Mama, mama, me voy ya, ¿Dónde están los calcetines de rayas? ¿Dónde has dejado ese bañador que utilizo para ….? ¡Corre que me tengo que ir! Y tu corriendo de un lado para otro en un día que te prometías mucho más relajado.

¡Y creíamos que cuando se hicieran mayores ya no tendríamos que estar detrás de ellos!, ¡craso error!  por eso cuando nuestra madre, las que tenemos la suerte todavía de tenerla, no dice: –Cuando llegues a casa, (desde su casa que está 15 minutos de la tuya y son las 8:30 de la tarde), llámame que sino no me acuesto tranquila -, aunque en un primer momento nos ponemos como un basilisco y las respondemos ¡que pesada eres!, ¡que ya soy mayorcita! En cuanto te pones a pensarlo tranquilamente, te das cuenta de que, al final, de una forma u otra, tú haces lo mismo con tus hijos y lo seguirás haciendo hasta el final. Todas acabamos siendo parecidas.

Cuando son pequeños persecución y control en un sentido. Cuando son mayores persecución y preocupación en otro. Casi es peor. Los fines de semana, casi toda la noche, te la pasas de imaginaria, preocupada hasta que llegan todos. Cuando tienen exámenes, sientes los mismos nervios o peores que cuando te examinabas tu misma. Sabes que tienen que volar y les dejas, pero intentas mantenerte como una especie de Angel de la Guarda. Desde un discreto segundo plano, intentas controlar los peligros, para que no te digan que eres pesadísima y que les estás todo el día dando la chapa.

Si es que es verdad, tenga el origen que tenga, sea ya una fiesta comercial o no lo sea, tendríamos que poner, me atrevo a decir tendrían que ponernos, a las madres, un monumento. Solo cuando lo eres entiendes por lo que ha pasado y sigue pasando la tuya y el esfuerzo, el tiempo y la dedicación que supone ser madre.

En este tiempo donde nada o casi nada es lo que parece, porque casi me atrevería a decir estamos, en todos los ámbitos, en un proceso de cambio profundo. Casi de cambio de paradigma. Donde la verdad es tan relativa que casi ha dejado de ser verdad. Donde cada uno tiene su propio cristal con el que mirar todo lo que acontece y nos rodea.

En este mundo donde uno dice digo hoy y mañana dice diego sin despeinarse y encima asegura y asevera que siempre dijo eso o que le interpretaron mal, o que no quería referirse a aquello,   aunque nos pongan delante de  las narices eso que hicimos, que dijimos o que aseguramos, la madre es, si cabe más importante que nunca.

Más importante que nunca porque es quien sabes que no te va a fallar. Porque hagas lo que hagas y digas lo que digas te defenderá a capa y espada. Porque es una de las personas, casi diría la persona, que más y siempre te va a querer, a ayudar. La que pase lo que pase, siempre creerá en ti, sin pedir nada a cambio y casi sin que hagas nada. Por eso, porque el domingo es su día y porque sin ellas el mundo se habría acabado podemos decir y estamos seguras que no nos equivocamos que, ya casi lo único verdadero que existe y que seguro existirá siempre, es EL AMOR DE MADRE.