Parece consustancial con el inicio del año hacer un cierto examen de conciencia y revisar nuestros propósitos para el  año que comienza, intentando poner la atención en aquello que nos gustaría hacer o que pasara durante este año.

Cuando te paras un rato a revisar este tipo de cosas te acaban apareciendo, o por lo menos me pasa a mí, todas las cosas que te preocupan que, en el caso femenino, creo que suelen ser muchas, de tal manera que se empieza a agolpar en tu mente todo lo que te preocupa y no acabas de dejar espacio a lo que no te preocupa, que viene a ser algo así, como solo darnos cuenta de los errores y de los fallos que tienen los demás o nosotros mismos, pero no reparar en todo aquellas cosas que hacemos bien o que salen bien que muchas veces son muchas más.

El que siempre o muy a menudo las mujeres tengamos revoloteando por nuestra mente todas aquellas cosas que nos preocupan, que van desde lo aparentemente trivial  a temas importantes o, como diría aquel, de verdadera enjundia, no nos paramos ya a pensar sobre algunas de las miles de cosas que implica el ir cumpliendo años y entrar poco a poco en la madurez. Nos dejan de preocupar bastantes cosas. Esto es importante porque nos quita lastre, nos evita pérdidas de energía y de disgustos, impide que nos debilitemos y nos libera de muchos agobios innecesarios y prescindibles. No tiene precio.

Entre las cosas que ya no nos preocupan o por lo menos la preocupación es tan pequeña que apenas dedicamos segundos a rememorarlo está, por ejemplo, la opinión y valoración de otras personas. Ahora sabemos que lo importante es nuestra opinión y, aunque admitimos sugerencias y consejos de las personas importantes en nuestra vida, las opiniones de las que no son importantes nos resbalan. Esto nos hace muy muy fuertes.

Tampoco nos preocupa tener un cuerpo perfecto ni parecer eternamente jóvenes. Queremos conservarnos bien, seguir plenas y activas, reconocemos lo que nos favorece o lo que nos sienta como un tiro…, pero nos queremos y nos aceptamos como somos. Aunque nos esforzamos por estar lo mejor posible no estamos pendientes de cada fallo o cada huella en nuestro cuerpo del tiempo, sino que sabemos que esas huellas denotan, en parte, que hemos vivido.

Tampoco nos llenamos de culpa o de arrepentimiento de nuestro pasado. Conocemos los errores que hemos cometido, y sabemos que siempre, con la perspectiva del tiempo, todo el mundo se plantea ¿y si hubiera hecho lo otro? ¿y si hubiera optado por el otro camino?, pero esto no nos llena de culpa, resquemor o arrepentimiento. Sabemos que el éxito y el fracaso forma parte de la vida e intentamos mirar hacia adelante y cometer los menores errores posibles pero si los comentemos sabemos que siempre hay puerta de salida.

Estamos plenamente integradas en el mundo digital, pero no absorbidas por él.  Usamos las redes sociales, porque forman parte del mundo en el que nos movemos, pero no nos agobia nada conseguir  un like ni miles de comentarios estupendos. Nos hemos dado cuenta enseguida, casi en cuanto las hemos utilizado, que lo que subyace debajo no es lo que parece. Vamos que ni mucho menos es oro todo lo que reluce.

Finalmente, y aunque podríamos enumerar muchísimas más cosas, tampoco nos preocupa la ex pareja y, aunque a veces nos enrabietemos porque el susodicho no hace tal o cual cosa que debería caer por su propio peso, sabemos que nosotras  somos absolutamente autosuficientes y que la felicidad está en nosotras mismas, en la que damos a los que nos importan, en nuestra fuerza interior, en nuestra manera de enfocar la vida.

Aunque a todos nos gusta sentirnos acompañados, no vamos a estar acompañadas así porque sí. Somos selectivas, de tal manera que esperamos la persona adecuada o la que creemos que puede serlo y hasta que esta no llega… mucho mejor solas que mediocremente acompañadas.

En el Génesis dice No es bueno que el hombre esté solo.  Yo creo que ya sabían que las mujeres no necesitan una persona a su lado para sentirse completas, ya son completas por ellas mismas. Por eso solo están dispuestas a “completarse” (?), si la persona es la adecuada. Y eso, con el tiempo, se torna en una tarea harto difícil.