nuestra valía, progresaremos, pero enseguida  la realidad nos hace darnos cuenta de que no es así.

Como las mujeres somos bastante listas, aunque no estemos todo el día tirándonos flores ni “vendiéndonos”, (“Dime de  qué presumes y te diré de qué careces”),  las que estamos curtidas en la batalla sabemos que en el mundo de la empresa no vamos a alcanzar puestos directivos simplemente trabajando duro y bien durante toda la jornada. Muy al contrario, a nuestro pesar no tardamos en darnos cuenta de que cuánto más duro trabajemos y menos hagamos networking, pasilleemos, intriguemos o nos visibilicemos…, menos progresaremos.

Nos hablan repetidamente de que deben llegar los mejores, frase de poco sentido y ninguna aplicación real.  Con la famosa expresión “los mejores“, mucha gente se llena la boca para sugerir que no tiene que haber discriminación positiva que potencie a la mujer. A eso yo contesto, y no he logrado ninguna respuesta unánime, ¿quiénes se supone que son los mejores?  Para la empresa, los mejores no son los que más trabajan, se esfuerzan, se comprometen u obtienen los mejores resultados, sino los que se muestran muy seguros y “venden” con mil habilidades su alta valía, aunque no sepan hacer la o con un canuto, y a lo que se dedican en realidad es a moverse entre las altas jerarquías como peces en el agua, haciendo o más bien explotando el famoso networking.

Parece que lo que tendríamos que hacer las mujeres es desarrollar estas capacidades al mismo nivel que los hombres, para mejorar sustancialmente nuestras probabilidades de promoción en las empresas.

Al final, en lugar de ser conscientes de que el sistema está viciado y de buscar fórmulas para cambiarlo y mejorarlo,  -ya que lo que debería primar es el trabajo bien hecho y de calidad, el esfuerzo, la dedicación y las buenas ideas, y de forma mucho más accesoria y secundaria otros condicionantes-  hay que enseñar a las mujeres la importancia del networking, de publicitar sus logros y  “vender” sus resultados, y de  luchar para “asegurar la neutralidad en la promoción en los primeros escalones de responsabilidad e igualdad de esas oportunidades”. Y yo añadiría “no solo en los primeros, porque el salto a los segundo es casi siempre una tarea harto imposible”.

De lo que no se dan cuenta es de que todo eso las mujeres lo sabemos de sobra, sobre todo las que llevamos trabajando mucho tiempo.  A ver si alguien toma nota de que nosotras lo que buscamos no es el poder por el poder, sino una nueva forma de hacer las cosas y de organizar el trabajo: más racional, productiva, efectiva y humana, “más justa”, porque para cometer los mismos errores y vicios que se han venido cometiendo hasta ahora, sin que el cambio suponga todo lo positivo que las mujeres pueden aportar, para ese viaje -la verdad- no necesitamos alforjas.

 

 

 

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