Leonor López de Córdoba y Carrillo nació en Calatayud, en 1362 (o 1363?), en la casa-palacio que habitaba el rey Pedro I de Castilla (1350-1369).  Era hija de Martín López de Córdoba, maestre de las órdenes de Calatrava y Alcántara, y mayordomo del rey, y de Sancha Carrillo, sobrina de Alfonso XI de Castilla.  Su madre murió joven.

Leonor pasó sus primeros años en la corte castellana (en el alcázar de Segovia y en Carmona (Sevilla)), donde se educó junto a  sus madrinas: las infantas Beatriz, Constanza e Isabel, hijas del rey Pedro I y de María de Padilla, y herederas del trono.  En 1363, su padre envió a la corte a su hijo ilegítimo Lope López de Haro (hijo de Teresa Álvarez de Haro). La familia “legítima” aceptó a Lope y su relacion con Leonor fue de mutuo cariño.

A los siete años -una edad considerada aceptable para el noviazgo, según las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio- su padre concertó su matrimonio con Ruy Gutiérrez de Hinestrosa, futuro alcalde mayor de Córdoba. Ruy era primo de las infantas e hijo de Juan Fernández de Hinestrosa, privado y canciller del rey, y mayordomo de la reina doña Blanca. Se fortalecía así la alianza entre esas dos poderosas familias, leales a don Pedro I.

“Me casó mi padre de siete años con Ruy Gutiérrez de Henestrosa, hijo de Juan Ferrández de Henestrosa, camarero mayor del señor rey don Pedro y su Chanziller mayor del sello de la puridad, y mayordomo mayor de la reyna doña Blanca su muger, el qual casó con doña María de Haro, señora de Haro y los Cameros; y a mi marido quedáronle muchos vienes de su padre y muchos lugares, y alcanzaba treszientos de a cavallo suyos, a quarenta madejas de aljófar, tan grueso como garvanzos, a quinientos moros e moras y dos mill marcos de plata en bajilla; y las joyas y preseas de su casa no las pudieran escrevir en dos pliegos de papel; y esto le cupo del dicho su padre y madre porque otro fijo y heredero non tenían: a mí me dio mi padre veinte mill doblas en casamiento y residíamos en Carmona con las fijas del señor rey don Pedro, mi marido y yo e mis cuñados, maridos de mis hermanas, y un hermano mío que se llamaba don Lope López de Córdoba Carrillo”.

Nueve años en prisión

En 1369 accedió al trono Enrique II de Castilla (Enrique de Trastámara, apodado el Fratricida), tras la batalla de Montiel. En esta batalla Enrique mató a su hermano Pedro I, para muchos el Justiciero y para otros el Cruel.  Esto supuso que muchas familias leales a don Pedro cayeran en desgracia.  Su padre, el maestre Martín resistió al nuevo rey en Carmona. Finalmente pactó la paz y lo aceptó como soberano. Pero Enrique II faltó a su palabra y ordenó que Martín fuera ajusticiado en 1371, en la plaza de San Francisco de Sevilla.

Leonor y su prometido fueron encarcelados en las Atarazanas Reales de Sevilla, donde permanecieron nueve años, hasta la muerte de Enrique, en 1379.  Allí sufrieron las epidemias de peste y los rigores de una vida sin libertad. Por otra parte, en 1374 había muerto, también en las Atarazanas, su hermano Lope.  En sus Memorias,  Leonor se lamenta con tristeza de su muerte. Cuando cumplió la mayoría de edad, tal como estaba previsto se casó con Ruy en Carmona.

El heredero de Enrique II, Juan I de Castilla, levantó la condena a la familia. Leonor había entrado en prisión con 9 años y salía con 17. Ruy se dedicó a intentar recuperar sus bienes expoliados y su mujer  se trasladó a Córdoba junto a su tía abuela materna María García Carrillo, señora de Aguilar. A la vez, e influida por sus años de infortunio, trató con otra de sus tías, Teresa Fernández Carrillo, de su posible ingreso en un convento de la Orden de Guadalajara, fundado por sus bisabuelos. Pero su marido regresó desde Badajoz, donde estaba con su tío Lope Fernández de Padilla en la guerra de Portugal. El reencuentro les hizo empezar su vida conyugal. Tuvieron cuatro hijos: Juan Fernández de Hinestrosa, Leonor de Hinestrosa, Martín López de Hinestrosa y Gutierre de Hinestrosa.

A pesar del perdón real, la nobleza dio de lado a la familia, situación que Leonor reflejará con pena en sus Memorias.  En 1400 su hijo Juan, de doce años, enfermó y murió, tras cuidar de Alonso, un niño judío huérfano que estaba enfermo de peste, y al que Leonor  había recogido en 1391. También en esta ocasión, sufrió el desaire social.

