Miriam Michael Stimson fue una monja dominica norteamericana, que descubrió la estructura de las bases de nucleótidos del ADN y estudió su conexión en la estructura de doble hélice del ADN. Su trabajo en la genética y en la investigación contra el cáncer facilitó la lucha contra esta enfermedad y posibilitó el desarrollo de técnicas como la quimioterapia.

Marian Emma Stimson nació el día de Nochebuena de 1913, en Chicago (EE.UU.) Fue la tercera hija de Mary Holland y Frank Stimson, una familia numerosa de origen irlandés y británico.

Durante su infancia, la enfermedad se paseó por la familia. Su hermano mayor contrajo la polio y su hermana menor, una infección bacteriana que afectó a su corazón. Por otra parte, las complicaciones en el parto de sus hermanos gemelos afectaron  a su madre. Un grave pico de presión arterial dañó su memoria y la debilitó.

Marian ayudó a criar a sus hermanos,  enseñó a leer a su hermana menor… Estas experiencias moldearon su personalidad como cuidadora y educadora, alentaron su vocación de ayudar a los demás e impulsaron  su interés por la ciencia y la investigación.

Profesora de química

Frank y Mary apoyaron al máximo a sus hijos en su educación. Desde el principio, Marian, una adolescente curiosa y con una gran capacidad analítica, tuvo claro  que lo suyo era la ciencia. Cuando cumplió catorce años, sus padres la enviaron al St. Joseph College and Academy, un centro situado en Adrian (condado de Lenawee,  Michigan), dirigido por las Hermanas Dominicas. Allí estudió y, después de graduarse, empezó a trabajar como profesora.

Mujer, científica y monja

Convencida de que la ciencia no era enemiga de la fe, sino su aliada, decide ingresar en la orden dominica (Adrian Dominican Sisters) y hacerse religiosa. Adoptó el nombre de hermana Miriam Michael. Esto no implicó que desapareciera su interés por el conocimiento. Siguió estudiando en el centro universitario Siena Heights College, en Adrian, donde se licenció en química. Posteriormente, se matriculó en la escuela de posgrado Institutum Divi Thomae, situado en Cincinnati, Ohio, y allí se doctoró.

Comprometida con la investigación y la educación, volvió a Siena Heights para impartir clases de química y trabajar como asesora académica. Abrió un laboratorio, donde empezó a estudiar las células cancerígenas;  trabajó en “hormonas de curación de heridas”, lo que la condujo a crear una nueva crema para hemorroides (Preparación H), y empezó a investigar las bases y la estructura del ADN, el código genético.

Espectroscopía infrarroja

Su trabajo más destacado se centró en la espectroscopía infrarroja, que permite la identificación y estudio de sustancias químicas. Los átomos de una molécula siempre están en movimiento, y los enlaces químicos entre ellos se doblan y se estiran constantemente. Estas curvas y estiramientos son únicos para los átomos involucrados. Un enlace de carbono a oxígeno es diferente de un enlace de carbono a hidrógeno, y un gran estiramiento se comporta de manera diferente a una pequeña curva. Las posibilidades y utilidad de este descubrimiento la llevaron a escribir manuales sobre cómo usar el espectroscopio.

Técnica de disco ‘KBr

Pero los métodos con que trabajaba le resultaban imprecisos. Detectaba demasiadas interferencias en los espectros resultantes, para observar con claridad los tramos y las curvas. Para resolver ese problema, desarrolló la técnica de disco ‘KBr (bromuro de potasio). Mezcló muestras del químico que estaba estudiando con bromuro de potasio KBr y las comprimió en un pequeño disco. El bromuro de potasio no interfiere con la luz infrarroja y puede fusionarse eficazmente.  “No hubo interferencias, hubo menores pérdidas por dispersión, mayor resolución de los espectros, mejor control de la concentración y homogeneidad de la muestra, facilidad para examinar muestras pequeñas, posibilidad de almacenar muestras para estudios posteriores…” La técnica de Miriam mostró su superioridad, respecto al método empleado hasta entonces con aceite.

Su extenso trabajo en espectroscopía le proporcionó cierto reconocimiento internacional. En 1951, la universidad de la Sorbona en París la invitó para dar una conferencia.  Era la segunda conferencia que impartía una mujer, tras Marie Curie, madre de la física moderna. La revista científica Nature publicó sus investigaciones sobre los rayos ultravioletas,  y sus estudios sobre cromatología y sobre el origen de las células cancerosas.  Desde entonces, sus trabajos aparecieron con frecuencia en distintas publicaciones científicas.

Se relacionó con los científicos de todo el mundo que estudiaban en su universidad, viajó a la Unión Soviética, y, como profesora y científica, apoyó los derechos de la mujer y los avances en salud.

Entre el convento y el laboratorio

Miriam desarrolló su vida entre el convento y la Universidad de Siena Heights, donde tenía su laboratorio.  Fusionó con toda naturalidad su identidad como monja católica y como científica. Dedicó su vida a la ciencia para acercarse más a Dios y al hombre. La hermana y discípula Sharon Weber escribió: “Miriam era una apasionada de la ciencia como medio para descubrir la verdad.  El espíritu dominicano de búsqueda de la verdad fue un valor muy importante  para ella.  Si descubrimos la verdad, podremos llegar a conocer la verdadera naturaleza de Dios”.  Por su parte, la hermana Mary Beaubien afirmó: “Además de una científica brillante, era  una persona volcada en los demás. Cuando su madre y su tía se hicieron mayores, se ocupó de ellas”.

Estructura del ADN

Sus descubrimientos están entre los más importantes del siglo XX. Facilitó conocer la estructura del ADN y del cáncer, explicó la relación entre las células y las instrucciones químicas, y brindó a los futuros científicos un método preciso para investigar.

“Hasta que no conocieron la doble hélice del ADN, los científicos no entendieron las raíces genéticas del cáncer y no pudieron desarrollar métodos eficaces de tratamiento”, explica el biólogo Jun Tsuji, uno de sus discípulos, en el libro “The Soul of DNA (El alma del ADN),  obra en la que narra la historia de la hermana Miriam Stimson, “desbloqueadora del código genético”.

Aunque ya desde joven  fue un referente y aunque sus contribuciones tuvieron un profundo impacto en los avances científicos de la genética, nunca recibió reconocimiento alguno. Watson, Crick y Maurice Wilkins fueron condecorados  con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962 “por sus descubrimientos acerca de la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de información en la materia viva”.  Para ella, nada. Su condición de mujer y monja la hicieron ser relegada y poco valorada. Lo mismo ocurrió con Rosalind Franklin, quien retrató la estructura helicoidal del ADN, en su Fotografía 51.

“La magnitud de la hermana Miriam fue hacerse un hueco importante como mujer y como monja en la comunidad científica, en una década, la de los 50, dominada completamente por hombres. Fue uno de los primeros científicos que probó el modelo de la doble hélice del ADN. Su método y su química con el ADN siguen vigentes hoy”, afirma Jun Tsuji.

En 2002, murió de un derrame cerebral, dentro de su convento. Tenía  88 años. En vida nunca recibió ningún tipo de homenaje ni reconocimiento.

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