Algunas mujeres pasan parte de las vacaciones junto a sus suegros, bien porque son mayores, y si no es con sus hijos, ya no podrían veranear, o por tradición y costumbre, porque tienen alguna residencia de veraneo y siempre han pasado unos días con ellos. A algunas les gusta y apetece, otras lo hacen porque consideran que es su deber y otras, por un sentido de “justicia y convivencia familiar”. Hacen un mix vacacional entre su suegra y la suegra de su marido, que obviamente es su madre.
Analizando está casi imposible de calificar, e incluso diría incomparable, relación entre suegras y nueras, las ideas se me agolpan e incluso se desorganizan en mi cabeza, porque por mucho que nos hayamos relacionado y compartido cosas con nuestras suegras, y las queramos, tiene tantos matices y tantos sabores, olores y colores que se necesitaría escribir una enciclopedia, que incluso resultaría dadaísta, para poder describir la relación.
Son muchas las personas que han hecho chistes durante décadas de las suegras. Normalmente estos eran dirigidos a las madres de las mujeres, evidentemente la mayoría, o todos, escritos por hombres, pero la verdad, es que donde la palabra suegra adquiere todo su esplendor, es cuando la referimos a la madre del marido o pareja. Ella sí que es la suegra por antonomasia y sobre la que, muchas veces con razón y otras muchas injustamente, caen nuestras críticas.
Debatiendo sobre este tema, muchas veces hemos comentado, que nuestras madres pueden ser francamente muy pesadas, casi todos los días, con nosotras. Se empeñan en darnos todo tipo de consejos y advertencias que no les pedimos, pero si las mandamos a la porra o hacemos caso omiso de las mismas, como solemos hacer, no pasa nada porque una madre siempre nos perdona. Pero si el consejo, la idea o, la pequeña, digamos instrucción, te la da tu suegra, eso ya es otra cosa, primero porque consideramos que, como no se la hemos pedido, no debe darla, y segundo, porque si la tenemos que decir cuatro cosas, por mucha confianza y cariño que la tengamos, seguramente la relación se va a resquebrajar y, seamos realistas, una mala relación con las suegras es muy incómoda, incluso puede acarrear un divorcio.
Nuestras madres no tienen el don de la perfección ni de acertar con sus consideraciones y sugerencias, simplemente, la mayor parte de ellas, evitan dar este tipo de consejos a nuestros maridos. Les agasajan y dejan campar por sus fueros. Les tratan con toda deferencia, porque saben que así mantendrán una intente cordial con ellos, y si el cuerpo les pide decir algo en un momento dado, se morderán la lengua, porque saben que nadie se lo ha pedido, llegando infinidad de veces a discutir con nosotras, e incluso quitarnos la razón, si nos enzarzamos con ellos porque, durante este periodo estival, no hacen la cama o no recogen la mesa, haciendo ellos un uso un poco abusivo de esa situación de ser el niño bonito de nuestros padres. Todo sea por la paz familiar.
Pero la verdad es que, analizando situaciones concretas, si las suegras hacen todo, organizan todo y tienen todo preparado, te parece que es muy mandona y organizativa, y si no hace nada, te parece que solo piensa en ella. Vamos, que no se salvan de ninguna de las maneras, aunque luego, todas las mujeres o por lo menos la mayoría, se esfuercen en decir que con sus suegras se llevan fenomenal y las quieren mucho, sea verdad o mentira.
En honor a ellas, y en su descargo, no debemos de olvidar que muchas de nosotras acabaremos siendo suegras y, como tales, seguramente les caeremos gordas a las mujeres o parejas de nuestros hijos. Nos tendremos que aguantar porque el pensamiento es libre, aunque estemos convencidas que somos unas suegras modélicas, y no logremos entender porque no empatizan tanto como nos mereceríamos.
Yo por si acaso, y adelantándome a lo que pueda ocurrir cuando tenga una nuera que no valore adecuadamente lo que diga, o lo que haga, me preparo para lo peor, casi como si fuera un consentimiento informado donde describen todo lo horrible que te puede pasar, aunque sea de manera remota, en la operación a la que te vas a someter, y así, todo lo amable que venga, será por añadidura y lo acogeré, como se decía hace un par de siglos, con contentura.
Nos engañaremos pensando, madre mía, yo sí que soy una suegra modélica que he sabido ponerme en el punto justo, entre lo más y lo menos, en ese débil equilibrio, entre lo excesivo y lo parco, pero esto seguramente no será lo que piense nuestra nuera. Algunas cosas no cambian tanto como creemos.

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