Nunca había pensado en tener perro y ahora, mírame, todo el día disfrutando con mi perrita. Mi madre me dice que ella es la que más se ha alegrado de tenerme más tiempo en casa. Y así es. Desde que me levanto, cuando se van todos y me pongo a trabajar, o a hacer cosas, ella siempre a mi lado. Tumbada y mirándome con esos ojitos tan redondos y tan graciosos que me dan gana de achucharla.

Ayer por la tarde tuve que hacer varios recados y me la llevé. Iba tan contenta, aunque a mí me estaba poniendo nerviosa porque tenía prisa y ella iba recreándose y olisqueando todo. Según caminaba me crucé con un montonazo de gente con perros y pensé – ¡Madre Mia hay que ver la de gente que tiene perros! – Tengo muchos, muchísimos amigos y conocidos con perros y también muchos de ellos no tienen hijos, han tenido solo uno o no piensan tenerlos.

Como soy curiosa por naturaleza y me encanta investigar ciertos temas, cuando llegué a casa me puse un poco a mirarlo y vi que según datos del ayuntamiento de Madrid en 2017 había más de 281.000 perros y en cambio 141.000 niños entre 0 y 4 años y, la verdad, si es así, la estadística me entristeció un poco.

Estaba un poco más alerta sobre este tema porque la pasada semana estuvimos hablando con una misionera muy interesante. Una mujer mayor y con una larga vida de ayuda y servicio a los demás. Contándonos sus avatares en Ruanda, nos comentó que en África para todos es muy importante tener hijos porque es una manera de dejar un legado y dar sentido a nuestro paso por la vida. Eso en un país paupérrimo, donde la mayor parte de la gente no tiene ni para comer.

No voy a hacer un alegato ni una defensa a ultranza de la maternidad, porque cada persona es libre de tomar la decisión que considere más adecuada, pero sí que creo que ahora se tienen menos hijos o no se quieren tener, en muchos casos, porque todos pensamos mucho más en nosotros mismos y en vivir de la mejor manera posible y un hijo supone trabajo, esfuerzo, dinero, responsabilidad, no poder hacer en cada minuto lo que quieres, quedarte en un segundo plano. Noches en vela, disgustos, problemas, preocupaciones. Pero  lo que muchas veces no se ve es que también supone plenitud, alegría, amor sin límites y sin condiciones, dejar de ser egoísta, no considerarte el ombligo del mundo, generosidad, compartir, bullicio, compañía.  Cuando los tienes te das cuenta de que tiene mucho más positivo que, entre comillas, negativo.

Es verdad que la condiciones económicas y laborales no son óptimas y que antes no se tenían los hijos que realmente se quería sino los que venían, y la mujer no tenía opción, cosa muy importante, porque sigue cayendo un gran peso sobre las mujeres, aparte de embarazo, parto recuperación … Pero también creo que nos hemos vuelto mucho más egoístas y comodones y, en muchos casos no queremos renunciar a una vida mejor, entre comillas, tranquila, y haciendo en cada momento lo que nos apetece, por tener hijos.

No creo que las mascotas estén sustituyendo a los hijos. Son algo diferente. Además, todos sabemos el bien que aportan a niños y mayores, pero sí que creo que, en algunos casos, como todos estamos necesitados de querer y de que nos quieran, y de tener en el fondo a alguien de quien preocuparnos, buscamos eso en parte en una mascota.

Yo que tengo hijos y mascota y, queriendo mucho a esta última, y esto no lo he entendido hasta que la he tenido, nunca y de ninguna manera podría sustituir al amor por mis hijos. Solo a través de la maternidad he comprendido a mis padres, solo con la maternidad he comprendido que podemos hacer mucho más de lo que creemos. Solo a través de la maternidad he entendido el amor sin barreras y sin condiciones. Aunque a veces he pensado lo tranquila que hubiera sido mi vida sin mis hijos, dedicándome todo el tiempo, el dinero y el esfuerzo, ese pensamiento me ha durado menos de un segundo. Solo con la maternidad y con sus alegrías y sinsabores he aprendido muchas de las cosas más importantes de mi vida.

Puede sonar cursi, pero si nuestros gobernantes y dirigentes aplicaran para dirigir los gobiernos y entidades las mismas prácticas que aplicamos los padres, mejor nos iría. Si todo se hiciera bajo el prisma de ese amor y esa empatía, qué diferente sería todo. Eso sí que sería trabajar en pos y para los demás y, lo que hay ahora, como dirían mis monjas, no es sino un “quítame allá esas pajas