No sé si será porque que me hago mayor o porque mis ojos ya ven el mundo con el tamiz de lo vivido, pero tengo que reconocer que he hecho mío ese mantra que solía repetir mi madre, y que a mí tanto me repateaba, cuando observaba que las cosas, en su opinión, se producían de forma contraria a la lógica, al buen hacer, al orden normal y establecido. Esa frase de “el mundo al revés”.
Pero como soy una persona que me planteo todo mucho, quizá demasiado, a veces incluso convierto en complicado lo sencillo, a lo mejor es que ahora tiene que ser así y ya no hay vuelta de hoja, ni nadie capaz de darle la vuelta. No lo sé.
Pero me parece que el mundo está al revés en muchas cosas. Ejemplos, cientos. Hay elecciones al Parlamento Europeo y se presentan una serie de grupos calificados como euroescépticos que lo que quieren es, como mínimo, salirse del sistema y como máximo dinamitarlo, y no hay ningún problema. Observo personas, pertenecientes a todas las ideologías y a todos los partidos que, con tal de hacerse con el poder, utilizan todas los resortes y vías de escape que ofrece el sistema, y luego, sin despeinarse, como si ellos no hubieran estado involucrados en nada, como si con ellos no fuera la cosa, ponen el grito en el cielo cuando los demás hacen cosas parecidas. Personas que han jurado y perjurado que nunca harán tal cosa o tal otra y, sin solución de continuidad, la hacen y además defienden que siempre mantuvieron eso.
Personas, que durante años han colaborado, trabajado, convivido con mujeres y nunca las han promocionado y valorado, como se merecían, y ahora, como eso les sirve para medrar, son los primeros que se envuelven en la bandera de defensa y promoción de la mujer, llegando incluso a pelearse unos con otros para liderar un movimiento que realmente no les corresponde, arrogándose facultades y virtudes que nunca tuvieron. Sin sonrojarse y sacando más y más partido de ello.
Personas que, manteniendo una pose totalmente fingida, pero tan prolongada y convincente que acaban creyéndosela, nos acaban convenciendo de que todo lo hacen por otros, cuando en realidad en lo único que están pensando es en ellos mismos.
Personas que hacen causas generales de lo que a ellos les gusta o les disgusta, utilizando y amparándolo en valores supremos como la igualdad, la tolerancia, la justicia, la verdad … para, con ello, imponer el pensamiento único.
Personas, tan jóvenes y tan inexpertas, como son las que han vivido solo unos pocos años, que incapaces de valorar todo lo que puede suponer un fracaso en su empeño, se muestran seguras y dispuestas para dirigir los destinos de mucha gente, y acaban creyéndose que ellos son la sabia nueva, los que van a cambiar las cosas, los que realmente van a hacer lo que corresponde, con unas pretensiones impropias de la poca edad y experiencia que tienen para ello, pero alimentados en su ego por aquellos que les interesa tener a esa gente ahí para luego manejarles a su antojo
En fin, tantas cosas, que no hay por dónde cogerlas. Cuanto más vueltas le doy más me lío en el marasmo de ese cúmulo de despropósitos y cosas impostadas que se acaban implantando e imponiendo como lo adecuado, lógico, normal y justo. De tal manera, que me llego a plantear si realmente estoy viendo lo que no es.
Pero como existo, suelo pensar y me digo: si se ha invertido el orden establecido y los viejos principios y paradigmas ya no son aplicables a esta nueva era que estamos viviendo ¿Por qué entonces, en tantas ocasiones, y cuando interesa, se apela a lo que se hizo en el pasado?
Alguien como yo piensa que, con tanta información y datos al alcance de nuestra mano, y con esa capacidad que hemos desarrollado, últimamente, los seres humanos de ser verdaderos estrategas en el arte de la confusión y de la autopromoción, una de las mayores habilidades que se observan en casi todos los presuntos “líderes”, en muchas de las esferas de la vida, es que nos acaban haciendo creer que lo que quieren ellos, es lo que queremos nosotros y se acaba confundiendo nuestra idea con su idea. Acabamos abrazando y defendiendo, lo que a ellos les interesa, con uñas y dientes.
No sé, no sé. ¿Estamos realmente en un mundo al revés o supone lo mismo que el mundo esté al derecho o al revés? ¿No será que no nos hemos dado cuenta y ahora tiene el mismo significado so que arre?

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