Ya he comentado muchas veces en esta revista que me encanta leer. A esta afición dedico cerca de dos horas diarias desde que llegó a mis manos mi primer y, de momento, único lector de libros electrónicos (ebooks) que realmente era un regalo para mi padre, lector voraz, que me lo devolvió diciéndome: “quédatelo tú, a mí me harías un desgraciado”. Antes de tener mi lector de libros electrónicos, básicamente leía por la noche antes de dormir. Desde que lo tengo, gracias a la comodidad que me aporta su tamaño, peso y manejo, he incorporado la lectura de libros a otros momentos que se han convertido en “mis momentos”, como la hora del desayuno o mi media hora de bicicleta estática.
Estoy tan contenta con mi lector de libros electrónicos que el otro día leyendo el blog de noticias tecnológicas de Fundación Telefónica La Cofa (que aprovecho para recomendar), me llamó la atención un artículo titulado: “¿Por qué no ha triunfado el libro electrónico?” . Según el mismo, el libro en papel sigue siendo el formato preferido por la mayoría de los lectores. La realidad es que la facturación por venta de libros en España en 2018 fue de 2.364 millones de euros registrándose un incremento del 1,9% con respecto al ejercicio anterior mientras que la facturación de los libros electrónicos se situó en torno a los 119 millones de euros mostrando un leve decrecimiento con respecto a la cifra registrada el año anterior. El avance fue del 2,04% en el caso del papel, mientras que el ebook retrocedió en un 0,1%, esto último en línea con lo que viene ocurriendo en el resto de Europa y en Estados Unidos.
Creo que es importante decir que estas estadísticas no tienen en cuenta la piratería (claro, hablan de facturación) que, según Miguel Barrero, presidente de Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), es la responsable del mal dato de ventas en el caso del libro digital: “sobre una estimación de 300 millones de descargas de e-books en total, las efectuadas y pagadas legalmente apenas llegan a los 13 millones”. A pesar de este dato, la buena noticia es que se han incrementado las ventas de libro en papel.
Entre mis amigos y familiares las preferencias está bastante repartidas aunque, en general, cuando alguno empieza a consumir libros en formato electrónico, ahí se queda. Y es que las ventajas que ofrece la lectura en formato digital son incuestionables. Aparte de la comodidad de uso del lector de libros electrónicos, se convierte en esencial el poder cambiar el tamaño y tipo de letra o el brillo de la pantalla para mejorar la experiencia de lectura. A esto hay que sumar la posibilidad de llevar en el bolso o en la maleta cientos de libros cuando te desplazas, por no hablar del ahorro de espacio en casa. Porque eso sí, aunque soy consumidora asidua y entregada al formato digital, soy incapaz de deshacerme de los cientos de libros en papel que tengo en casa.
En esto tengo que dar la razón al autor del artículo, que dice que el libro en papel tiene un carácter de objeto fetiche que influye en el deseo de poseerlo, “el libro es un objeto que, una vez leído, se conserva con cariño”, comenta. Por el contrario, hay estudios que han detectado que en el caso de los libros en formato electrónico, el lector no se siente en posesión total del producto, de hecho no puede “prestarlo”, lo que podría ser una de las razones de su falta de adopción. No poder “prestar” un libro, en especial dentro del núcleo familiar, puede ser una razón de mucho peso para decantarse por el papel.
Por otro lado en España sigue siendo muy habitual regalar libros, aproximadamente un 20% de la ventas de libros (que no son libros de texto) son para regalar, y cuando regalamos, nos gusta entregar algo físico.
Según Mike Shatzkin, uno de los analistas de la industria editorial más reputados del mundo, muchas personas prefieren la experiencia del libro en papel. “Los libros en papel sí son una experiencia diferente a la de los libros digitales. El hecho de sentir el tacto de ese libro, de esas páginas; ir pasándolas, hacer anotaciones, poner marcapáginas físicos. Hay quien siente que sus ojos se cansan menos…” aunque también opina que esta prevalencia del libro físico no durará eternamente. “Quizás sigamos así dentro de diez años, pero difícilmente dentro de veinte. Hace falta la suficiente energía editorial para que este cambio se impulse…“.
También es cierto que para leer libros en formato electrónico es necesario disponer de un nuevo dispositivo, el lector o ereader, que supone un coste inicial un poco elevado (alrededor de 100€). Sin embargo el precio de los libros digitales es, en general, inferior al de la edición en papel por lo que a la larga puede resultar rentable si eres un lector habitual, si se trata de un lector ocasional, no percibirá este beneficio. Aunque más baratos, en mi opinión, aún queda mucho recorrido para reducir el precio de los libros en formato digital, y fomentar su adopción, si nos atenemos a los costes que supone la edición, impresión, distribución y venta de un libro en papel frente a un libro en formato electrónico.

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