Yo estaba tan traspasada de pesar, que no podía hablar del corrimiento que aquellos señores me hacían; y el triste de mi hijo dezia “decid a mi señora doña Theresa que no me haga echar, que agora saldrá mi ánima para el cielo”. Y aquella noche falleció y se enterró en Santa Maria la Coronada, que es en la villa, porque doña Theresa me tenía mala intención y no savia por qué, y mandó que no lo soterrasen dentro de la villa, y así quando lo llevaban a enterrar fui yo con él, y quando iba por la calle con mi hijo las jentes salían dando alaridos, amancillados de mí, y decían: “Salid, señores, y veréis la más desventurada desamparada e más maldita muger del mundo”, con los gritos que los cielos traspasaban, e como los de aquel lugar todos eran crianza y hechura del señor mi padre, y aunque sabían que les pesaba a sus señores, hicieron grande llanto conmigo como si fuera su señora“.

Valida de Catalina de Lancáster

Pero la fortuna dio una nueva vuelta. Cuando murió a los 27 años el rey Enrique III de Castilla, el Doliente,  consiguió la amistad de su viuda, la reina Catalina de Lancáster, regente durante la minoría de edad de su hijo Juan II de Castilla, que entonces tenía solo un año. Catalina de Lancáster era nieta de Pedro I. Su matrimonio con Enrique III de Castilla, aunque breve, puso fin al conflicto entre los descendientes de Pedro I y de su hermanastro Enrique II, afianzó la Casa de Trastámara y estableció la paz entre Inglaterra y Castilla. 

Desde 1406 Leonor, conocida por su prudencia y cultura, fue la camarera mayor, consejera, privada y valida de la reina Catalina, tal como lo fueron  posteriormente Álvaro de Luna y Beltrán de la Cueva. En esa confianza también influyó que el confesor de la reina fuera su hermano fray Álvaro de Córdoba.  La crónica de Juan II refleja el poder e influencia de Leonor. Su opinión era tan tenida en cuenta, como la de los grandes nobles, prelados e intelectuales.

Enrique III el Doliente y Catalina le habían concedido una tienda de jabón en Córdoba. Esto le proporcionó una renta con la que pudo rehacer un poco su fortuna. Fundó un mayorazgo en favor de su hija Leonor y otro para su hijo Martín, y pudo ayudar a los frailes de Córdoba. Su hija Leonor también fue dama de la reina, hasta su matrimonio en 1411 con Juan Alfonso de Guzmán, hijo del conde de Niebla.

Pero las intrigas de la corte y el hecho de que una mujer hubiera adquirido tanto  poder le generaron enemigos. Leonor se opuso a los intereses del otro regente del joven rey, su tío el infante Fernando de Antequera. Y criticó su política  y la de sus hijos, los infantes de Aragón.

En 1410, poco antes de la toma de Antequera, intentó reconciliarse con el infante. Sugirió a doña Catalina que le diese el apoyo económico que el corregente necesitaba, para terminar con éxito el asedio a esa población. Este hecho generó la primera desconfianza en la reina.

Desterrada de la corte

Su fortuna mudó de nuevo. En 1412 llegó a la corte una amiga y protegida de Leonor, Inés de Torres, quien, enfrentada a ella y aliada con sus enemigos, debilitó su relación con la reina y la reemplazó como persona de confianza.

La reina decidió apartar a Leonor de la corte. También fueron desterrados Juan Álvarez Osorio, guarda mayor de Juan II, y poco después la propia Inés de Torres, su amante. Leonor se trasladó a Córdoba y su familia perdió todos los cargos palatinos.

Memorias de Leonor López de Córdoba

Entre 1400 y 1404, cuando tenía aproximadamente 40 años,  dictó sus Memorias a un escribano público de Córdoba.  Constituyen la primera autobiografía conocida de una mujer en lengua castellana. Es un relato incompleto y muy humano de nueve páginas, donde narra los hechos de los que fueron testigos su marido y ella: La guerra, la cárcel, la peste, la muerte de los suyos, las traiciones y la turbulenta política de Castilla.  Comienza con la fórmula “Sepan cuantos esta escriptura vieren” Además de mostrar su devoción a la Virgen y reafirmar su cristianismo, intenta disculparse y hacer una autodefensa de su familia.

Está escrito en primera persona y, aunque afirma ser ella la autora, el tipo de documento y la frecuencia de términos legales hacen suponer que lo dictó al notario y que fue este quien lo escribió. El documento original, que se custodiaba en el convento de San Pablo de Córdoba, se ha perdido. En el siglo XIX se encontró una copia incompleta en la Biblioteca Colombina de Sevilla.

Leonor murió en 1430. Tenía 68 años. Fue enterrada en el convento de San Pablo, a una de cuyas capillas había dotado para que incluyera su panteón familiar.

Su historia aparece contada en La valida, de Vicenta María de Márquez de la Plata y Ferrandiz. Esta novela histórica ganó el III premio Ateneo de Novela Histórica (2009, Sevilla).

Más información, en Our family genealogy pages, en la biblioteca Duoda, en MCNbiografías, en el Día de Cordoba y en Wikipedia.