Matilde Petra Montoya Lafragua nació en Ciudad de México en 1859. Aunque tuvo dos hermanos, se crió como hija única. Su hermana murió siendo niña y su hermano se crió con su abuela. Su padre, José María Montoya, prefería que su esposa, Soledad Lafragua, fuera una “mujer de su casa” y saliera poco. Así que dedicaba todo su tiempo a Matilde, a la que empezó a transmitir la educación que ella había recibido en el Convento, tras quedar huérfana.
Matilde era una niña muy inteligente. A los cuatro años, sabía leer y escribir, y era ya una frecuente lectora. Su padre no comprendía tanto interés por estudiar, ni le veía sentido a la educación que su madre le estaba dando. A los 12 años, Matilde ya estaba preparada para empezar la educación superior. Y a los 13, aprobó el examen oficial para maestra de primaria, pero, debido a su corta edad, tuvo problemas para conseguir trabajo.
Partera
Al final sus padres la animaron a estudiar ginecología y obstetricia. Cuando murió su padre, se matriculó en la Escuela Nacional de Medicina para estudiar la carrera de Obstetricia y partera. Pero tuvo que abandonarla por falta de medios económicos. Se matriculó entonces en la Escuela de Parteras y Obstetras de la Casa de Maternidad, conocida como de “atención a partos ocultos”, es decir, a madres solteras.
Con 16 años, ya tenía el título de partera. Ejerció su profesión en Puebla hasta los 18 años. También trabajó como auxiliar de cirugía, a pesar de la oposición de algunos médicos. Tenía una numerosa clientela de mujeres, que se beneficiaban de su habilidad y sus conocimientos de medicina, bastante más avanzados que los de las demás parteras y que los de muchos médicos.
En la Universidad
En Puebla, se volvió a matricular en la Escuela de Medicina, pero al final decidió regeresar a Ciudad de México con su madre y allí por segunda vez solicitó entrar en la Escuela Nacional de Medicina. Fue aceptada en 1882. Tenía 24 años. La decisión de admitirla fue muy criticada. En la prensa apareció un artículo titulado “Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica”. Mientras estudiaba, se encontró con numerosos obstáculos e impedimentos, hasta el punto de que decidió recurrir al entonces presidente de la República Porfirio Díaz, al que escribió en varias ocasiones. Y este la ayudó.
Las publicaciones femeninas y algunos otros medios de comunicación también la apoyaron, pero otros publicaron que “Debía de ser perversa la mujer que quiere estudiar Medicina, para ver cadáveres de hombres desnudos”. Recibió críticas y burlas. Su presencia como única alumna levantó protestas, aunque también recibió el apoyo de varios compañeros, que fueron apodados “los montoyos”.
Cuando terminó el examen que le permitía concluir sus estudios, recibió los vítores de varias damas, maestras de primaria y periodistas, que festejaban el veredicto de “aprobado”. Un día después, Matilde realizó el examen práctico en el Hospital de San Andrés. Después de recorrer las salas de pacientes, contestando las preguntas relacionadas con cada caso, realizó en un cadáver las disecciones que le solicitaron. Fue aprobada por unanimidad.
Cirujana y obstetra
En 1887 se doctoró en Medicina. Su tesis se centró en las Técnicas de laboratorio en algunas investigaciones clínicas. Era, por fin, médica de cirugía y obstetricia.
Matilde recibió algunos apoyos oficiales. El presidente Díaz le proporcionó ayudas para libros de texto y un estuche de cirugía. El gobierno le otorgó una mensualidad de 40 pesos y los gobernadores de Morelos, Hidalgo y Puebla le asignaron pequeñas pensiones. Por otra parte, el gobernador de Oaxaca la nombró recolectora de pus vacuno, para la vacunación contra la viruela.
Con 32 años pudo por fin registrar ante el Consejo Superior de Salubridad, el título que la acreditaba como médica cirujana. Ya con su título, Matilde abrió dos consultas privadas. Una en Mixcoac, donde vivía, y otra en Santa María la Ribera. Atendía a todo tipo de pacientes y cobraba a cada uno según sus posibilidades. Trabajó hasta muy mayor.
Comprometida con la mujer
y los desfavorecidos
La solidaridad y la mejora de las condiciones de vida de la mujer fueron otros de sus intereses. A los 32 años se incorporó a la Liga Médica Humanitaria. Esta asociación reunía a médicos, dentistas, parteras y farmacéuticos para implantar consultorios médicos nocturnos, en los que la gente sin recursos pudiera encontrar a cualquier hora de la noche médicos o parteras a precios módicos.
Creo la Sociedad Filantrópica; organizó un taller de costura para obreras; fundó la Escuela-Obrador: Luz y Trabajo para hijas de obreras”; y perteneció a la Sociedad Mexicana de Costureras “Sor Juana Inés de la Cruz”, de la que fue tesorera.
Fue socia de número del Ateneo Mexicano de Mujeres y participó en otras asociaciones femeninas como Las Hijas de Anáhuac. Sin embargo, no fue invitada a formar parte de ninguna asociación médica oficial, pues entonces eran exclusivamente para hombres. En 1925, Matilde y Aurora Uribe fundaron la Asociación de Médicas Mexicanas.
Dictó numerosas conferencias, entre otras en la Liga Antialcohólica, donde disertó sobre los estragos de la embriaguez.
Matilde no se casó, pero adoptó cuatro hijos. Le sobrevivieron un hijo en Puebla y una hija en Alemania, Esperanza, que emigró a ese país para formarse como concertista. Durante la II Guerra Mundial fue retenida en un campo de concentración y desapareció.
Murió en 1931. Tenía 79 años.
Matilde dignificó la profesión de partera y logró que ese término no se usara de manera despectiva. Pero sobre todo abrió a las mexicanas el camino de la ciencia y la medicina, además de ser un referente en independencia personal y tenacidad. En su época no se permitía el ingreso de mujeres en las facultades del país. Después de ella, las mexicanas pudieron estudiar medicina y otras carreras de forma oficial.

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