Siempre he pensado que convivir con un hombre inteligente, con sentido del humor y que sepa bailar, es lo más de lo más. La inteligencia, para mí, es imprescindible.
Siempre que escucho hablar a alguien que realmente “sabe” y que, además, habla con naturalidad, sencillez y cercanía, sin petulancia ni falsas apariencias, me siento totalmente seducida. Si encima tiene sentido del humor, sin decir chorradas, y te mira directamente a los ojos, me parece el sumun. Añadido a esto, si le gusta y sabe bailar, tiene ritmo y se mueve con gracia, miel sobre hojuelas. Evidentemente también prefiero que resulte atractivo, tenga buen tipo y sea buena persona, galante y caballeroso. En fin, por pedir que no quede.
Cuando hablamos de hombres, aunque siempre aseguren que les gustan las mujeres inteligentes (en el fondo saben que es una manera de acreditar su propia inteligencia), a veces la realidad demuestra lo contrario. Esto no solo lo digo yo, sino algunos estudios que han acreditado que existen hombres que se intimidan ante una mujer inteligente. Investigadores de la revista científica “Personality and Social Psychology Bulletin” han confirmado que en algunos hombres sus “sentimientos de masculinidad disminuida tuvieron que ver con la disminución de la atracción de hombres por mujeres que los superaron”.
Cuántos de nuestros hombres no saben todo lo que se están perjudicando con esa actitud. La universidad de Aberdeen confirma que los hombres con esposas inteligentes tienen una vida más larga, más plena, y menos posibilidades de sufrir Alzheimer y demencia.
Cuando somos muy jóvenes nos queremos beber la vida a tragos rápidos. Vemos la madurez y la vejez lejanísima. Ni nos planteamos el que nuestra vida sea corta o larga, y menos el poder sufrir una enfermedad como la demencia o el Alzheimer, propio de los “viejos” . Pero la realidad es que, con el tiempo, todos nos acabamos dando cuenta de que la vida es un suspiro y, casi de un día para otro nos encontramos que ha pasado más de la mitad o las tres cuartas partes de lo que podríamos vivir. Entonces, sí que nos preocupa y mucho cómo poder alargar nuestra vida, porque, además, pensamos que nos quedan mil cosas por hacer. Nos empezamos a aferrar a ella con uñas y dientes y empezamos a preocuparnos y mucho, de perder la lucidez, la cabeza, el discernimiento, que nos permite tomar nuestras propias decisiones. En definitiva, la capacidad de conocer y de pensar.
Desde pequeños deberíamos esforzarnos en hacer ver, tanto a niños como a niñas, lo importante que es tener al lado una persona inteligente. Ese esfuerzo debería acentuarse en el caso de los niños, porque, generalizando, parece que les cuesta más valorar la inteligencia de las niñas.
Hombres y mujeres tenemos que saber lo que nos puede aportar y la maravilla que supone tener al lado una persona a la que admiremos, de la que podamos aprender todos los días y con la que podamos intercambiar opiniones y pensamientos. Una persona que no nos aburra, que nos mantenga atentos a todo, lo cual no impide que pueda tener muchas otras cualidades.
Los hombres que realmente, no por una pose, sino que de verdad se sienten atraídos por mujeres inteligentes, para muchas de nosotras significan: madurez, masculinidad y atractivo. Y admiración. Cuando un hombre está atento e interesado en nuestra conversación, cuando se deja seducir por la inteligencia de una mujer, despliega su verdadero atractivo. Si esos hombres nos resultan atractivos e interesantes y encima pueden alcanzar una vida longeva y feliz, con la cabeza a pleno rendimiento, ¿para que quieren más?
Pensando sobre este tema, y esta es pura teoría personal mía, conozco a varias parejas de personas muy mayores que han llegado a edades avanzadas juntas y con la mente razonablemente bien. Por algo será.
Me contaba un amigo que un conocido suyo había dejado hace algún tiempo a su esposa, una mujer brillante, porque se había enamorado de una alumna mucho más joven que él, seguramente inteligente también, pero evidentemente no con la experiencia y el know how atesorado durante años por su mujer. Le había reconocido el error cometido. Era algo así como lo acontecido en esa película protagonizada por Meryl Streep y Alex Baldwin “Its complicated” traducida al español como “No es tan fácil”. En ella el protagonista había dejado a su mujer por una chica mucho más joven y al reencontrarse con ella durante la boda de uno de sus hijos, se había dado cuenta de lo que había perdido. Su mujer emanaba seguridad, conocimiento, sentido del humor, inteligencia… y toda la experiencia de la madurez.
No pudimos evitar decir ambos a la vez, aunque reconociendo, por supuesto, juventud divino tesoro, ¡Que pereza de situación!

Deja un comentario