María Andresa Casamayor fue una matemática y maestra aragonesa de la Ilustración. Es la única científica española del siglo XVIII de la que conservamos su obra.

Nació en Zaragoza en 1720, dentro de una familia de comerciantes acomodados, dedicados al textil. Su padre fue el mercader francés Juan Joseph Casamayor y su madre, la zaragozana Juana Rosa de La Coma, hija también de comerciantes.  María Andresa, la  séptima de nueve hijos, fue bautizada en la basílica del Pilar.

Formación

Su padre se preocupó de que todos sus hijos, incluidas las niñas, recibieran la mejor formación que permitían sus circunstancias.  María Andresa pronto destacó por su talento en matemáticas y por su interés por la educación. Una anécdota cuenta que la familia buscó un bachiller con experiencia, para que enseñara a los niños. Un día, alarmado por el alboroto de sus hijos, Juan Joseph entró en la estancia donde estudiaban. Halló al maestro con la vara de cedro, a punto de golpear a la pequeña María Andresa, mientras ella repetía una y otra vez “¡son 64 sueldos!“. Juan Joseph le ordenó que se detuviera y que explicara qué estaba ocurriendo.  Todo ofendido, el profesor explicó que la niña se equivocaba en la resolución del problema y que no reconocía su error. Esta insistió: “No me equivoco. Son 64 sueldos. Él es quien se equivoca y quien debería disculparse ante los números, por maltratarlos así”. Juan Joseph decidió tomar el yeso y realizar la operación. Y obtuvo el mismo resultado que su hija.

En 1731 llegaron a Zaragoza los dos primeros escolapios, miembros de la orden fundada por el también aragonés San José de Calazanz, considerado el fundador de la escuela pública gratuita en Europa. Predicaban una enseñanza de calidad, gratuita y universal tanto en letras como en ciencias. María Andrea no entendía cómo, si era universal, ella, solo por ser mujer, no podía asistir a las clases.  El colegio que fundaron fue importante en su vida.

Matemática

En 1738, cuando contaba  17 años, escribió dos textos sobre aritmética. El primero se publicó con el título de Tyrocinio aritmético. Con una orientación práctica, explica de manera sencilla y accesible para todos y con gran cantidad de ejemplos y casos reales las cuatro reglas del álgebra menor: suma, resta multiplicación y división. También explica las unidades de longitud, peso, medidas y monedas con sus equivalencias, que se manejaban a diario en el comercio del siglo XVIII.  Estas enseñanzas se aplicaron en la agricultura, la ganadería y en otros oficios. Andresa intentó explicar cómo se podía mejorar la producción. En la censura del libro, el dominico Pedro Martínez, rector del Colegio Dominico de San Vicente Ferrer de Zaragoza y amigo y colaborador de Andresa, escribe: Su fin, en esta Obrilla solo es facilitar esta instrucción a muchos que no pueden lograrla de otro modo”.

El segundo libro se tituló El para sí solo, un manuscrito de 109 hojas sobre aritmética avanzada que no llegó a publicarse. Incluye noticias especulativas y practicas de los números, uso de las tablas de raíces y reglas generales, para responder a algunas demandas que en esas tablas se resuelven sin álgebra.

La autora firmó con un pseudónimo masculino, Casandro Mamés de La Marca y Araioa. Esta firma es un perfecto anagrama de su nombre María Andresa Casamayor de La Coma. Firmando como Casandro, Andresa se reconoce “discípulo de la Escuela Pía”.  Y dedica el Tyrocinio a la “Escuela Pía del Colegio de Santo Tomás de Zaragoza”.

Maestra de niñas

Su padre murió en 1738,  y su amigo y protector, el dominico Pedro Martínez, en 1739. Con ellos desaparecen sus apoyos e impulsores.  A partir de entonces, tendrá obligatoriamente que trabajar para ganarse la vida y se verá obligada a dejar el estudio y redacción de tratados sobre aritmética y matemáticas.

A pesar de lo que era habitual para una española de su tiempo, María Andresa no se casó, ni tampoco entró en la Iglesia como religiosa. Como ya no tenía paraguas económico,  para subsistir ejerció como maestra de niñas y maestra de primeras letras, en las aulas públicas de la ciudad. Al igual que al resto de maestras municipales, el ayuntamiento  no le pagaba ningún salario. Solo le facilitó una casa para vivir. Su sustento lo conseguía con el donativo de sus alumnos, que nunca era mucho. El edificio en el que vivió muchos años todavía existe en Zaragoza.

Murió en 1780, tal y como está registrado en el Libro de Muertos de la basílica del Pilar. Tenía 59 años. Afortunadamente, su nombre y su fama no se perdieron del todo. Quedan testimonios de personas que han recordado a esta matemática, que, en circunstancias sociales muy desfavorables, intentó educar y luchar por la igualdad.

En 2018 fue incluida en la La Tabla Periódica de las Científicas, junto a otras científicas destacadas de todo el mundo.

Más información, en wikipedia, el Periódico de Aragón, Julio Bernués y Pedro J. Miana en El Heraldo,