Marie Heurtin nació sordociega en Vertou (Francia), en 1885. Fue una de las hijas mayores de un matrimonio de la Bretaña francesa, del que siete de sus nueve hijos nacieron con alguna discapacidad. Considerada sin posibilidad alguna de educación ni de integración social, su familia decidió no ingresarla en un manicomio, tal como se hacía en su tiempo con las personas sordociegas, pero tampoco intentó educarla. Creció casi silvestre y, en la práctica, abandonada.
Empieza a aprender
A los 10 años la llevaron al Instituto de Notre Dame de Larnay (en Poitiers), un centro que dirigían desde el siglo XIX las Hijas de la Sabiduría para niños discapacitados. Estas monjas contaban con una larga experiencia en enseñar y educar a sordas. En algunos países habían sido pioneras en atender a niñas con esa discapacidad. En Colombia, por ejemplo, abrieron en 1924 la primera escuela de sordos; escuela que todavía hoy existe: “La Sabiduría”. Las religiosas de Larnay habían tenido también varios casos de éxito con niñas ciegas.
Yvonne Pitrois escribió sobre las primeras semanas de Marie en la institución:
“(…) Sus nerviosas manos, asiendo en la terrible oscuridad, no encontraban los muebles que conocía, las cosas que estaba acostumbrada a tocar. Entonces sufría ataques terribles de miedo, gritando y golpeando en todas direcciones. Le resultaban odiosas las monjas. Cuando lograba agarrar los velos o la toca de alguna de ellas, procuraba destrozarlos con furia. Era casi imposible sacarla a caminar, pues se lanzaba sobre el camino como una criatura poseída, y las hermanas se veían obligadas a regresar con ella, cargándola por los hombros y los pies (Pitrois 1921:43)”
Una de las monjas, la hermana Sainte-Marguerite, se ocupó directamente de ella como su maestra durante más de diez años. Fue su mejor amiga. La primera oportunidad apareció cuando observó que la niña agarraba una pequeña navaja de su padre, que guardaba como un tesoro. La Hna. le quitó la navaja, tomó las manos de Marie y las cruzó una sobre la otra, tras lo cual se la devolvió. Luego volvió a quitarle la navaja. La niña reaccionó con furia, pero repitió la postura de las manos que le acababa de enseñar la monja. Al hacerlo recibió inmediatamente su navajita.
Poco a poco la hermana Sainte-Marguerite la enseñó a comunicarse y a leer con la lengua de signos. Marie evolucionó muy positivamente, gracias al cariño y la tenacidad de la religiosa. No solo aprendió Braille, sino también aritmética, historia, geografía y diversas actividades manuales para poder ser autónoma e independiente, como coser, bordar y escribir a máquina.
Maestra y tutora
La formación en Larnay duraba aproximadamente 7 años. Después, la mayoría regresaba con sus familias. Solo unas pocas, las que lo elegían, se quedaban internas en el convento. Ese fue el caso de Marie, quien desarrolló un profundo espíritu religioso. “¡Prefiero no ver en este mundo, y poder así ver mejor en el otro!”
Cuando tenía 22 años, llevaba ya 12 en el convento, llegó a Larnay Anne Marie Poyet, una niña que había perdido la vista y el oído por una enfermedad. Marie se convirtió en su maestra.
Poco después, ingresó con ocho años Marthe, la más pequeña de sus hermanas y, como ella, también sorda y ciega. La experiencia de Marie en Larnay, que sus padres y hermanos habían seguido muy de cerca, benefició a Marthe, para quien el aprendizaje no resultó tan duro.
“(…) Marie tenía maneras maternales hacia Marthe: la enseñó a leer, a tejer, estaba siempre dispuesta para explicarle cuando no entendía alguna cosa, y jugaba con ella pacientemente durante horas. La ayudaba en sus estudios, en su trabajo manual y calmaba sus miedos. Tomadas de la mano, la joven y la niña caminaban con frecuencia solas a través de los edificios y las arboledas de robles de Larnay, (…) con una animada charla con los dedos” (Pitrois, 1921:45)
Cuando tenía 25 años, muere la hermana Sainte-Marguerite. Aunque le afectó mucho, Marie siguió estudiando, aprendiendo y desarrollando habilidades para enseñar con éxito a otras niñas sordociegas, como maestra o como tutora.
A pesar de haber sido siempre una mujer fuerte y sana, en 1921 Marie y su hermana enfermaron de una epidemia de sarampión. Marie murió. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio del convento. Tenía 36 años.
En 2014 Jean-Pierre Améris rodó Marie Heurtin, una película para recordar la capacidad de comunicación y de superar barreras de los seres humanos. La historia de Marie Heurtin es también -afirma el director- una historia de amistad, paciencia y devoción. Margarite fue una monja muy generosa y Marie le aportó algo que nunca habría vivido, una especia de maternidad.
Su historia y su espíritu de superación han quedado eclipsadas por la fama de la estadounidense Helen Adams Keller, también sordociega, quien llegó a ser escritora, oradora y activista política.
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