Este fin de semana hemos cenado en un restaurante, Latasia, cuya comida nos ha parecido fabulosa. Ubicado en el Paseo de la Castellana 115, de Madrid, a la altura de Cuzco,  sus riquísimos platos son el resultado de la fusión de tres culturas gastronómicas: Perú, Singapur y España, con todo lo que esto implica de matices, olores, sabores y productos diferentes. Todos sus platos nos sorprendieron más que gratamente.

El restaurante no es muy grande, ni su decoración llama especialmente la atención. Es sencilla y atractiva. Resulta cómodo y agradable para ir en grupo, porque puedes compartir los entrantes y charlar tranquilamente. Mientras cenas, no ponen música alta, como ocurre en muchos restaurantes de moda de Madrid. Pero lo importante es que la comida nos pareció excelente.

El servicio es correcto. Los camareros te van explicando la composición de los platos que van sirviendo, aunque lo dicen a tal velocidad que casi no te da tiempo de enterarte. De todas maneras, nos parecieron profesionales y atentos. Atienden y sirven de forma adecuada.

Estuvimos sentados en la única mesa que tienen redonda, que son las mejores cuando no eres un grupo muy grande, con unas sillas tipo silloncitos, bastante cómodos, Se puede decir que estuvimos relajados y disfrutando de los diferentes matices de la comida, que realmente nos gustó mucho más de lo que preveíamos.

Para compartir, pedimos la ensaladilla de bonito en escabeche y camarones, realmente fabulosa, panceta glaseada con bourbon koreano, deliciosa, todos nos quedamos con ganas de más y ceviche limeño de aji amarillo. El ceviche es un plato un poco especial y la verdad es que todos coincidimos en que estaba muy bien preparado y con buena materia prima.

A todos nos encantaron los platos principales que habíamos pedido: Costillar de cerdo glaseado, bocado de la reina a la parrilla con bbq japonesa y verduras salteadas, un arroz chaufa de mariscos con chicharon de chancho y peplian de choclo, un plato de pescado con mero, que nos explicaron que era un plato nuevo que estaban probando, que me pareció grandioso.

De postre compartimos un latasino de chocolate con diferentes texturas, que lleva helado de mandarina, rico rico, y pie de limón y mango.

Teniendo en cuenta que pedimos al principio unos aperitivos, además de dos botellas de vino y dos de agua durante la cena, y algún café y té al final, el precio medio, alrededor de 42 euros, no nos pareció excesivo.

De cantidad, las raciones estaban bien. Hay restaurantes en que las raciones son tan ridículas que, al final, cuando vuelves a casa, necesitas picotear o comer un bocadillo.

Os sugerimos que vayáis a conocerlo. La comida está deliciosa. No olvidéis que hay que reservar mesa con cierta antelación porque, como ya hemos comentado, el restaurante no es excesivamente grande y hoy por hoy es uno de los de moda.